“Recuperemos nuestros recursos naturales”

María Estrella Zúñiga (especial para ARGENPRESS.info)
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“No, aire,
No te vendas,
Que no te canalicen,
Que no te entuben,
Que no te encajen
Ni te compriman,
Que no te hagan tabletas,
Que no te metan en una botella,
Cuidado!
Llámame cuando me necesites.”
(Extracto del Poema “Oda al Aire”, de Pablo Neruda)

El libro de Eduardo Galeano “Las Venas Abiertas de América Latina” muestra la otra cara de lo que a nosotros nos enseñaron en la escuela.

Nos enseñaron que Cristóbal Colón y sus sucesores fueron los “héroes”, que nos inculcaron la civilización, y, si no hubiese sido por ellos, hoy estaríamos viviendo en las chozas de algún pueblo, muy cerca de lo que los españoles llamarían barbarie.

Sin embargo, desde que los europeos pisaron nuestras tierras, sólo había una intención: “enriquecerse ellos a costa de todo”, incluso de los indios, llamados así desde un primer momento, por la confusión de Don Cristóbal, de creer que había llegado a alguna de las islas de Asia Oriental.

América fue víctima de la colonización y de la conquista europea.

Hoy, lo sigue siendo, pero con otros matices.

En el comienzo de esta historia, las armas fueron la llave para dominar el territorio americano, y una sola cosa marcó la diferencia entre unos y otros: “la pólvora”, desconocida por los nativos americanos.

Los nuevos exploradores avanzaron sobre lo que encontraban en busca de plata y oro.

Y eso fue lo que encontraron en Potosí, en la actual Bolivia, y en Zacatecas y Guanajuato, hoy territorio mexicano.

La ciudad de Potosí fue la cabecera de toda Sudamérica por largo tiempo y llegó a tener más cantidad de habitantes que Sevilla, Madrid, París y la misma cantidad que Londres. Simplemente exterminaron estas minas.

Y fue tanto el afán por la plata, que a los colonizadores no les preocupaba tener que comer ratas, gatos y perros, porque no había quien cultivase las tierras, ya que la mayoría de los esclavos trabajaban en las minas hasta más allá del cansancio.

Se llevaban la plata rumbo a España, pero no se quedaba allí. Esta riqueza pasajera, hacía una parada, en la Corona española, que estaba hipotecada. Los ingresos que ella obtenía, se convertían en capitales alemanes, franceses, genoveses e ingleses.

El reino español estaba en deudas con los bancos alemanes, y las mismas fueron canceladas con las riquezas que llegaban en barcos desde América Latina.

Los españoles no buscaron solamente metales preciosos, en este gran territorio “descubierto” por ellos en 1492.

Las especias escaseaban en el viejo continente y la caña de azúcar comenzó a adueñarse de las islas caribeñas.

Y no solamente las colonias españolas comenzaron a producir: las holandesas, las inglesas, y francesas no se quedaron atrás a la hora de la cosecha de la dulce plantación.

Las Antillas eran conocidas como “las islas del azúcar”.

Y a ese nombre quedaron sometidas. Todavía hoy son condenadas y siguen padeciendo la desolación y miseria.

En Brasil, la colonia portuguesa, no tenía todos sus intereses puestos en la caña de azúcar: el caucho, asomaba allá, por el sur de la Selva Amazónica, y parecía tener un gran auge en todo el mundo. Sin embargo, muchas plantaciones de azúcar, mucho caucho por extraer, no se podía producir si no había quien las trabajase.

Los indígenas servían como mano de obra barata y abundante.

Y de a poco, fueron apareciendo, de contrabando, africanos esclavos, que serían también los propulsores del desarrollo europeo.

Y así fue que, ese progreso tuvo un lugar: Inglaterra, convirtiéndose en una gran potencia, donde se produjo la primera Revolución Industrial: mucha materia prima, proveniente del nuevo continente, hacía que la isla produjese a cantidades mayores, pero con una falencia: crecía su producción, pero los compradores seguían siendo los mismos, es más, comenzaron a escasear.

Y, como nos dice Galeano, “a alguna cabecita británica se le ocurrió una gran idea: asalariar a los esclavos, con el objetivo de que éstos tengan su propio dinero y puedan comprar los productos “Made in England” (1).

De esta manera, la primera ley brasileña se promueve gracias a los ingleses, y consistió en pasar a los esclavos a obreros pagos.

Qué paradoja, los mismos que incentivaron el contrabando de esclavos, un siglo después lo criticaban.

De esta manera, los latinoamericanos, desde nuestros orígenes, parece que fuimos “culpables”, no de ser latinos y americanos, sino de contar con tierras ricas en materias primas.

Y así ha sido hasta hoy.

Claro que la exploración y explotación de los recursos naturales adquieren hoy otras sutilezas, que han contado desde tiempos inmemoriales, con la complicidad de las oligarquías de los territorios, a quienes los propios europeos pusieron fronteras y límites.

Recordemos que en principio, los europeos no contaban más que con la autorización y los límites que se había auto otorgado a través del “Tratado de Tordesillas”. (2).

Hoy, el Tratado de Tordesillas parece un chasco, frente a los llamados “Tratados de Libre Comercio, acuerdos de asociación económica, Acuerdos de Complementación Económica (ACE) y los acuerdos de alcance parcial”(3), que suscriben los oligarcas, y que permiten, no sólo la extracción de ciertas y determinadas materias primas, sino que el “adueñarse” del suelo, subsuelo y de la roca madre, donde se radican minerales que alimentan el suelo y el subsuelo, como hidrocarburos, materias orgánicas, especialmente vegetal, y desde donde fluyen las aguas terrestres, y que sirve de catalizador y fermento a toda la vida humana, vegetal y animal que sobrevive en ellas, por cuanto, con estos nuevos instrumentos, se vulneran no sólo los derechos fundamentales de los trabajadores, mediante la contratación de mano de obra barata sin protección sindical efectiva, sino de las comunidades en general.

Tan grave es el menoscabo de nuestros recursos naturales hoy, que alcanza al más preciado bien de la humanidad toda, como lo es el Agua.

El Código de aguas actualmente vigente en Chile, desde el 13 de agosto de 1981, no define el concepto de “Agua” (Notable omisión de la Junta Militar, Poder Legislativo de la época), pero se extiende latamente a tratarlo como un bien mercantil, transable y de propiedad privada, a través del denominado derecho de aprovechamiento, del cual han hecho uso y abuso importantes sectores extractivos, especialmente ligados a la minería, a las industrias hidroeléctricas, forestales y pesqueras.

Patética resulta, la mera lectura de la norma contenida en el artículo 56 del referido Código, que sanciona: “Cualquiera puede cavar en suelo propio pozos para las bebidas y usos domésticos, aunque de ello resulte menoscabarse el agua de que se alimente algún otro pozo…….

Corresponde a los dueños de pertenencias mineras, dentro de ellas, el derecho de aprovechamiento de las aguas halladas en sus labores, mientras conserven el dominio de sus pertenencias y en la medida necesaria para la respectiva explotación” (4).

Ardua ha sido la batalla que han lidiado organizaciones medio ambientales en estas materias, atendida la escasez que presenta hoy este vital elemento, para el uso y consumo humano, y la vida en general, a través de acciones de todo tipo, incluyendo la aventura judicial.

Tan grave es la situación de este recurso en Chile, que se ha insistido permanentemente en la derogación de este Código de la dictadura, y la elaboración de un nuevo texto, que reconozca el concepto de “agua” y lo dote de protección social real y efectiva, y entregue los mecanismos necesarios para la vida sustentable del ser humano y el medio ambiente, por sobre la devoracion mercantil.

América hoy, todavía paga todas estas agresiones, y resulta un tanto complicado pensar un continente libre política, social y económicamente.

Luego de las respectivas “independencias” del Siglo XIX, los gobiernos de turno pensaron solamente en sus bolsillos y afanes personales, y no han contribuido con el sueño de todo latinoamericano (salvo honrosas excepciones), y los que pudieron hacer algo, fueron derrocados por juntas militares, y éstas incrementaron las deudas externas, haciendo de las economías nacionales muy vulnerables y dejando como resultado democracias débiles y Estados dependientes de todo tipo de potencias, ayer europeas, hoy estadounidenses.

En fin, se resume en pocas palabras: Cinco siglos igual!

En Chile, la consolidación del modelo de desarrollo se basa hoy, principalmente, en la industria extractiva de recursos naturales para la exportación, lo que ha significado fuertes impactos sobre las comunidades y los ecosistemas.

Los ejes del sector exportador (minero, pesquero, agrícola y forestal) han provocado problemas de contaminación y degradación de los recursos en todas las regiones del país, afectando los ecosistemas, la salud y la calidad de vida de las personas, vulnerando sus derechos de acceso a recursos básicos para una vida digna, y la vida y salud de los trabajadores y sus familias.

Estos problemas resultan agravados por la deficiente fiscalización de las actividades industriales y sus impactos; por el retraso de políticas públicas orientadas a la protección del medio ambiente, y la falta de voluntad política para enfrentar y resolver estos problemas.

Las políticas gubernamentales han priorizado la explotación y comercialización de recursos naturales para cumplir con metas de crecimiento macroeconómico, más que la industrialización interna y el bienestar de la población y su entorno.

Los acuerdos de integración económica, han incentivado la expansión de las industrias extractivas y el uso intensivo de recursos naturales, agudizando la gravedad de los conflictos con la población y con otras actividades económicas locales, en todos los sectores del modelo exportador.

La concentración de los beneficios de este modelo en un sector muy reducido de la población, ha generado problemas persistentes de inequidad, injusticia social y ambiental, y conflictos entre sectores productivos.

Por otro lado, la industria de commodities no genera gran cantidad de puestos de trabajo (el 80% de los empleos del país se concentra en la pequeña y mediana empresa), y su carga impositiva, especialmente en minería y pesca, es ínfima en relación a las ganancias que perciben.

Otro ejemplo de culto merece la situación de nuestra riqueza madre: “el cobre”, en que desde 1990, más del 70 % de su extracción, está en manos de trasnacionales, que lo sustrae a raudales, sin refinar, y arrasando con todo otro mineral adicionado. La empresa estatal sólo explota un 30 % del rico mineral, y aun así, sigue constituyendo lo que se ha denominado: “El sueldo de Chile”, y aún cuando, sobre sus utilidades, un 10 % es entregado al control de las Fuerzas Armadas…

Como nos señala Don Armando Uribe, en el Prólogo del libro de Julián Alcayaga denominado “Manual del Defensor del Cobre”: “Quienes mandan en Chile-específicamente desde 1990, a partir del cual realizaron las más grandes inversiones de trasnacionales extranjeras en cobre, aprovechando leyes de la dictadura y también agregando otras antinacionales- no creen que Chile es un país viable y que es para siempre. Consideran que debe depender del extranjero y en particular de la híper-potencia: EEUU”. (5).

El esquema utilizado, a más de resultar ambientalmente insustentable, resulta socialmente inaceptable, por favorecer la concentración de la riqueza en sectores muy reducidos de la población.

Esta situación ha sido denunciada reiteradamente por las fuerzas vivas de la sociedad, visibilizando los problemas y efectuando propuestas de desarrollo sustentable.

Hasta hoy, nos enfrentamos con políticas sordas en estas materias.

Seguir perseverando en la visibilización de estos conflictos es tarea de todos.

La recuperación de bienes básicos para todas las especies vivas de una comunidad es una tarea imprescindible y de grande urgencia.

De lo contrario, nuestro territorio y la vida que se sustenta en él, estarán condenados a su extinción, a una muerte lenta y paulatina.

María Estrella Zúñiga es abogada Laboral.

Nota:
1) Basado en la obra “Las Venas Abiertas de América Latina”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano.
2) El Tratado de Tordesillas fue el compromiso suscrito en la localidad de Tordesillas -actualmente situada en la provincia de Valladolid, en España-, el 7 de junio de 1494, 1 entre los representantes de Isabel y Fernando, reyes de Castilla y de Aragón, por una parte, y los del rey Juan II de Portugal, por la otra, en virtud del cual se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista del Océano Atlántico y del Nuevo Mundo mediante un meridiano situado 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde a fin de evitar conflictos de intereses entre la Monarquía Hispánica y el reino de Portugal.
3) Desde fines de la década de 1990, Chile se ha adherido a una serie de tratados de libre comercio (TLC) con países tanto de Latinoamérica como del resto del mundo, destacando entre ellos los firmados con las principales economías del mundo: Estados Unidos, China y la Unión Europea. A la fecha a través de los tratados de comercio firmados, Chile actualmente posee libre acceso a los principales mercados en el mundo, alcanzando más de 4.200 millones de personas distribuidas en los cinco continentes. Hasta la fecha se han suscrito 22 acuerdos comerciales con 60 países. Lo anterior es, sin perjuicio de los acuerdos de asociación económica -que apuntan hacia la apertura arancelaria y permiten acuerdos en materias no comerciales- existen también otros tipos de tratados en materia de comercio, como los Acuerdos de Complementación Económica (ACE), y los acuerdos de alcance parcial.
4) Código de Aguas de Chile (1981); 5.-Prólogo de libro de Julián Alcayaga denominado “Manual del Defensor del Cobre”.

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