Revolución del mapa gasista americano

Por Ana Zarzuela (*)- Bolivia reduce reservas a un tercio, 9,7 TCF, insuficientes para una década de compromisos por 44MMmcd con Brasil y Argentina. Con su descubrimiento de ‘shale gas’ Argentina dispondrá en una década de autonomía; desde 2011, Chile y Uruguay pueden importar GNL y venderlo. YPF lidera el descubrimiento de shale gas, gestionará un 25% del gas argentino, la planta de GNL de Bahía Blanca y la de Escobar; puede suministrar desde Trinidad y Perú.

Enroca su consuelo en el ‘laissez faire’. Nada descabalga a Bolivia -promete el vicepresidente García Linera- del epicentro de los hidrocarburos sudamericanos. Con las segundas reservas del continente, daba por hecho su rol de productor preferente. Tenía respaldo de la diplomacia energética caraqueña de Chávez, una punta de lanza en Buenos Aires y dos mercados que consideraba cautivos en Brasil y Argentina. Pero al Gobierno de Evo Morales se le vuelve ya de cara un embudo del gas del que los países vecinos han comenzado a emanciparse, alentados por las convulsiones en todo el subcontinente. Todas pasan por la emergencia del gas no convencional -que en Argentina, con 257 TCF le permitirá la autosuficiencia por 50 años- y por el gas natural licuado (GNL): en la próxima década el Cono Sur triplicará su capacidad y su llave no está en manos de Morales. Argentina ha sellado un acuerdo con Uruguay para comprarle 7 MMmcd de GNL de una planta binacional desde 2011; Quintero le permite a Chile triplicar el volumen que importaba de Argentina desde el próximo año. Hasta Venezuela busca sitio para Pdvsa en el GNL, aún a costa de Bolivia. La estatal boliviana YPFB no tiene cómo superar hoy los 44MMmcd, aunque se comprometió a 30 millones con Brasil, una demanda interna de 9 millones y 7 MMmcd a Argentina. Pero en menos de un trimestre ha pasado de la escasez de reservas -ya sabe que sólo son 7,9 TCF- a la de mercados, ahora que Buenos Aires y Brasilia se plantean rescindir antes de tiempo sus contratos con La Paz. Todos los mapas del ‘terremoto’ americano pasan por Repsol YPF: las dos regasificadoras de Argentina y la mitad de sus importaciones, el suministro que Pdvsa aspira a venderle a Uruguay, Paraguay y Cuba; la nueva planta de Perú con el gas de Camisea y el gas de Trinidad con Gas Natural. Y, desde ahora, lo harán también los del gas no convencional que YPF explotará en la provincia argentina de Neuquén.

Encaja aún desde detrás del cristal de la estatal YPFB (Yacimientos Petrolíferos y Fiscales de Bolivia) una sacudida que penetra los mercados, las reservas y las expectativas de todo el Cono Sur. No es casualidad que la ausencia del presidente de YPFB, Carlos Villegas, hace apenas un mes al Foro Internacional de Gas (FIGAS) en territorio boliviano (Tarija) haya coincidido con el silencio ante la debacle de sus reservas de gas, ahora que el Ejecutivo ha devuelto a la ‘cocina’ el informe que le encargó a Ryder Scout para certificar sus reservas y que apuntaba a menos de 10 TCF (en lugar de las 24,6 con las que selló los acuerdos de YPFB), más cerca de la rebaja que en 2008 le hizo ya Degolyer and Macnauhgton y de las advertencias desde 2005 de Shell y la SEC estadounidense. Tampoco es casual que, apenas un mes después de encajar en silencio las novedades argentinas del gas no convencional y la misma semana en la que el Gobierno de Morales está dispuesto a comprometer 6.000 de los 9.000 millones de dólares de sus reservas internacionales en recuperar los hidrocarburos, llame a capítulo de nuevo a las multinacionales para incrementar el pulso de las inversiones y la exploración.

Traspasa unas líneas rojas que hasta ahora eran cuestión de dignidad nacional para el Gobierno de Morales. Tiene que lanzarse a la ‘buena vecindad’ gasista y tender la mano donde antes mostraba el puño del repudio: por primera vez, dispuesta a exportar a Chile y a Perú. Las nuevas bitácoras del ministro de Hidrocarburos y Energía, Fernando Vincenti, apuntan a aumentar reservas como única solución para hacer músculo y retomar la competencia; en realidad, para estirar unos recursos que, tras el último ‘aterrizaje’ sólo darían para honrar sus compromisos ocho años más, aunque traten de ponerle los apellidos de los dólares ajenos a la estatal YPFB y sepa que British petroleum, YPF, Panamerican, Petrobrás y Total invertirán 1.450 millones en tres años para potenciar el gas de Margarita y Huacaya. Nada que vaya a cambiar el techo de sus expectativas: con los campos pequeños y las reservas de los megayacimientos de San Alberto, Margarita, o San Antonio, se sumarían unos 9,7 TCF.

Es verdad que el anuncio oficial del ministro de Planificación Julio De Vido el 7 de diciembre de que los 257 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas de gas no convencional descubiertos en el megayacimiento de Neuquén permitirán a Argentina quintuplicar sus reservas, estirar su disponibilidad de seis a 50 años, ser autosuficiente (no sólo del GNL, sino del que recibe de Bolivia) y a las empresas vender al doble. Pero será en el medio plazo. Como se apresuran a hacer saber desde La Paz, aún se pueden tardar unos dos años hasta que se comience a exportar más allá de Argentina y quizá una década en su máximo punto de operatividad. Bolivia hace ondear aún el contrato, actualizado en 2010, que le garantiza la venta de una media de7 millones de gas convencional a Argentina y otros a Brasil hasta 2016. Sin embargo, con 47 proyectos de explotación ya identificados y 34 de ellos listos para su comercialización, la cuenta atrás ha empezado y los relojes del ultimátum resuenan en todas las expectativas energéticas de Bolivia. Las propias y las regionales.

SEÍSMO EN TODA LA GEOGRAFÍA GASISTA AMERICANA

Un horizonte al que ahora el gas no convencional le puede dar la vuelta al sur del Río Grande, como lo ha hecho ya desde EE UU, que en menos de tres años y con casi 2 billones de metros cúbicos comprobados de shale gas (un 80% más que en 2008), ha conseguido sitio en el mapa mundial y, por primera vez -para espanto de Sonatrach o Gazprom- se prepara para investirse como exportador. En La Paz empiezan a asumir que Latinoamérica no será ajena al despertar del gas no convencional, como no lo es ya, desde hace dos años, al auge del GNL. Y que, para dolor de cabeza de Evo Morales, lo que el ejecutivo de BP, Tony Hayward bautizó como “revolución silenciosa” del mercado mundial del gas ha comenzado a horadar los muros del hasta ahora reino regional boliviano y de paso, las aspiraciones de Petróleos de Venezuela, que se había hecho fuerte con un acuerdo de venta de fueloil y gasoil para abastecer a las centrales térmicas argentinas a doble precio (1.878 millones desde 2004) del que aún Cristina Fernández no ha podido sacudirse las acusaciones y las denuncias. Además, la falta de certificación de las reservas oficiales bolivianas no ha hecho más que dificultar la licitación y construcción del nuevo gasoducto Bolivia-Argentina, previsto para conducir hasta 27 MMmcd. Ahora que acaba de comenzar la construcción del ducto Juana Azurduy que espera esté viable desde 2011, ya sabe que el Gasoducto del Nordeste (GNEA) sólo podrá financiarse con un fondo fiduciario con aportes de los usuarios de la red de gas natural que la Casa Rosada intenta promover.

Bolivia ha visto cómo se hacían realidad sus deseos de poder. Pero el “diablo está en sus detalles”: el anhelo de reservas suficientes para suplir a Brasil y Argentina y de contratos a mejor precio y menores cantidades con sus dos vecinos se ha dado la vuelta. Ni el incremento en un 12% del volumen exportado a Brasil y Argentina durante los últimos nueve meses le permiten olvidar que su gigante estatal YPFB hace aún malabares para cumplir su esquema de suministro preferente -primero al mercado local, luego a Brasil y en tercer lugar a Argentina-. Ya en el primer año en vigor de la Adenda sellada con Brasilia y Buenos Aires, sólo la “alta intensidad energética”, según la versión oficial, ha permitido al gas boliviano no empezar a recibir sanciones. Y es que, a La Paz no le salen las cuentas. Primero, han sido las de escasez de reservas; ahora, serán las de falta de mercados. En los últimos 4 años sólo pudo incrementar su capacidad entre 2 y 3 MMmcd. La propia petrolera estatal YPFB reconoce que no tienen capacidad para superar el techo de los 44 millones sin mayores inversiones en nuevos pozos, pero se ha comprometido a un entorno de 44 millones: al menos 30 millones con Brasil, a hacer frente a una demanda del mercado interno que roza ya los 9 millones de m3 por día y a suplir a la argentina Enarsa un mínimo de 5 MMmc/día, hasta que en 2011 llegue a 7 millones.

Peor aún: como el propio ministro Villegas reconoce ahora, “Bolivia ha vivido una ficción” sobre la mayor riqueza del país. Sus apenas 9 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas -un tercio de las que descontaba cuando selló la adenda a los contratos de suministro con Brasilia y Buenos Aires- no sólo suponen la pérdida del segundo lugar en el ranking de reservas del Cono Sur, sino que la dejan aún más lejos de los comprometidos, pero si se cumplen los planes estratégicos de Dilma Rousseff y de Cristina Fernández, Evo Morales tendrá gas de sobra. Ya no lo necesitarán. Ya sólo Paraguay, que no ha cambiado aún su mix energético tiembla con cada golpe de llave a las restricciones argentinas y bolivianas, sabe que de marzo a noviembre todo es posible en su suministro. Como los analistas locales recuerdan, el proceso de diversificación de los que eran sus clientes preferenciales hace que, en tan sólo dos años, el gas boliviano que se exporta a Brasil, a 4,34 dólares por millón de BTU empiece a ser menos competitivo que el GNL que Sao Paulo recibe por otras vías.

Lula, de la mano de Petrobrás, ha opacado el protagonismo de PDVSA y pronto va a decirle a Morales que ya no necesita el gas boliviano. De hecho, los 1.387 km del Gasoducto de Integración Sureste-Noreste construido desde este año con la previsión de llevar 20 MMmcd de Río a Bahía, la mayoría de gas boliviano, le harán sitio al GNL importado desde varios mercados y si Brasil esperaba haber incrementado con él en 14 millones de m3 por día adicionales sus importaciones, es Petrobrás la que reconoce que ahora vendrán, como GNL, de otros mares. Además, Petrobrás está invirtiendo 320 millones de dólares para reducir los considerables volúmenes de gas natural que quema/ventea en sus plataformas hasta finales de 2012 y según estima la petrolera, se logrará aprovechar hasta el 92% del gas natural que quema.

LA PRESIÓN DE PERÚ, CHILE Y URUGUAY MUEVE TODAS LAS FRONTERAS

Uruguay, que durante años reivindicó la libertad de acceso al gas boliviano, lo ha puesto ahora a competir con el GNL importado desde Trinidad, Qatar, Asia y quizá, en un futuro no tan lejano, Perú, que exporta desde 2010 gas líquido. Bolivia lo sabe y empieza a saltarse sus propias líneas rojas para no perder todos los trenes, sobre todo los que hasta ahora consideraba sus mercados ‘cautivos. Por eso, por primera vez, en el Palacio Quemado desempolvan las posibilidades del gasoducto argentino-chileno que pasa muy cerca de la frontera con Bolivia y le hacen sitio a la propuesta chilena (que el Gobierno de Sebastián Piñera acaba de volver a presentarles) de transportar el gas directamente desde el productor andino hasta Chile, saltándose los desencuentros diplomáticos y las barreras históricas que obligaban a los chilenos a comprarle a Argentina el gas boliviano. Hay prisa en La Paz, antes de que Chile refuerce su independencia energética, tanta que hacen saber que podrían vender a 5,5 dólares por BTU, por debajo del precio que mantienen para sus clientes preferenciales, Argentina (7,6) y Brasil (6,70 dólares). Gas Atacama y Endesa Chile esperan ya una respuesta del Ejecutivo de Morales para rehabilitar un proyecto en stand by desde 2002 y poder colocar hasta 5 millones de metros cúbicos diarios en un mercado chileno cada vez más autónomo, a la luz de las opciones de la nueva regasificadora de GNL importado y del GLP que hay en el país.

Sería una luz verde a la intención chilena de albergar, incluso, un terminal de GNL hacia América del Norte y algunos mercados de ultramar. Ni el acuerdo de integración energética sellado con el Perú de Alan García durante el primer viaje oficial de Piñera a Perú, en octubre (a la vista de que Perú ha conseguido incrementar su producción de gas natural un 74% sólo en nueve meses), ni la posibilidad, cada vez más cercana de que el GNL de Camisea (y el bloque 88, uno de los más competitivos en precios) llegue a Santiago -después de años bloqueada por sus diferendos en la Corte Penal Internacional- pasan ya inadvertidas para la directiva de YPFB, que buscaba el puerto peruano de Illo para exportar desde 2015 propano y butano bolivianos y neutralizar el eje Lima-Santiago. Una opción que desde el Gobierno de García se aceptaría a cambio de que Santiago invierta en una regasificadora en suelo peruano, o una termoeléctrica a gas en la frontera para abastecer al Sistema Interconectado del Norte Grande de Chile.

Y es que los mapas gasistas de Morales y los de Chávez -ahora que Caracas tantea ya la exportación de GNL por toda la región- topan además con la nueva orografía del ‘imperio gasista bolivariano’ con la avanzadilla limeña. La primera gran planta de licuefacción de toda Sudamérica -en la que Repsol YPF tiene un 20%-, operativa desde este año en Cañete, al sur de Lima, tiene como destino preferente para sus 4,4 millones de toneladas de GNL por año la terminal de Manzanillo en México, pero mientras está a punto para recibir importaciones, se plantea si destinar su producción a Canaport, en Canadá, donde la española tiene el 75% de la sociedad y otro de sus nudos gasistas para el continente. Sería a través de navíos metaneros de Stream (la sociedad de Gas Natural con Repsol para GNL). La nueva arteria chileno-peruana sólo supondría un golpe más de autonomía para una administración chilena que, con cada ladrillo de los muros de Evo Morales, ha terminado por edificar un mercado propio, nutrido desde el GNL de importación. Desde la llegada de Fernández a la Casa Rosada, primero Bachelet y ahora Sebastián Piñera comenzaron a emanciparse del gas argentino, de sus cortes y sus cambios de precios. Después de un plan de 15.000 millones de dólares de inversión en un modelo con gas licuado, la construcción de la planta regasificadora de Quintero, le permite almacenar y procesar 2,5 millones de toneladas por año de GNL, produciendo 10 mmcd de gas natural en base y 15 mmcd en punta y triplicar el volumen de gas que importaba hasta ahora. Mejillones, la otra planta, estará pronto en condiciones de hacer lo mismo con 5 mmmcd. En otras palabras, depender sólo del GNL -hasta ahora de Trinidad y Tobago, Malasia e Indonesia- y, más aún, convertirse en potencial exportadora a Argentina (a través de Uruguay) y a Paraguay.

Como recuerdan en la dirección de Metrogas Chile, el gas argentino tiene un precio muy bajo en su mercado nacional, pero el que exportan está gravado por impuestos asociados tan altos que a sus vecinos no les compensa ya. Lejos quedan los planes de 1997, cuando Enarsa y Enap se aliaban con el Gasoducto del Pacífico como arteria. En ese entonces, Innergy firmó un contrato de compraventa de gas a largo plazo con YPF, que le permitía recibir hasta tres millones de metros cúbicos de gas diario. En 2004, en pleno invierno, a la región llegó una cantidad máxima de dos millones de metros cúbicos de combustible. Esa fue su cima, porque desde esa fecha la válvula del gas allende los Andes comenzó a cerrarse tanto, que en 2009 por el Gasoducto del Pacífico llegan apenas 200.000 metros cúbicos diarios. En los nuevos mapas energéticos de Santiago y el accionariado de la planta de Quintero se hacen sitio Metrogas y Endesa Chile. Las energéticas españolas estarán, además, presentes en el nuevo terminal de Mejillones, cuya conclusión está prevista para este año.

ARGENTINA, DEL ESCARMIENTO A LA ‘REVOLUCIÓN’ DEL SHALE GAS

Argentina, como Chile ha escarmentado en las facturas de la cerrazón boliviana. Y, a diferencia de sus vecinos, el Ejecutivo de Cristina Fernández, ha tenido que aprender ‘la letra’ del suministro de hidrocarburos en la ‘sangre’ del desabastecimiento y de un gas que ha terminado por pagar cuatro veces más caro que el que había firmado con La Paz. En cinco años pasó de ser único surtidor a Chile y Uruguay y surtir a sus vecinos de entre 20 y 40 millones de m3 de gas diarios (justo los que ahora le urgen) a importar el 12% en GNL y depender de sus vecinos y el gas natural licuado de allende los mares, en un ‘corralito’ cada vez más aislado, que se empeñaba en congelar tarifas, evaporar un 42% de inversión en un año y ver cómo se han diluido un 57% de las reservas desde 2000. Pero la Casa Rosada comenzará, desde el año ahora en ciernes a darle la vuelta al embudo de su dependencia gasista. En el Ministerio de Planificación de Julio de Vido no quieren ni recordar el último invierno austral los cortes por hasta 16 millones de m3, la merma en hasta un 42% del gas que requieren para su operación las 100 mayores industrias, o la reducción de la producción de algunos combustibles y acero un 35%, o en algunas siderúrgicas que no pudieron reemplazar el gas con gasoil o el fuel oil. Ni las importaciones de GNL el triple de caro que el local, ni el nuevo contrato con Bolivia fueron suficientes para Argentina.

Si desde el 2008 a 2010 ha pasado del 6% al 12% de importaciones de GNL, los planes oficiales del país que hace apenas un año suplicaba a Brasil la cesión de un poco más de gas boliviano, ahora son llegar al 25% en GNL y espera duplicar la capacidad de Bahía Blanca (donde YPF regasifica entre 6 y 8 millones de m3 diarios dos dólares más baratos que los de Bolivia, con flete incluido), además de consolidar la planta con YPF en Escobar, que podría llegar hasta a 20 cargamentos anuales de 95.000 m3 de GNL entre 2011 y 2020. YPF, Excelerate y Enarsa ya han firmado un acuerdo preliminar para construir y operar la segunda gran terminal de GNL argentina, con capacidad para inyectar hasta 15 millones de metros cúbicos diarios al sistema desde 2011. La estatal Enarsa pagará la factura del gas, mientras YPF se encargará de la gestión operativa. Bahía y Escobar aceleran sus calendarios, la Casa Rosada quiere tener a punto sus nuevos planes en mayo de 2011, como tarde. Sólo así podría cumplir los nuevos mapas del ministro De Vido, que por ahora pasan por cubrir el 25% del consumo nacional con productos de ultramar llegados por barco.

Argentina, con un mix muy ligado a los hidrocarburos (sólo tiene 30Mw de renovables) donde el gas supone el 56% de la matriz, se ha deslizado desde el perfil de exportador a sus vecinos al de un comprador forzoso de GNL. Lo que en 2007 comenzó como una operación coyuntural ha terminado por ser un rasgo crónico de su mix, que el último año supuso compras por 530 millones de dólares y que ha duplicado en sólo 24 meses su nivel de importación. Paradojas de la política energética peronista, según el acuerdo bilateral que firmaban hace tres meses Cristina Fernández y Mújica, será Uruguay -que no tiene gas y lo importaba hasta ahora de Bolivia a través de Argentina- el que le podría vender GNL a su vecina y acogerá la regasificadora conjunta, que Argentina, a la luz del riesgo país, las dificultades para llamar a la inversión extranjera y para refinanciar proyectos locales en los mercados internacionales de crédito, ahora ha preferido no construir. Enarsa -la estatal argentina- ya tiene bastante con asumir a cuatro manos con YPF una segunda regasificadora en Escobar que deberá estar operativa en 2014, en Buenos Aires. Después del fracaso del gasoducto Cruz del Sur, Argentina prefiere pasar de brazos de Evo Morales (con un gas el triple de caro que el local) a brazos de Uruguay: aunque la planta binacional no llegará hasta 2014, quizá ya con el gas de Pdvsa, Buenos Aires se ha comprometido ya a importar 7 MMmcd de gas (de los 10 millones de la planta) desde su vecino, una cantidad similar a la que compraba desde Bolivia para garantizar, entre otras cosas la viabilidad de un proyecto del que Uruguay sólo necesita 5 MMmcd.

BOLIVIA PIERDE LA PRIMACÍA Y LOS MAPAS DEL GAS

Bolivia encadena en torno a la estatal YPFB las zozobras de sus hidrocarburos. Y no son sólo ya las del suministro. Y es que aunque dispone de las segundas reservas de gas del continente y está rodeada de tres potencias industriales (Argentina, Chile y Brasil) hasta ahora con déficit de gas, ni el embeleso boliviano puede ya perder de vista que respira también aún por las grietas de su ‘gigante’ energético estatal: un informe del Gobierno el que acaba de reconocer los 22 problemas que lastra la cadena productiva de los hidrocarburos bolivianos: desde la falta de conocimiento sobre las reservas probadas (no se certifican desde 2004 y no lo harán ya tras los desencuentros con la estadounidense Ryder Scott) a la falta de competitividad e incentivos para las empresas, o la “corrupción” de YPFB. La empresa estatal sólo ha conseguido ponerle ‘apellidos’ a la mitad de los 7.561 millones de dólares que necesita para su Plan Estratégico a cinco años. Más aún: la ‘maldición’ energética se teje a la perfección también en el espejo andino: la rebaja de las exportaciones contiene la producción de gas y con ella, lastra la producción de líquidos -de 46.700 bpd a 41.600 bpd.

La falta de inversión para la explotación de nuevos campos petroleros para incrementar la producción de líquidos y la ausencia de una política para el abastecimiento del mercado interno han hecho que por primera vez en más de cuatro décadas, Bolivia haya tenido que importar gasolina y GLP de consumo interno de Chile y Argentina; sus niveles de importación crecieron un 383% en sólo doce meses. La Cámara Boliviana de Hidrocarburos (CHB) le recuerda que del centenar de planes de industrialización que YPFB prometía, hoy sólo dos entran en ese saco (el proyecto de amoniaco-urea, la conversión de gas a líquidos. Y sabe que sus planes para casi duplicar la producción local pasan por inversiones foráneas de más de 1.200 millones de dólares para las dos plantas de separación de líquidos que pretende construir en dos años. La ampliación del Gasoducto Al Altiplano (GAA) aún está en construcción y su aprovechamiento, además, está condicionado a la conclusión del Gasoducto Carrasco-Cochabamba (GCC), que estaba prevista para 2010.

Como advierten los analistas regionales, su propio Triángulo de las Bermudas del gas acabará por engullir las aspiraciones regionales de Bolivia en una nueva geometría energética, donde a pesar de los precios -el GNL es en principio más caro que el suministrado en ductos locales y de que sólo supone el 10% del mercado mundial- cada uno de sus socios y de los mercados vecinos busca la llave de su seguridad y su autonomía con él. Esta situación pone a Bolivia, que exporta sólo a través de ductos, en una posición muy distinta de hace cinco años, cuando se proyectaba como el centro de distribución regional. Se lo acaba de describir a Morales su propia Cámara de Hidrocarburos (CBH): detectan “un fuerte contraste entre el crecimiento del GNL en barcos metaneros a los centros de demanda de Sudamérica y el estancamiento de exportación de gas natural boliviano en gasoductos”.

De la gran red que Hugo Chávez y Morales prometían tejer en toda Sudamérica con Argentina como punta de lanza, hoy no queda ni la intención diplomática. Las zozobras de La Paz y Buenos Aires, el pragmatismo de Caracas y los recelos de Brasilia, Santiago y Montevideo han podido más. “La apuesta por un proceso de integración por gasoductos, que tuvo un crecimiento explosivo en la capacidad de transporte internacional incorporada entre 1998 y 2002, de los 19,1 MMmcd a 105,8 MMmcd -advierte la Cámara Boliviana de Hidrocarburos, CBH- ha llegado al estancamiento”. “El incumplimiento de contratos por parte de Argentina y Bolivia, el estancamiento de la inversión y la poca confiabilidad mostrada parecen haber postergado el apetito de los importadores regionales, para nuevos proyectos de integración intrarregional” por gasoductos, apunta la CBH.

LAS CARRERAS DEL GNL Y LA CRISIS DE LOS DUCTOS

Los ductos serán nacionales, lo justo para distribuir el gas local y complementarse con el GNL, como en Chile, en la propia Argentina, o en Perú, que ha empezado a hacerse sitio en una dinámica en la que los productores no quieren arriesgarse en inversiones en infraestructuras costosas, que requieren cuantiosas reservas probadas; tratan de eludir y en la que los centros de consumo latinoamericanos prefieren garantizar suministros constantes y eludir riesgos políticos. Como explicaba Bernardo Prado Liébana en HidrocarburosBolivia.com, “Obama quiere el petróleo de Lula para olvidarse de Chávez, Lula, de la mano de Petrobrás, está opacando el protagonismo de PDVSA y pronto va a decirle a Morales que ya no necesita el gas boliviano, Argentina optó por el ¨confiable¨ GNL de Trinidad y Tobago para afrontar el invierno que viene, García duerme tranquilo con Camisea y Perú LNG y Chile, con la planta de regasificación de Quintero a punto, le puede decir adiós para siempre al gas argentino. Ya ante las dudas de la financiación en los PGE 2011 para el GNEA, en la Casa Rosada asumen que tendrían que buscar, para impulsarlo a la velocidad prevista para que entre en funcionamiento en 2014, planes alternativos que lo costeen, incluso más allá del cargo fijo para la importación de gas. A Bolivia no le queda más opción que ver desde una platea popular el desfile del cual pudo ser la estrella”.

Hasta en los planes estratégicos de Pdvsa comienzan a hacerle caso a los vaticinios de Antoni Brufau durante la 24ª Conferencia Mundial del Gas en Buenos Aires: para los petroleros la estrella del negocio será el GNL, “tiene un horizonte favorable para crecer a más velocidad que los combustibles líquidos” y “aumentará la interdependencia regional”. El Gobierno venezolano vuelve a mirar a las mayores reservas del gas del continente; se ha dado cuenta de que lo que era inviable por ductos en los mapas de su Gran Gasoducto del Sur puede ser factible en barcos y se ha lanzado a la carrera del GNL, esta vez con su propia bandera. Reproduce en el continente lo que aspira a hacer con Irán o Cuba. Y aún a costa de driblarle sus mercados a Evo Morales, durante el último año, Petróleos de Venezuela ha intentado hacer valer nuevas opciones para su gas natural (principalmente gas no asociado al petróleo en yacimientos costa afuera).

“Si no encuentran todo el gas que necesitan en su tierra, en Venezuela está todo el gas uruguayo”, le prometía Chávez al uruguayo Mújica, ahora que Repsol YPF ha incrementado un 30%, hasta los 12 TCF, sus estimaciones del Megcampo Perla. Son los mismos compromisos que ya había sellado con Cristina Fernández, con la que sostiene aún, aunque latente, un proyecto del terminal de regasificación que ENARSA (que carga sobre sus hombros con la importación de gas de Bolivia, ahora asume la importación de GNL) y PDVSA emprendieron en 2007. Nada en lo que ahora Buenos Aires tenga tanta prisa. Cuando Venezuela exporte GNL, llegará a Brasil y Argentina. Lo más factible es que el gran Gasoducto URUPABOL se llame simplemente Gasoducto URUPA y que Paraguay acabe recibiendo gas venezolano regasificado en Uruguay.

REPSOL YPF, EN TODOS LOS NUEVOS NODOS GASISTAS

YPF bifurca los ojos de sus intereses andinos: en una mano, la exterior, el acceso al 20% de los 14,1 TCF (billones de pies cúbicos de gas) que Pluspetrol y sus aliados -Repsol, la estadounidense Hunt Oil y la coreana SK Energy- descuentan en la peruana Camisea hasta el final de la vida útil de sus campos en 2047. En la otra, las reservas de 2,5 trillones de pies cúbicos de su bloque 57, con las que desde 2012 nutrirá al mercado nacional. El ariete andino de Brufau suma y sigue en la telaraña del GNL regional para Repsol, la misma que le garantiza la hegemonía del GNL en Argentina, Perú, Chile y Bolivia, y vía libre a México, Canadá y EEUU.

El consorcio integrado por Repsol YPF, British Gas y Pan American Energy (PAE) invertirá 1.298 millones de dólares (984 millones de euros) en el desarrollo de los campos de gas Margarita y Huacaya, en el sur de Bolivia, para incrementar a 14 millones de metros cúbicos diarios la producción en estos campos hasta 2014, en la zona más rica en hidrocarburos del país andino. Pero es YPF, también, la cara más visible de los hallazgos de gas no convencional en las cuencas de Neuquén, el mayor nuevo yacimiento de gas no convencional, que además de dejar a mano la autonomía del suministro nacional está llamado a quintuplicar las reservas argentinas de la petrolera hispano-argentina y supera ya en tamaño al principal yacimiento de los de Brufau en el país, el de Loma de la Lata, que ya aporta casi un tercio del gas del país. Para empezar, Repsol YPF le dedicará 5.000 millones de dólares en sociedad con Vale do Río, ahora que el magnate brasileño Eike Batista regresa al gas del Cono Sur de su mano./

(*) INTELLIGENCE & CAPITAL NEWS REPORT

Región Norte Grande