Importación de gas: suben los costos y pagarían los usuarios

Mientras trata de minimizar los problemas que afectan a las grandes industrias que no están recibiendo el combustible que necesitan para producir, el Gobierno busca salvar como sea el proyecto para instalar un nuevo buque regasificador de GNL (gas natural licuado) en la costa bonaerense de Escobar

Por Antonio Rossi

De cara al invierno de 2011 y con el doble fin de atender la mayor demanda interna y evitar cortes de suministro a las industrias en los meses previos a las elecciones, la administración kirchnerista decidió apostar nuevamente a la importación de gas por barco.

Tras copiar la receta aplicada en 2008 en Bahía Blanca, el Ministerio de Planificación puso en marcha a principios de este año el segundo proyecto de regasificación de GNL que demandará una inversión inicial de US$ 150 millones.

Adjudicada en forma directa a la estatal Enarsa y la petrolera YPF, la iniciativa -que apunta a proveer entre 10 y 15 millones de metros cúbicos de gas en invierno- se ha topado con una serie de problemas operativos y logísticos. Producto del apuro y de la improvisación con que se manejó el tema, ahora los técnicos responsables del proyecto tienen que resolver dos cuestiones clave que no se tuvieron en cuenta en los estudios previos.
El primer escollo gira en torno del buque regasificador que tiene 290 metros de eslora. Según las normas vigentes, los barcos más grandes que están autorizados a operar en el Paraná de las Palmas sólo pueden tener un máximo de 230 metros de largo.
Para superar esa limitación técnica, ahora los funcionarios le piden a Prefectura que dicte una “ordenanza marítima” de excepción para permitir el ingreso del buque a la zona costera de Escobar.

El segundo escollo es el calado del canal de navegación que no permite la entrada de los grandes buques metaneros que deben traer las cargas de GNL. Para poder ingresar con las bodegas completas, los metaneros necesitan 42 pies de calado. Pero, la vía navegable sólo cuenta con 38 pies de profundidad que no se pueden ampliar por la gran cantidad de sedimentos que tiene el lecho del río.
Ante esta situación, los responsables del proyecto tienen que definir cual de las tres variantes de emergencia es más conveniente:

La primera opción consiste en traspasar la carga de 140.000 metros cúbicos de los metaneros grandes a dos buques más chicos de 70.000 metros cúbicos cada uno en la denominada zona “Charly” que se encuentra en el límite exterior del Río de la Plata. Las pruebas de simulación de esta alternativa no fueron alentadoras debido a la gran inestabilidad que se registra en esa zona del río.

La segunda variante sería repartir la carga de los metaneros entre Bahía Blanca y Escobar. Los barcos irían al puerto bahiense para dejar el 50% del GNL y luego pasarían por Escobar para bajar la otra mitad de la carga. En este caso, la traba más complicada son los tiempos de operación de los barcos. En Bahía Blanca serían sólo 8 horas de maniobras, pero en Escobar no bajaría de 36 horas por el tráfico de barcos que hay en la zona y las complicaciones técnicas del lugar.

La tercera alternativa contempla contratar directamente dos buques chicos para que operen en forma permanente entre Trinidad y Tobago -el mercado proveedor de GNL más cercano- y Escobar. Si se aplica, todas las compras tendrían que hacerse a los tres únicos productores de GNL que existen en Trinidad y Tobago: Repsol, Gas Natural y British Gas.

Cualquier salida que se adopte implicará un encarecimiento de los costos de operación del proyecto que terminarán pagando los usuarios con un incremento de las tarifas finales de gas o con más impuestos para cubrir los subsidios que el Gobierno destine a esta nueva y polémica importación de GNL.

Clarín