La OPEP ya no es el ariete del Sur

Por Humberto Márquez.- Al cumplir medio siglo, la OPEP mantiene su contribución regular al mercado petrolero pero ya no decide los precios, no controla la palanca energética de la economía global, ni su política guía al Sur en desarrollo.

La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) fue fundada el 14 de septiembre de 1960 en Bagdad por Arabia Saudita, Irán, Iraq, Kuwait y Venezuela. Actualmente también son socios Angola, Argelia, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Libia, Nigeria y Qatar. Durante varios años lo fueron Gabón e Indonesia.

Varias veces a lo largo de su historia, la OPEP brilló como vanguardia económica del llamado Tercer Mundo, sirvió de ejemplo a productores de otras materias primas y frente al Norte industrializado impulsó un Nuevo Orden Económico Internacional.

“Pero la economía mundial se mueve ahora en otra dirección, el petróleo cada vez pierde más importancia dentro de la matriz energética global y los países de la OPEP se conforman con sostenibilidad para sus ingresos”, observó a IPS el experto Elie Habalián, ex gobernador de Venezuela ante esa organización.

Habalián distingue tres períodos en la OPEP, el primero de los cuales va desde la fundación hasta 1973-1974.

Durante aquel periodo “surge este club de productores que por primera vez enfrenta el cártel de las Siete Hermanas (cinco trasnacionales estadounidenses y dos europeas), enseñoreado del mercado energético en el mudo desde 1928”.

Los estados de la OPEP, que hasta entonces se habían enfrentado individualmente con las “hermanas” del capital petrolero, encontraron nuevas energías para tratar de arrancar a las trasnacionales de la industria la mayor cantidad de renta posible.

En el bienio 1973-1974 se registraron la guerra árabe-israelí de Ramadán o Yom Kippur, el embargo petrolero “a Occidente” por parte de productores árabes y la cuadruplicación de los precios internacionales del crudo.

En la OPEP se aprovechó esa conjunción de factores para estatizar la mayor parte de las compañías que operaban en sus países y hacerse con una mayor porción del negocio basado en su recurso natural y no renovable.

De la mano del entonces secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, Henry Kissinger, los países industrializados crearon la Agencia Internacional de Energía (AIE) y establecieron reservas estratégicas para no volver a padecer bajo un embargo.

“Allí comienza una nueva etapa, en la cual los países de la OPEP no van a confrontar fundamentalmente con las corporaciones sino con los países consumidores, nuevos luchadores porque los precios se depriman “, comentó el experto venezolano.

Su objetivo consistía en “entregar la menor renta posible a los productores, como hicieron los industriales con los terratenientes en etapas fundacionales del capitalismo”, añadió.

Al despuntar ese período Estados Unidos pierde la guerra de Vietnam, la OPEP efectúa en Argel su primera cumbre de soberanos y jefes de Estado, y cobra fuerza la idea de un diálogo en busca del llamado Nuevo Orden Económico Internacional.

El Diálogo Norte-Sur reunió en París entre febrero y junio de 1977 a países industrializados, de la OPEP y otros en vías de desarrollo, para discutir la seguridad energética global, la deuda del Tercer Mundo y la inflación con envilecimiento de precios, que castigaba a los productores de materias primas en el Sur.

Ese diálogo fracasó y el pulso AIE-OPEP continuó con consignas como “poner de rodillas a la OPEP”, del entonces presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989).

Mientras, la OPEP era la fijadora de los precios del crudo y los principales consumidores acudían a nuevas fuentes de energía y promovían políticas para reducir su dependencia de los hidrocarburos.

Los precios comenzaron a derrumbarse en 1986 y se inició la que Habalián considera la tercera etapa en la vida de la OPEP, marcada por “la pérdida de la capacidad de la Organización para establecer los precios, a pesar de intervenir con más o menos producción, abriendo o cerrando sus grifos”.

En esta etapa, que prosigue actualmente, “la participación del petróleo en la matriz energética global retrocede -aunque se mantiene como principalísima en el transporte- ante el carbón, el gas natural, la hidroelectricidad y otras fuentes renovables de energía”, sostiene Habalián.

El experto anticipa que en la tercera década de este siglo “la participación del petróleo en la matriz energética global será de un 30 por ciento, otro tanto del carbón y el resto se cubrirá con otras fuentes de energía”.

La contraposición entre grandes productores y consumidores de energía ha dado paso a la establecida entre las potencias económicas tradicionales y las emergentes, pero según Habalián “montadas todas en un proyecto global convergente como lo expresa la conformación del Grupo de los 20 (de países industriales antiguos y nuevos)”.

Cuando la OPEP avanzaba, en el último tercio del siglo XX, surgieron entre productores de otras materias primas iniciativas para emularla, pero ninguna logró semejarse en fuerza o influencia.

Eso se debe a que la energía, y en particular el petróleo, es el “bien de bienes”, indispensable para la producción moderna como no lo es otra materia prima.

Habalián destaca que también han declinado en la OPEP los “regímenes contestatarios” ante Occidente, como lo fueron el de Iraq, Libia o Argelia.

Irán o Venezuela tienen actualmente un discurso frente a lo que definen como “el imperio”, pero no desarrollan políticas efectivas para torcer el rumbo seguido por los viejos y nuevos centros de poder económico global.

En el terreno de la cooperación con el Sur netamente importador de hidrocarburos y pobre, la Organización presenta uno de sus resultados más magros, después que en 1976 se estableció con grandes expectativas el Fondo OPEP de Cooperación Internacional.

Pero durante las tres décadas y media transcurrida movilizó menos de 8.000 millones de dólares hacia 125 países del Sur y en este año en que la OPEP cumple sus 50 años, los socios están renuentes a recapitalizar el fondo con otros 1.000 millones.(FIN/2010)

IPS

OPEP, 50 años de altibajos regulando el mercado petrolero

Por Gonzalo Ortiz.- Medio siglo después de la creación de la OPEP, el mundo es muy distinto gracias, en parte, a la actividad de esta primera organización explícitamente formada en el Sur para defender un producto de exportación.

Cuando se fundó la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), el barril de crudo de 159 litros apenas se cotizaba a un dólar y los estados productores tenían muy poco margen para negociar.

Quienes decidían la producción, transporte y refinación del petróleo eran las llamadas entonces “siete hermanas”, las compañías más grandes que descansaban fuertemente en la protección de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Con sede en Estados Unidos eran Standard Oil of New Jersey (Esso) y Standard Oil of New York, que luego conformaron ExxonMobil, Standard Oil of California, luego conocida como Chevron, Texas Oil Company (Texaco) y Gulf Oil, que sucesivas fusiones y absorciones de las tres dieron paso a la hoy llamada Chevron Corporation.

A ellas se sumaban la angloholandesa Royal Dutch Shell y la inglesa British Petroleum (BP).

Eso empezó a cambiar en Bagdad el 14 de septiembre de 1960, cuando por iniciativa de los ministros de petróleo Juan Pablo Pérez Alfonzo, de Venezuela, y Abdulah al Tariki, de Arabia Saudita, y el agregado de Irán, Iraq y Kuwait, se creó oficialmente la OPEP.

En la actualidad conforman el bloque Angola, Arabia Saudita, Argelia, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Iraq, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar y Venezuela. Entre 1975 y 1995 también fue parte Gabón, mientras que Indonesia entre 1962 y 2009.

Fue importante que la OPEP decidiera incorporar en los años 80 a otros países exportadores de crudo en calidad de observadores. Hoy detentan esa calidad y coordinan con la OPEP, Egipto, Sudán, Kazajstán, México, Noruega, Omán y Rusia.

El barril sigue siendo la medida que se mantiene desde el siglo XIX, cuando el petróleo se transportaba en ese recipiente y que equivale a 159 litros, pero ya no se cotiza a un dólar sino que este lunes se negociaba a 75,61 dólares a la apertura del mercado de Nueva York.

Las firmas petroleras privadas son hoy mucho más numerosas y algunas se han convertido en supergigantes, como ExxonMobil y Chevron,pero ya no tienen la voz cantante.

No sólo que algunas, como Gulf, Amoco, Arco y decenas más, simplemente han desaparecido, sino que ahora, y esto en buena parte por la existencia de la OPEP, son los países y las empresas estatales quienes tienen el mayor peso en el mercado.

En efecto, 15 de las 20 firmas más grandes del mundo son estatales y junto con los gobiernos controlan, según fuentes consultadas por IPS, 80 por ciento de petróleo del mundo.

El principal papel que ha jugado la OPEP es el de regulador de los precios del mercado.

René Ortiz, el único ecuatoriano que ha sido secretario general de la OPEP (1979-1981), en entrevista exclusiva con IPS enfatizó que los fundadores del grupo estaban convencidos de que solamente la unión de los estados exportadores serviría para valorizar más este recurso natural no renovable.

Los años 60 fueron de trabajo discreto y de poner las bases del organismo. Por eso, en los 70, cuando cambió el mercado, la OPEP aprovechó el momento, decidiendo unilateralmente triplicar el precio y se convirtió de pronto en un referente mundial.

La economista Norma de los Reyes, la primera ecuatoriana en trabajar en la OPEP, incluso antes de que el país empezara a exportar, señaló a IPS que “en verdad fueron las dos grandes crisis petroleras de esa última década las que cambiaron el mercado”.

Se refería a la guerra árabe-israelí de 1974 y a la revolución iraní y el ascenso al poder del ayatolá Ruholá Jomeini en 1979. “Los precios del petróleo ecuatoriano saltaron de un dólar al iniciar las exportaciones en 1972 a 14 dólares en 1975, y a 25 dólares por barril al cerrar la década”, recordó.

“Cuando fui secretario general se cumplieron 20 años de la OPEP. Pero en ese año 1980 sucedieron dos cosas importantes y contradictorias: la formulación de la estrategia de largo plazo de la OPEP y el inicio de la guerra entre Iraq e Irán, que duró 10 años y produjo un millón de muertos”, dijo Ortiz.

“La OPEP enfrentó una década muy difícil. La credibilidad del organismo se fue a pique por la guerra entre dos importantes miembros de la organización”. A ello se juntó el incumplimiento de las cuotas (la OPEP producía cuatro millones de barriles más que la cuota fijada en 28 millones) y la entrada del petróleo del Mar del Norte.

“Inglaterra con cinco millones de barriles diarios y Noruega con tres millones, rompieron el mercado, y el precio se derrumbó a menos de ocho dólares el barril”, dijo Ortiz.

El compromiso entre los países de la OPEP y la coordinación con los otros exportadores solo empezó a dar sus frutos a inicios de los años 90.

“La diplomacia petrolera se consolidó, produciendo un fenómeno de gran interés: la coincidencia de los exportadores OPEP y no OPEP sobre el rango en que debían fluctuar los precios. Este era entre 22 y 28 dólares el barril, lo que se mantuvo durante algunos años”, añadió Ortiz.

Sin embargo, la tecnología permitió perforaciones más profundas en tierra y costa afuera y el precio volvió a hundirse. “No debe olvidarse que a fines del siglo XX el precio del crudo estaba a 10 dólares el barril, y se pensaba que los consumidores supuestamente iban gozar para siempre de petróleo barato”, comentó De los Reyes.

Pero nuevos factores habrían de influir para llevar al crudo a un récord histórico. China, que aún era un país exportador a comienzos de los 90, pasó a convertirse en importador neto y cada vez de mayores cantidades. La demanda creció también en India y en otros mercados emergentes.

Por otra parte, los fondos de pensión y los inversionistas institucionales se convirtieron en actores del mercado petrolero, desdoblando al petróleo en dos realidades: producto físico y activo financiero, recordó De los Reyes.

Hoy el comercio diario de los futuros de petróleo, unos verdaderos “barriles de papel” que se transan en las bolsas, equivale a más de 30 veces el consumo diario de barriles físicos de petróleo en el mundo, mencionó.

“Junto con la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos se produjo la burbuja petrolera. Ambas, basadas en la especulación, reventaron de forma parecida”, describió René Ortiz.

En efecto, el 11 de julio de 2008, el barril West Texas Intermediate (WTI), marcador del petróleo de Estados Unidos, llegó a 147,27 dólares el barril, pero para diciembre de ese año cayó a 32,40 dólares. En julio de 2009 el barril de WTI estaba en 59,87 dólares y hoy se halla fluctuando entre 65 y 75 dólares.

“La OPEP controlaba 47 por ciento de la oferta de crudo en 1960, mientras que hoy sólo lo hace con 30 por ciento, pero con los demás países exportadores sigue jugando un papel regulador de los precios”, concluyó Ortiz.

“A la OPEP no le interesan ni la especulación ni la explotación. Incluso con las mejoras en la eficiencia, el uso mundial de energía aumentará casi 50 por ciento hasta 2030, y para esa fecha el petróleo seguirá proporcionando 30 por ciento o más de la energía mundial”, estimó, por su parte, De los Reyes.(FIN/2010)

IPS