Petrobras más brasileña que nunca

El Senado aprobó un nuevo marco jurídico de Petrobras que permitirá al Estado, mediante la compra de acciones, recuperar el control financiero de la compañía. El marketing combina el discurso de Dilma con energía y pasión futbolera

Por Darío Pignotti
Desde Brasilia
Con el himno nacional como plano de fondo, la última publicidad de Petrobras muestra a un grupo de hinchas agitando banderitas de papel con los colores de la selección brasileña de fútbol en una estación de servicio. En la propaganda lanzada junto con el inicio del Mundial se cuelan, disimuladamente, el discurso de Dilma Rousseff, cuya candidatura presidencial será proclamada hoy, y el de su padrino, Luiz Inácio Lula da Silva. El marketing verdeamarillo, que mezcla dosis de soberanía energética con pasión futbolera, tuvo un respaldo de peso el jueves pasado, cuando el Senado aprobó el proyecto más caro para la estrategia del gobierno en 2010: el nuevo marco jurídico de Petrobras que permitirá al Estado, mediante la compra de acciones, recuperar el control financiero de la compañía.
Si bien la dirección de la gigante petrolera, valuada en 300 mil millones de dólares (sí, usted leyó correctamente, 300 mil millones de dólares), la ejerce un funcionario designado por el Presidente, su gestión está sujeta a metas de rentabilidad y otras condiciones fijadas por los accionistas, herencia de la privatización parcial aprobada por Fernando Henrique Cardoso. El ex mandatario también autorizó el desembarque de empresas extranjeras en el mercado petrolero local, tras doblegar la mayor huelga de la década del ’90. Otro punto de la ley votada la semana pasada, y que aún debe ser refrendada por Diputados, concede a Petrobras la posesión de los megacampos de crudo descubiertos en 2007 con reservas que bordean los 50.000 millones de barriles y estrecha el margen de acción de las transnacionales.
La iniciativa no espantó a las multinacionales petroleras, que prometen allanarse a la nueva legislación sin chistar, y mucho menos al mercado financiero, donde se valorizaron los papeles de Petrobras. Sucede que Lula ya dio pruebas incontestables de su fe en la economía de mercado, aventando el fantasma de la expropiación o una reestatización de Petrobras, donde el maná está garantizado por la participación de accionistas privados. Para que no resten dudas de la armoniosa convivencia entre el gobierno y el capital financiero, pocas horas antes de que el Senado votara la nueva ley, el Banco Central llevó las tasas de interés al 10,25%, haciendo de Brasil el paraíso especulativo más rentable del mundo. Pero lo cierto es que, a cuatro meses de las presidenciales, quiere decir en el minuto uno de la campaña electoral que Lula anotó un gol que ensancha las expectativas de su compañera Rousseff, quien como ex ministra de Gobierno ha declarado ser una “nacionalista” que si vence dará “continuidad” al legado de Lula. El mandatario, con una popularidad superior al 80%, ha subordinado cada medida de gobierno a la carrera presidencia de Rousseff. “Es obvio que prefiero que la candidata que apoyo gane las elecciones” más que que la selección se corone campeona, confesó Lula, quien se definió como un “torcedor apasionado” que viajará a Sudáfrica para asistir al fin de Mundial.
Según sondeos recientes, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Rousseff, viene creciendo a paso sostenido y ya trepó al 37% de intención de voto, igual índice que su rival, José Serra, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB). Ayer Serra oficializó su postulación enfundado en una camiseta de la selección y denunciando a la “patota” del gobierno por haber orquestado una suerte de Watergate a la brasileña, que habría montado una red de espionaje ilegal en su contra.
Pero en el núcleo de su propuesta Serra no plantea antagonismos de fondo con el PT, defendiendo un modelo “desarrollista”, justificando la importancia del Estado y marcando distancia con la gestión de su correligionario Cardoso. Vale sustrarse por un momento de los artificios del marketing electoral y la retórica futbolística, tanto del PT como del PSDB, y observar la evolución ideológica de la sociedad brasileña, que luego de haber avalado, con mayor o menor pasividad, el vademécum neoliberal, ahora recela de él, o por lo menos de algunos de sus principios.
Encuestas cualitativas muestran un mayoritario rechazo del electorado a las privatizaciones y valorización del rol del Estado. Es una tendencia detectada desde la campaña de 2006, cuando se observó el impacto favorable recogido por Lula, cuando de overol anaranjado alabó el autoabastecimiento petrolero alcanzado por Petrobras. Con un overol similar, Rousseff discurseó la semana pasada en el sindicato de los petroleros.
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