La AIE quiere incorporar a siete países emergentes

En sintonía con el nuevo mapa energético a nivel global, la entidad llevará a cabo una verdadera refundación, tras casi 40 años de velar por los intereses de Estados Unidos, Europa y Japón, entre otros países centrales. La idea es sumar a Brasil, China, India, Indonesia, México, Rusia y Sudáfrica.

Durante sus casi cuatro décadas de existencia, la Agencia Internacional de Energía (AIE) se ha constituido como un bloque de poder que –de manera más o menos homogénea– ha representado los intereses de las tradicionales plazas de mayor consumo energético a escala planetaria.
Dependiente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la AIE es un organismo con pretensiones de autonomía nacido tras la crisis del petróleo de 1973, cuando la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPEP) resolvió no vender más crudo a quienes habían apoyado a Israel en contra de Siria y Egipto durante la guerra del Yom Kippur (llamada así por la fiesta homónima de la religión hebrea).
El consiguiente aumento en el precio del hidrocarburo, en combinación con la gran dependencia petrolera que tenía el mundo industrializado, dio lugar a un fuerte efecto inflacionista y a una reducción de la actividad económica en las naciones afectadas, que respondieron con una serie de medidas, entre las que figuró la creación de la AIE.
Desde su fundación, llevada a cabo en noviembre de 1974, la entidad siempre ha intentado coordinar las políticas energéticas de los estados que la componen con el propósito de asegurar una cierta estabilidad en el suministro internacional de la energía.
Con clara predominancia europea, actualmente las 28 naciones que la integran son Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, Eslovaquia, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Japón, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia, Suiza y Turquía.
Sin embargo, la crisis financiera de 2008-2009 –cuyos efectos aún siguen impactando sobre las grandes potencias–, y la aparición y consolidación de economías emergentes como las que integran el “BRIC” (conformado por Brasil, Rusia, India y China), han delineado un nuevo mapa de la energía que hoy obliga a la entidad a replantear su conformación.

Mismo objetivo

“No podemos cerrar los ojos ante la evidencia de que el centro de gravedad del consumo energético se ha movido hacia el Este”, admitió Maria van der Hoeven, directora ejecutiva de la AIE, ante la prensa norteamericana. De esa manera, la directiva justificó públicamente el inicio de conversaciones formales con autoridades de Brasil, China, India, Indonesia, México, Rusia y Sudáfrica con el propósito de incorporar a dichas naciones a la organización.
De todos modos, Van der Hoeven reconoció que las negociaciones recién se encuentran en una etapa preliminar y que la eventual anexión de esos siete países a la AIE podría demandar varios años. “Para participar de nuestra entidad no sólo deberían compartir diversos datos e informaciones, sino también coordinar la liberación de las existencias de crudo de emergencia que poseen los demás integrantes. No obstante, los nuevos socios no serían obligados a retener el equivalente a 90 días de importaciones de petróleo que mantienen las naciones industrializadas como reservas de emergencia”, anticipó.
Según sus palabras, el interés de incrementar la colaboración y el trabajo mancomunado entre la AIE y las economías emergentes es absolutamente genuino. “Al fin de cuentas, todos tenemos un mismo objetivo: garantizar la seguridad en el abastecimiento de energía”, enfatizó.

Nuevo perfil

La intención de sumar a la AIE las economías emergentes es sostenida desde hace un tiempo por diversos analistas. Según el ex director de la Agencia, Nobuo Tanaka, era cuestión de tiempo que dicha idea comenzara a tomarse en serio, teniendo en cuenta que China se disputa cabeza a cabeza con Estados Unidos el título de mayor importador neto de crudo y productos refinados, además de que los países no miembros de la OCDE ya explican la mitad del consumo energético planetario. “De no adecuarse a estas nuevas condiciones de mercado, la AIE correría el riesgo de caer en la irrelevancia”, advirtió.
Hasta el momento, el contacto de la organización con las naciones en vías de ser potencias se limita a tender lazos bilaterales. “Una vez dentro de la asociación, la discusión se volverá multilateral”, proyectó.
Vale destacar, asimismo, que de producirse la incorporación de los siete países mencionados el bloque adquiriría un nuevo perfil, ya que además de albergar a los mayores consumidores también contendría a muchos de los principales productores de energía del mundo. De hecho, tendría a seis de los diez mayores responsables de la oferta hidrocarburífera global (a Estados Unidos, Canadá y Noruega se añadirían Brasil, China y Rusia).

Modificaciones drásticas

A entender de Jorge Ferioli, presidente del Comité Argentino del Consejo Mundial de la Energía (CACME), en los últimos años las reglas tradicionales de la oferta y la demanda de energía han sufrido modificaciones drásticas, lo que en cierta medida justificaría la ampliación de la AIE. “China, por ejemplo, está haciendo lo imposible para optimizar una sinergia positiva en pos de potenciar su economía y sociedad, con el lógico aumento y requerimiento de una mayor cantidad y calidad de fuentes energéticas, lo cual está rediseñando el mapa energético global”, puntualiza.
En paralelo, asegura que se ha pasado de tener como único paradigma la necesidad de un abastecimiento seguro a incorporar como elemento calificador de las distintas energías el impacto que produce su consumo en el medio ambiente. “Asimismo, se ha vuelto motivo de preocupación creciente lo que se denomina ‘pobreza energética’, que tiene en cuenta a los 1.300 millones de personas sin acceso a ningún tipo de energía moderna y a los 2.700 millones de personas que –al no contar con algún tipo de energía– cocinan usando la biomasa”, completa

Revista Petroquímica