Los oscuros vínculos de los asesores de Obama y BP, la petrolera contaminante

"BP es responsable de este vertido. British Petroleum (BP) pagará la factura", sostuvo el presidente estadounidense (Eurolatinpress.com)

Cinco funcionarios de Estados Unidos trabajaban para la firma que contaminó el Golfo de México. El lobby que mancha a Washington
Mariano Beldyk
Más allá de la encendida retórica que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, vierte sobre la petrolera BP, responsable del mayor desastre ecológico de crudo en las costas del Norte, cabe sembrar la duda respecto a cuál será el precio real que pagarán políticos y empresarios cuando concluya el trabajo de la recién conformada comisión bipartidaria investigadora. Porque mientras la mancha avanza por las costas del Golfo de México, degradando cada vez más su ecosistema, lo cierto es que hace tiempo ya que BP bañó de “petroinfluencia” a Washington y a la Casa Blanca.
Para pruebas, basta revisar cuidadosamente la web WhoRunsGov, directorio elaborado por el diario Washington Post, donde se detallan las biografías de los hombres más influyentes del poder, y cruzar esta información con los reportes sobre lobbies y aportes de campaña difundidos por el Centro para la Responsabilidad Política de Washington. El resultado es categórico: cinco de los principales rostros del gobierno estadounidense tuvieron o mantienen vínculos directos con BP.
El caso más conflictivo es, sin dudas, el del actual subsecretario de Energía, Steven Koonin. Su currículum muestra que, hasta su desembarco en la actual gestión, oficiaba de jefe de la Dirección Científica de la petrolera contaminante. Según explica la web oficial, durante los últimos cinco años y antes de sumarse al equipo de Obama, fue el responsable de aggiornar el rostro de la antigua British Petroleum para presentarla como una empresa ecológicamente responsable.
Otros dos casos son los de Leon Panetta, actual director de la CIA, y George Mitchell, enviado especial de la Casa Blanca a Medio Oriente. Ambos actuaron como asesores externos de BP. Y en la misma situación se encuentra el ex senador Tom Daschle, quien fuera pretendido como secretario de Salud de la Casa Blanca, pero que vio frustrados sus planes cuando la prensa reveló sus nexos con consultoras del área que debía regular. Aun así, Obama le buscó un lugar a medida: creó la Oficina Especial para la Promoción de la Reforma Sanitaria y lo designó al frente.
Una vinculación menos indirecta, pero también preocupante a la hora de develar el nivel de contacto de los intereses petroleros y de BP con la Casa Blanca, es la que encarna Tony Podesta. Se trata del hermano de John Podesta, ex coordinador nacional de la Campaña Obama ’08 y uno de los más destacados arquitectos políticos del presidente. Tony tiene, por lo tanto, un acceso privilegiado al poder de Washington y una mirada a su registro en WhoRunsGov revela, además, que se reconoce lobbista de BP.
El lobby petrolero es uno de los más fuertes de Washington y aunque históricamente prefirió lubricar los despachos republicanos, desde la elección de Obama, en 2008, la tendencia empezó a revertirse. Si en las campañas presidenciales sólo el 23% de los 35,5 millones de dólares aportados a los candidatos se direccionó al Partido Demócrata, a lo largo de los cuatro primeros meses de 2010, y de cara a las elecciones claves de mitad de mandato, las contribuciones al oficialismo ya treparon al 30%. Como Obama se niega a recibir dinero directo de las corporaciones, los empleados de BP aportaron 71 mil dólares a su campaña en 2008 y hasta 160 mil dólares en este nuevo ciclo electoral.
En junio de 2009, el Servicio de Administración de Minerales exceptuó a BP de elaborar un estudio de impacto ambiental exigido por ley en la zona donde la plataforma Deepwater Horizon debía trabajar. Es el mismo lugar donde se desató la tragedia cuyos costos finales son imposibles de prever y que algunos científicos describen como 19 veces mayor que lo que la empresa reconoce. Obama ya había sido advertido entonces por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de que las aprobaciones de este organismo a los proyectos petroleros no eran confiables. Pero, lamentablemente, el presidente de Estados Unidos no hizo nada al respecto.
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