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Vaca Muerta, ¿mina de oro o un gran bluff?

La experiencia estadounidense indica que el rendimiento del fracking es más efímero de lo que se promete
Una investigación de consultoras de energía, publicada en Wall Street Journal, señala que “los pozos de fracking no producen tanto como se preveía” y se agotan antes. “Vaca Muerta enfrentará los mismos problemas en poco tiempo”, advierten expertos locales.
Las perspectivas de producción y rendimientos de la explotación no convencional “podrían estar ofreciendo una imagen ilusoria”.

Por Raúl Dellatorre / Página/12

Aunque se ha buscado tomar recaudos para que no llegue a nuestras costas, una noticia puso en alerta al sector petrolero estadounidense, por motivos de los cuales los inversores en la formación argentina Vaca Muerta no deberían sentirse a salvo. “El problema secreto del fracking: los pozos de petróleo no producen tanto como estaba previsto”, tituló en los últimos días un artículo de Wall Street Journal (WSJ). El texto advierte que “miles de pozos shale (producción no convencional, como en Vaca Muerta) perforados en los últimos cinco años están bombeando menos petróleo y gas de lo que sus propietarios pronosticaron a los inversores, lo que plantea dudas sobre la fortaleza y la rentabilidad del auge del shale”. El estudio, realizado por reconocidas consultoras de energía de Estados Unidos, sugiere que la declinación de la producción es mucho más acelerada de lo esperado. El problema surge ahora en Estados Unidos, que empezó a perforar por sistema no convencional unos cinco años antes que Argentina. Por lo que es previsible que pueda reproducirse en Vaca Muerta en pocos años, advierten los expertos, dado que el problema está dado por el método de fracking, que supone “perforar por un camino artificial, rompiendo la roca, que de a poco se vuelve a tapar, por lo que suele suceder que a partir del tercer año declina la extracción hasta en un 90 por ciento; eso obliga a perforar nuevos pozos constantemente, que siempre van a ser de más bajo rendimiento que las primeras perforaciones para las cuales se eligió el camino óptimo”.

El Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys) publicó, en su último informe, una síntesis del artículo del WSJ, el medio indudablemente más influyente en el área de negocios de Nueva York. Comenta dicho centro de estudios que, a partir de un análisis realizado por Rystad Energy, y confirmado por otras dos firmas consultoras de energía, se concluye que las perspectivas de producción y rendimientos de la explotación no convencional “podrían estar ofreciendo una imagen ilusoria”.

El estudio se basa en “un análisis de unos 16 mil pozos operados por los 29 productores más importantes de shale oil”. “El WSJ no quiere socavar la opinión convencional de que el auge del petróleo del shale está llevando a los Estados Unidos a la independencia energética, por lo que es bastante prudente al discutir detalles”, señala el informe del Ceepys al comentar el artículo. “Al principio de la historia, el Journal aclara que el pronóstico defectuoso no significa que la producción de petróleo de Estados Unidos esté a punto de caer. Sin embargo, gran parte de la nota apunta a la conclusión de que una cantidad importante de recursos proyectados para los próximos años no se producirá.”

El WSJ informa, en el artículo citado, que “hace tres años, la empresa Pioneer Natural Resources anunció a los inversionistas que esperaban que los pozos en el shale de Eagle Ford, en el sur de Texas, produjeran 1,3 millones de barriles de petróleo y gas cada uno. Esos pozos ahora parece que están produciendo a un ritmo de 482 mil, un 63 por ciento menos que lo previsto”.

Agrega que “un promedio de las previsiones de Pioneer en 2015 para los pozos que había fracturado recientemente en Permian (otra área de producción en Texas) sugería que producirían aproximadamente 960 mil barriles de petróleo y gas cada uno. Esos pozos ahora están en camino de producir unos 720 mil barriles, según la revisión del matutino, un 25 por ciento por debajo de las proyecciones de Pioneer. La empresa discute estas conclusiones, destacando que asume que sus pozos producirán por lo menos durante 50 años”. El artículo refuta a la empresa, señalando que “dado que la mayoría de las autoridades coinciden en que los pozos de shale estarán bastante agotados en los próximos cinco años o menos, no está claro dónde están los 50 años de vida útil, a menos que estén planificando una costosa re-perforación y un nuevo fracking”.

El Journal señala que “hay otros ejemplos, todos sugieren que los pozos de shale pueden no producir suficiente petróleo con los precios actuales para cubrir los costos de adquisición de tierras, perforación, fracking y producción”. Y advierte que las 29 compañías del sector sobre las que realizó el seguimiento llevan “gastados 112 mil millones más en efectivo de lo que generaron en sus operaciones de los últimos diez años”. “Mientras los prestamistas continúan financiando la producción de shale oil, las participaciones de capital en las compañías de productoras han caído de unos 35 mil millones de dólares en 2016 a alrededor de 6 mil millones el año pasado (2018). En algún momento, Wall Street puede darse cuenta de que los días del petróleo por encima de los 100 dólares, que se necesitan para la producción rentable de shale oil, pueden no regresar y que los mejores lugares para perforar pozos de shale rentables ya no existen.”

Qué pasa en Argentina

¿Cuál es la lección que debería aprender Argentina de la experiencia estadounidense? Según Víctor Bronstein, director del Ceepys, “el problema del fracking en Estados Unidos es un alerta, porque el tema de la declinación de la producción en el sistema no convencional es mucho más acelerado que en la perforación tradicional. En el pozo vertical, de producción convencional, sólo con el mantenimiento, el mismo pozo puede seguir en producción por décadas. En el fracking se llega al hidrocarburo por un camino artificial, rompiendo la roca, por lo cual de a poco ese camino se va cerrando, se va tapando, y es probable que a los dos años la producción se reduzca al diez por ciento de la que tenía originalmente. Eso sucede, y obliga a seguir haciendo perforaciones constantemente para mantener la producción”, describe. Como lo indica la experiencia estadounidense, las perforaciones secundarias no serán tan eficientes como las primeras, porque deben elegir recorridos alternativos al óptimo, que se perforó primero. En consecuencia serán más costosos y de menor rendimiento. Un estudio de la firma Schlumberger, citado en el mismo artículo de WSJ, señala que “los pozos de shale secundarios completados cerca de los pozos iniciales más antiguos en el oeste de Texas habían sido hasta un 30 por ciento menos productivos. Este problema amenaza con socavar las proyecciones de crecimiento de la producción”.

Por otra parte, está el tema de los precios del gas y el petróleo. El primero, advierte Bronstein, no tiene una cotización internacional única, no se valúa como un commodity, sino que varía según el contrato. En Argentina se había implementado, con la gestión de Juan José Aranguren, una política de fuertes subsidios que ahora fue objetada por el FMI. Entre otras, fue una de las razones que provocó el enfrentamiento de Javier Iguacel (ex secretario de Energía) con Nicolás Dujovne y la renuncia del primero. Con menor subsidio, Vaca Muerta pasa a ser menos rentable, particularmente para Tecpetrol, principal beneficiaria de esa política gasífera.

El petróleo ha recuperado valor en el mercado (el crudo Brent supera los 60 dólares por barril en Londres), pero está lejos de los valores óptimos para la muy costosa inversión en la producción no convencional. Estados Unidos contó con una ventaja adicional, que la producción de shale se inició en la etapa en que las tasas estaban muy bajas, y se financiaron inversiones a un interés del 2 o 2,5 por ciento; los bancos siguen prestando aunque los resultados bursátiles son alarmantes, por la caída de rendimiento de los yacimientos. En Argentina, el costo financiero puede convertirse en una mecha encendida cuando llegue el momento –que las investigaciones de Estados Unidos empiezan a plantear como inevitables– en que los rendimientos de los pozos de Vaca Muerta empiecen a declinar. ¿Será otro caso de gran negocio para hoy y fuga para mañana?

Riesgos de la apuesta rentista y mitos sobre “diversificación productiva”

De Vaca Muerta a la Faja Petrolífera del Orinoco

‘Reventón’ del pozo Barroso II. Venezuela, 1922. (Archivo)

Por Emiliano Teran Mantovani

En la década de los 20 del siglo pasado, surgía la Venezuela petrolera, convirtiendo muy pronto al país en el primer exportador de crudos del mundo. A pesar del deslumbramiento por esta rápida entrada a la “modernidad”, desde muy temprano se evidenció en una parte de la intelectualidad venezolana la preocupación sobre el carácter parasitario propio de una economía rentista y, por tanto, la necesidad de salir de este modelo y encauzar los esfuerzos hacia la formación de una economía productiva.

En 1936, el destacado político e intelectual Arturo Uslar Pietri (†), proponía que, para evitar que se convirtiera en una “maldición”, era necesario “sembrar el petróleo”. Esto suponía aprovechar la riqueza súbita y transitoria de la renta petrolera para la creación de una base productiva con la cual pudiésemos alcanzar verdaderamente nuestra independencia. La noción de “sembrar el petróleo” se convirtió en la consigna de todos los gobernantes del país desde entonces hasta nuestros días, incluyendo a la Revolución Bolivariana liderada por el Presidente Hugo Chávez.

Parecía claro que, con tales niveles de “riqueza” en el país, era solo cuestión de tiempo alcanzar la promesa del desarrollo. Industrialización, independencia económica, convertir a Venezuela en la “primera potencia latinoamericana”, según el dictador Marcos Pérez Jiménez; la “Gran Venezuela”, de Carlos Andrés Pérez I; hasta llegar a la revolucionaria Venezuela “Potencia Energética Mundial”, de Chávez, la cual surgiría a partir de los crudos extra-pesados de la Faja Petrolífera del Orinoco. Al final de la historia todas promesas incumplidas, no solo porque no se pudo sembrar el petróleo, sino también porque este castillo de naipes construido históricamente en torno al modelo rentista petrolero, otra vez se ha venido abajo –antes, con la crisis de los años 80, que precedió al Caracazo de 1989–, pero hoy, dejando a los venezolanos en esta especie de vacío, en una extraordinaria crisis sin precedentes en la historia de América Latina.

Desde el sentido común se diría “¡es que en realidad no se ha sembrado el petróleo!”, por lo que el problema fundamental sería entonces conseguir mejores gerentes y administradores de esa renta. Pero esta idea evade discutir las complejas dimensiones económicas, sociológicas y políticas del fenómeno; debatir sobre los propios límites del modelo rentista y un proyecto de “crecimiento y desarrollo” que se impulse en torno a este.

Con la aparición y auge del mega-proyecto Vaca Muerta en la Patagonia norte, en Argentina, para la explotación de shale oil, shale gas y tight gas, surge por enésima vez este debate/dilema en América Latina. Nuevamente, se presenta una gran promesa a partir de esta iniciativa –¡la segunda mayor reserva de shale gas del mundo y con más petróleo no convencional que Venezuela!– y se anuncia que este logrará activar una cadena productiva que se extenderá en toda la región.

Pero venzamos la desmemoria. A la luz de este debate, necesitamos más bien preguntarnos por qué los varios planes propuestos en el pasado para la “diversificación productiva” de Neuquén no han podido concretarse, y en cambio, por qué ha aumentado progresivamente la dependencia a la explotación petrolera en la provincia (más de 50% del Producto Bruto Geográfico proviene de este rubro), a la par del retroceso de la producción del campo y el fortalecimiento del sector servicios. O por qué está comenzando a pasar esto en Río Negro.

El caso venezolano puede ser útil para re-pensarse esta metáfora de “sembrar el petróleo”, objetivo que, proponemos, es inviable. Esto, al menos por tres razones: a) no se puede salir del rentismo con más rentismo; b) más que pensar en la renta petrolera como un factor dinamizador de los sectores productivos, habría que pensarla como un obstáculo; y c) no hay ningún “futuro productivo” en un territorio que socava las fuentes de vida, la productividad de los ecosistemas y particularidades socio-culturales de la zona.

Allen / Martín Alvarez Mullally

Entre la economía de enclave
y la inviable
“siembra del petróleo”

Hay dos formas (no necesariamente excluyentes) en las que se implanta el extractivismo hidrocarburífero: una, es en la forma de economía de enclave, que aquí la vamos a entender como la configuración económica de un territorio primordialmente como surtidor para mercados externos, siendo que los emprendimientos extractivos tienen una relativa desconexión de las poblaciones locales y las rentas se transfieren fundamentalmente hacia afuera de la jurisdicción. La otra es cuando, a partir de esta implantación extractivista, se propone un plan de desarrollo, con mayor apropiación de la renta petrolera y mayor relación de organicidad con la población local y el territorio.

En las economías de enclave, al tener menor presencia local la renta petrolera, el fenómeno del rentismo es mucho más débil. Esto implica que estas formas económicas son mucho más depredadoras. Se convierten en buena medida en zonas de abierto saqueo (extracción con escasa contrapartida hacia adentro). En cambio en los formatos de extractivismos más soberanos, la lógica rentista sí que es más determinante.

En diversos debates se ha planteado que Vaca Muerta (VM) configura una economía de enclave –que en todo caso debería ser analizada como una especie de economía de enclave del siglo XXI. A pesar de que adquiere ciertos rasgos de este tipo –por ejemplo, que el 80% de las rentas de VM vayan fuera de la provincia y del país, y quede muy poco para la población local; o la notable remodelación territorial de Añelo y sus respectivas externalizaciones–, no nos extenderemos sobre esta discusión. Lo que sí quisiéramos problematizar es la propuesta de hacer que estos territorios dejen de ser una ‘economía de enclave’ para adoptar un esquema más soberano de extractivismo, que posibilite una mayor institucionalización y formalización del rentismo, sin que se cuestionen los pilares de esta forma de economía, y las profundas consecuencias que de ella se desprende.

Hay varios factores histórico-estructurales que deben ser tomados en cuenta en el debate sobre los límites de la ‘siembra del petróleo’ y la propuesta de la ‘diversificación productiva’:

  1. La inversión y circulación de una renta que es de carácter internacional (es decir, proviene del mercado mundial) está regida por la dinámica de factores ajenos a las economías locales. Esto implica reconocer que Neuquén, el conjunto de provincias de la Patagonia Norte o Venezuela, como núcleos petroleros, se inscriben en la lógica de la División Internacional del Trabajo, lo que implica que la administración de la renta está muy determinada para reproducir su función capitalista a lo interno de la economía nacional (intereses de acumulación extranjeros y élites locales). Como lo ha reconocido el destacado economista venezolano, Asdrúbal Baptista, no se puede desligar la relación entre el origen y el destino de la renta, pues hacen parte de un mismo proceso.

  2. La renta es un excedente captado por bienes no producidos (básicamente por la asunción de la propiedad de la tierra). Su presencia, circulación masiva y expansión en una economía determinada, estimula de forma extraordinaria que la búsqueda de beneficio económico se oriente a su captura –es más fácil esto que iniciar una inversión que supone asumir todo un proceso productivo en el tiempo y los riesgos de pérdidas económicas. La renta es de captura prácticamente inmediata. Por esto en los rentismos (sobre todo en los petroleros) se producen progresivos relajamientos y desestímulos de los sectores productivos, lo que tiende a intensificar la dependencia y la re-primarización.

  3. Esto ocurre no solo a nivel de empresas e iniciativas productivas organizadas, sino también en el campo social (lo que también ha sido llamado en la teoría económica rent seeking), promoviéndose expectativas y movilidad en torno a la captura de la renta. Los cambios en el uso de la tierra contribuyen a ese proceso de cambios en las prácticas socio-económicas, favoreciendo notoriamente al sector servicios e inclusive al comercio informal.

  4. El petróleo, y en general los hidrocarburos, han sido históricamente uno de los negocios más rentables, que posibilitan mayores procesos de acumulación de capital. Esto ha supuesto que las inversiones tiendan a dirigirse a estos sectores más redituables, abandonando o desestimando otros más de carácter productivo. Cuando ocurre un boom de precios internacionales, esta tendencia se acentúa extraordinariamente. Sin producir un barril de petróleo o un metro cúbico de gas más, súbitamente pueden ingresar enormes excedentes extraordinarios debido al aumento abrupto de los precios de los hidrocarburos. Estos diferentes efectos económicos han sido analizados en el concepto de “enfermedad holandesa”, que en tiempos anteriores también fue denominado “efecto Venezuela”.

  5. A medida que la economía se va volviendo más rentista, los sectores productivos tienen aún menos capacidad para revertir estas tendencias, la economía se torna más vulnerable ante la volatilidad de los precios de los hidrocarburos, y el mercado interno se vuelve más dependiente de la importación de productos, mercado que va siendo ensanchado artificialmente por la distribución masiva de la renta.

  6. El modelo extractivista petrolero se caracteriza por una muy alta concentración de los ingresos. Además, en los ‘Petro-Estados’ y los esquemas de poder político que se forman en torno a estas economías, se genera una estrecha relación entre hegemonía política y distribución de la renta petrolera, muy evidente en la forma histórica de la política venezolana, o en la tradición política del Movimiento Popular Neuquino. Esto implica el uso de la renta con fines demagógicos o para garantizar victorias electorales. Del mismo modo, cuando hay boom de precios se prometen desarrollos alucinantes, pero cuando cae el precio retoman el discurso de la necesidad de “desarrollar los sectores productivos”, hasta que llega el siguiente boom y lo abandonan. Por otro lado, la muy alta concentración de los réditos desarrolla un esquema de poder muy vertical, difícil de interpelar, por lo que se crean condiciones para la formación de poderosas tramas de corrupción. En suma, los “sembradores del petróleo” suelen estar inscritos o enmarcados en estas estructuras de poder.

La lógica extractivismo/rentismo tributa a su propia perpetuación, hasta que, pasado el tiempo, se ha producido el relativo agotamiento de los recursos de la zona y la pérdida de rentabilidad. El proyecto VM, con las dimensiones propuestas, transformaría radicalmente las economías locales –por lo que no es posible la convivencia entre sectores–, intensificando la dependencia y su vulnerabilidad social y económica. Esto no es cualquier cosa: la apuesta rentista, hoy, es más riesgosa que nunca, en un mundo con una muy alta inestabilidad económica y con bienes comunes naturales muy degradados y agotados. Lamentablemente, caminamos en sentido contrario a la soberanía alimentaria.

Faja Petrolífera del Orinoco. (Archivo)

La apuesta rentista en tiempo de energías extremas,
el espejo de la Faja Petrolífera del Orinoco

Recorrer el Añelo de hoy (el centro operativo de Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén), para un venezolano, puede dar cierta sensación de escalofríos. Se me ha hecho inevitable pensar en Caripito, Lagunillas, o hasta Maracaibo, en Venezuela. El escalofrío de ver como se estaría repitiendo la historia de una promesa que nunca llegó, pero que dejó en los territorios unos impactos que nadie revirtió, nunca. Esto incluso, al igual que Añelo, ha pasado en los últimos años en San Diego de Cabrutica, en la llamada Faja Petrolífera del Orinoco (FPO). Migraciones, derrames petroleros y escasez de agua, campesinos y pescadores que abandonan sus prácticas para trabajar en los taladros, crecimiento de la economía de servicios y el comercio informal, cercamientos y segregación espacial con predominio de la industria y sus empresas de servicio, desigualdades sociales y poca atención a los impactos de la industria, incremento de la prostitución y la criminalidad, y así un largo etc. Historia que se nos está repitiendo, a casi 100 años de comenzar la experiencia.

El presidente Chávez montó el proyecto del Socialismo del Siglo XXI sobre la explotación de no convencionales de la FPO; es decir, optó por la apuesta rentista, pero ahora en tiempo de extractivismos extremos. Se anunciaba que tenemos las mayores reservas de petróleo del mundo, que ahora sí que tenemos las tecnologías para desarrollarlas, que se haría una explotación amigable con el ambiente, que se requerían unos 250 mil millones de dólares de inversión y que se configuraría un polo productivo alrededor de la Faja –¿le suena esto familiar?–, siendo que alcanzaríamos una producción de 4 millones de barriles diarios en 2021, para un total de 6 millones a nivel nacional, llevándonos a convertirnos, ahora sí, en una ‘potencia mundial’.

Poco se habló de que se trata de una explotación más costosa –y con costos en constante incremento– y que depende de un precio internacional del crudo alto y estable para ser viable económicamente; que se usa una cantidad enorme de agua para generar un barril de crudo (de 3 a 4 barriles de agua); que los consumos de energía son dantescos; que tendría impactos mucho más importantes en los ecosistemas y territorios intervenidos; y por tanto que las exigencias de este proyecto son mucho mayores. Es decir, que a medida que comenzamos a depender más de estos crudos (y en la actualidad deben ser un 60% del total extraído en el país) acentuamos nuestra vulnerabilidad y dependencia a este histórico modelo.

Poco se habla también, de que uno de los factores de la crisis que se vive hoy en Venezuela, está también determinada por esta apuesta rentista en tiempos de energías extremas –¡y de crisis global! Perder esta apuesta se paga más caro.

Añelo / Marion Esnault

Los límites ecológicos y el problema de la distribución
para pensar en alternativas

Más allá de los elementos que hemos propuesto para pensar los límites e inviabilidades de los rentismos hidrocarburíferos, lo que está en juego, en un lugar primario, son las condiciones de vida socio-ecológica de los territorios. Explotaciones como la de VM tienen y tendrán impactos ambientales considerables, lo que ha provocado que países (como Francia y Bulgaria) o provincias de otros países en el mundo hayan apelado al principio de precaución para prohibir o detener la práctica del fracking. El impacto en las fuentes de agua de las poblaciones locales –por ejemplo, al usarse numerosos componentes tóxicos en los procesos de fractura–, se suman a otros impactos que ya se han venido desarrollando con el tiempo, como la afectación de tierras y animales por derrames, indolente disposición de desechos provenientes de los procesos de extracción, impactos por la quema de gas, impactos a la salud de los pobladores (como enfermedades respiratorias), y sobre todo, decir “más combustibles fósiles” ante el muy grave problema del cambio climático y el compromiso adquirido por la Argentina en el Acuerdo de París (2015).

Como ya hemos afirmado, no hay ningún “futuro productivo” en un territorio donde las fuentes de vida, la productividad de los ecosistemas y particularidades socio-culturales de la zona son socavadas por la actividad extractiva.

¿Qué hacer? El problema no deja de ser complejo pues existen múltiples factores implicados y muchos intereses de por medio, pero las consecuencias son muy altas y es absolutamente necesario e imperioso buscar alternativas. Las autoridades, en toda América Latina, sean de derecha, izquierda o centro, justifican estos proyectos en nombre del empleo de tecnologías de punta que harían explotaciones limpias o con el menor impacto ambiental. Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario y las zonas que han sufrido la explotación petrolera son zonas hoy con altos niveles de devastación. Las explotaciones no convencionales están dejando en todo el mundo grandes impactos, en muchos sentidos irreversibles. Además, en plena crisis económica global –y en esta especie de guerra comercial–, empresas y gobiernos buscan recuperar al máximo las tasas medias de ganancia, desregulando controles ambientales y abaratando gastos de cuido de los ecosistemas.

En relación a la cuestión económica, en busca de legitimidad se habla de la necesidad de impulsar estos emprendimientos para la captación de nuevas y más divisas para impulsar el desarrollo, o bien para la generación de energía para el mercado interno. No obstante, en esta insistencia se evade recurrentemente discutir que, en vez de solo captar más renta, lo esencial es analizar cómo se distribuyen los excedentes y riquezas ya existentes; para quiénes, a qué grupos y prácticas favorecen, qué formas económicas y consumos estimulan o desestimulan. La arquitectura de distribución de los excedentes económicos suele ser una expresión del sistema extractivista y las consecuencias que provoca.

¿A quiénes favorece el sistema tributario argentino? ¿Cómo cambiar el sistema de subsidios que en cambio privilegia al sector hidrocarburífero? ¿Qué usos de la tierra pudieran más bien contribuir a la soberanía alimentaria, en vez de al extractivismo exportador? ¿Qué tipo de importaciones pudieran ser más favorables para una transición como esta? ¿Cuáles de los yacimientos convencionales del país se pueden recuperar? ¿Cómo reducir la dependencia de los hidrocarburos en la matriz energética argentina y tributar en cambio hacia transiciones hacia las renovables con mayor descentralización?

Por otro lado, pensar en la renta petrolera como obstáculo supone también pensar en que la circulación masiva de la misma (sobre todo en tiempos de booms) tiene efectos perniciosos sobre las economías locales, como ya se ha explicado anteriormente. Los noruegos aprendieron de la experiencia venezolana y por eso crearon el Government Pension Fund Global, fondo petrolero soberano que busca mantener al margen de la economía nacional una proporción de los excedentes (considerados como “ganancias exorbitantes”) que puedan generar las ya conocidas distorsiones y desequilibrios que tantos perjuicios económicos, culturales y políticos han provocado.

Estos diversos enfoques en realidad se orientan a neutralizar el rentismo, buscando además desmentir la idea de que el dinero puede resolverlo todo. En este sentido, la revisión de la distribución de las riquezas también debe tomar en cuenta la distribución ecológica. Esto es, la forma como los bienes comunes naturales, sus usos y gestiones, se distribuyen socialmente, y a cuáles fines económicos, sociales y culturales se orienta. Esto abarca una consideración de los valores ecológicos cuando se evalúa la viabilidad de las iniciativas económicas –¿pasaría VM una evaluación de viabilidad en relación a la huella hídrica y la sostenibilidad en relación al acceso al agua para ésta y las próximas generaciones?–, así como las formas en las cuales se puede tomar en cuenta la riqueza de la vida ecológica existente para la reproducción de la vida de las poblaciones de los municipios y las provincias del país.

Como se ve, no se trata solo de un debate sobre un proyecto específico, sino sobre todo el modelo de desarrollo. Estos complejos factores deben ser tomados en cuenta, ya que nos encontramos en una situación límite en la cual convergen los mayores riesgos de la apuesta rentista en tiempos de energías extremas y el agravamiento de las condiciones ambientales en los territorios, provincias, países y el planeta.

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo, investigador del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes-UCV), miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela y doctorando en Ciencia y Tecnología Ambiental en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Cuaderno: Energía… ¿para qué? ¿cómo? ¿a qué costo?

Nueva publicación de la UnTER

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Prólogo

Lo ambiental ha sido siempre parte de las preocupaciones de la UnTER, desde las condiciones del ambiente escolar, hasta las de la comunidad educativa en sus distintas escalas territoriales: el barrio, el municipio, la provincia.

Con los años ha habido una conciencia cada vez más clara de que las cuestiones ambientales están íntimamente ligadas no solo a las condiciones de vida de nuestrxs estudiantes, sino que también son parte de una disputa estratégica por el acceso y apropiación de los bienes naturales comunes, esenciales para la vida en dignidad de nuestros pueblos.

Por ello, hace cuatro años la UnTER decidió dar un paso cualitativo con la fundación del Departa­mento Provincial Socioambiental Chico Mendes, dentro del marco de la Escuela pedagógico-sindical-políti­ca-ambiental Rodolfo Walsh. Desde este espacio se viene trabajando sistemáticamente a través de diversas acciones -publicaciones, jornadas de formación, Congreso Socioambiental, encuentros provinciales del De­partamento- sobre las distintas problemáticas y conflictos ambientales que atraviesan la provincia, como la agroindustria, contaminación del agua, minería, hidrocarburos.

A lo largo de estos años los conflictos se fueron agravando y profundizando, pero también se multi­plicó en todo el territorio la lucha y las acciones de resistencia a esta lógica extractivista y depredadora: asambleas de vecinos contra el fracking, campañas por la restitución de la Ley Anti-cianuro, movilizaciones en defensa del agua y el río, rechazo a basureros petroleros, denuncias y acciones frente a múltiples casos de contaminación, entre otras muchas acciones con las cuales la UnTER se comprometió fuertemente brin­dando apoyo, difundiendo, visibilizando, generando materiales y espacios de debate.

A nivel nacional, 2017 nos volvió a encontrar en un contexto de lucha ambiental en el que, además de profundizarse la apuesta por el modelo extractivista –por ejemplo, reduciendo o eliminando impuestos a la agroindustria y la minería-, vemos que con el aval gubernamental estos sectores avanzan decidi­damente sobre el campo educativo, ya no solo bajo la forma encubierta de donaciones, visitas escolares o propuestas de capacitación docente, sino directamente a través de los contenidos curriculares de todos los niveles del sistema.

Este también fue un año clave para las luchas ambientales en nuestra provincia. Frente el avance de la frontera hidrocarburífera, en los primeros meses de este año la iniciativa popular logró la prohibición del fracking en casi todos los municipios a lo largo del Río Negro. Pero el inicio de 2017 también nos colocó frente a otro gran desafío, tanto o más serio que el del avance del fracking: la decisión del gobierno provin­cial de aceptar la instalación de una planta nuclear de tecnología y capitales chinos en la costa rionegrina.

La presión y movilización popular obligaron a dar marcha atrás con el proyecto mediante una Ley provincial que prohíbe la instalación del tipo de centrales que se pretendía construir, pero continúan los in­tentos desde el gobierno local hasta las más altas esferas nacionales por anular la Ley. Por otro lado, sigue la amenaza de la minería de uranio en la provincia y hace pocos días se derogaron ordenanzas que prohi­bían el transporte y almacenamiento de residuos y elementos radiactivos en la localidad de Sierra Grande.

En este contexto, en noviembre de 2017 realizamos en Tercer Encuentro Provincial del Departamen­to Socioambiental Chico Mendes, tomando como eje principal la discusión energética: “Energía: ¿Para qué? ¿Para quién? ¿A qué costo?”. Para dar cuerpo a este debate contamos con la invalorable contribución de compañeros de OPSur, del Taller Ecologista y de BIOS-RENACE, quienes aportaron a la discusión desde su conocimiento técnico y compromiso militante.

En las páginas que siguen presentamos una transcripción abreviada de las exposiciones que se dieron durante el Encuentro. Al final de esta publicación brindamos referencia a material bibliográfico para quie­nes tengan interés en profundizar sobre el tema.

¡Buena lectura!

Equipo provincial del Departamento Socioambiental Chico Mendes

Escuela Rodolfo Walsh – UnTER

Contenido

3- Presentación

4- Prólogo

7- Introducción

11- Capítulo 1: ¿Nuclear? Una historia de engaños, ocultamiento y abandono  [Silvana Buján, BIOS – RENACE]

21- Capítulo 2: Fracking en Argentina: Impactos, economía y democracia. Debates urgentes y necesarios para la transición  [Fernando Cabrera, OPSur]

33- Capítulo 3: Aportes para una Transición Energética. Desafíos y oportunidades de las Energías Renovables  [Jorge Chemes. Taller Ecologista – OES/UTN]

41- Fuentes y bibliografía de interés

Organizaciones rechazan la extracción de arena para fracking en Vaca Muerta

Desde una empresa se informó sobre el despacho de arenas a Vaca Muerta.

Organizaciones ambientalistas y sociales de Entre Ríos y de otras provincias argentinas dieron a conocer este lunes un documento que denuncia el avance de actividades extractivistas en la región. Concretamente, señalan el proyecto de construcción de un puerto, en Diamante, para extraer arenas silíceas con destino a Vaca Muerta. Texto completo del documento:

Las organizaciones que trabajamos en defensa de nuestro río en toda su rica extensión, como una vena natural que alimenta la esperanza de un futuro sustentable, nos vemos hoy en la obligación de llevar al debate público una situación que pone en contradicción el decir y el hacer de los Gobiernos, en este caso de la provincia de Entre Ríos.

Con creciente preocupación observamos el avance de las actividades extractivas en nuestra región con la imprescindible anuencia de las autoridades provinciales y municipales.

Hace pocos días se dio a conocer a través de los medios de comunicación un nuevo emprendimiento que hace foco en la ambición extractiva sobre el río Paraná.

La Empresa ‘Arenas Argentinas del Paraná’, como miembro de Jan De NulGroup-líder mundial en actividades de dragado- anunció su desembarco en la ciudad de Diamante, donde prevén la construcción de un puerto para extraer arenas silíceas, que luego serán tamizadas y despachadas directamente a Vaca Muerta. Así lo afirmó el vocero de la Empresa.

Con una inversión de 5 millones de dólares y la promesa de generar 60 puestos de trabajo, el proyecto esconde facetas que necesariamente deben ponerse a consideración en el debate público.

La primera refiere al lugar de extracción. Se trata del Río Paraná en el área de amortiguación del Parque Nacional Pre Delta -hoy Sitio RAMSAR- protegido especialmente en función de sus humedales, de un incalculable valor natural ya no sólo para nuestra región, sino para todo el planeta, en virtud de una premisa incontrastable: defender el agua es defender la vida.

En ese sentido, además, hay una fuerte contradicción del Gobierno Provincial: mientras Entre Ríos fue la primer provincia en prohibir la fractura hidráulica para la extracción de hidrocarburos en abril de 2017, se presenta como una rica proveedora de arenas con destino a una práctica de consecuencias fatales que aquí fue celebradamente vedada.

El destino de la arena en este caso, lo dijo la empresa, es Vaca Muerta, la principal formación geológica de Argentina, tanto de shale oil o petróleo de esquisito y shale gas o gas de lutita.

Las arenas silíceas resultan un insumo esencial para las actividades extractivas hidrocarburíferas y se han convertido en el ‘nuevo oro’.
Haber prohibido el fracking -una actividad altamente contaminante y depredadora- en todo el territorio provincial no representa impedimento para las empresas y para las autoridades que legitiman estas extracciones en la región. Más aún, los impactos ambientales, sociales y en la salud que conlleva esta actividad no son abordados de manera integral.

PieterJan De Nul, representante del grupo belga, manifestó la importancia de los puestos de trabajo para la población de la zona. De lo que no hay referencias es de los riegos que asume un trabajador de la especialidad. Silicosis se llamala enfermedad pulmonar irreversible producida por el contacto continuo al inhalar un polvo que contiene pequeñas partículas de un material duro que se denomina sílice –presente en altos porcentajes en este tipo de arenas-.

Como organizaciones que trabajamos día a día en función de construir e imaginar una transición democrática hacia sociedades sustentable, es que necesitamos compartir esta preocupación frente a un proyecto del cual sólo se conoce su finalidad extractivista, pero se carece de la debida información pública respecto a sus alcances y contenido de los estudios de impactos ambientales. Tampoco existe, en este proceso, ninguna iniciativa tendiente a la participación ciudadana, por lo que en definitiva no respeta las normas y los sentidos más valiosos establecidos en nuestra Carta Magna para el cuidado del patrimonio común de todos los entrerrianos.

Por esa razón, las organizaciones aquí firmantes exigimos respuestas a nuestras oportunas solicitudes de información y nos declaramos en estado de alerta para defender el valor más preciado que tenemos en nuestra región: la fuerza de la naturaleza y la verdad del agua.

Fundación CAUCE Cultura Ambiental Causa Ecológica; Movimiento por Entre Ríos Libre de Fracking; Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) Buenos Aires; Taller Ecologista, Rosario; Foro Ecologista de Paraná; Observatorio Petrolero Sur; Casa Río, La Plata; Red Delta; Taller de Comunicación ambiental, Rosario; El Paraná No se Toca, Rosario; Programa de Extensión “Por una nueva economía, humana y sustentable” de la carrera de Comunicación Social de la UNER; Proyecto Tierra, Paraná; La Tribu del Salto, Paraná; Foro Ambiental Waj Mapu, Chajarí; Asamblea Paraná sin Agrotóxicos; Colectivo de Trabajadores por la Ventana.

Análisis Digital

La obesidad energética en Venezuela y el metabolismo social

Imagen: quepasa.com.ve


Por / Observatorio de Ecología Política de Venezuela

La gula energética de Venezuela

Con base en los datos de la OPEP, sabemos que un litro de gasoil ha tenido un costo de oportunidad para la República Bolivariana de Venezuela de entre 0,27 $/litro y 0,39 $/litro, mientras que el costo del litro de fueloil ha estado entre 0,27 $/litro y 0,38 $/litro. En el estado petrolero del Zulia, se genera electricidad mayoritariamente con gasoil y fueloil. Considerando los datos de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), se estima que el kilovatio/hora, en el estado Zulia, ha tenido un costo de producción, por quema de combustible, entre 6,8¢/kWh y 10,7¢/kWh (centavos de dólar por kilovatio/hora generado). Estos costos son muy volátiles ya que dependen del precio internacional del crudo OPEP que, durante el año 2.012, alcanzó un precio de hasta 109,45 $/barril, lo que implicaría un costo del kilovatio/hora, por combustible, de 18,21 ¢/kWh. Es decir, el margen de variación del costo de la energía eléctrica en un país con gran penetración de combustibles fósiles en su matriz energética es muy amplio y está sujeto a las leyes de mercado. Dejando de lado el costo de oportunidad, el costo de producción del gasoil y fueloil en Venezuela está alrededor de los 2,7 bolívares por litro, lo que al cambio oficial se traduce en 0,014 $/litro (tanto fueloil como gasoil). Por lo tanto, considerando solo los costos por quema de combustible, el kilovatio/hora en el estado Zulia cuesta a Corpoelec 0,37 ¢/kWh.

El estado Zulia, además de ser un estado petrolero, tiene el mayor potencial en energías renovables del país, particularmente en la subregión Guajira, de acuerdo a las mediciones realizadas por Corpoelec. Sin embargo, se ha cubierto la creciente demanda del estado Zulia con un 97,4% de recursos fósiles y solo un 2,6% con renovables. Esto se debe al bajo costo relativo del combustible doméstico y a que la inversión requerida para instalar un megavatio de turbinas convencionales está entre 50% y 75% por debajo al de generación eólica. Pero fundamentalmente, esto se ha debido a la ineptitud y falta de visión estratégica de la actual burocracia del partido socialista unido de Venezuela (PSUV), en el poder desde Marzo de 2013. Esta situación se replica en otros países petroleros, miembros de la OPEP.

El consumo de petróleo en los países productores de petróleo se incrementará en 2040 en un 32% con respecto a la demanda en el año 2015. A nivel mundial, la demanda crecerá, durante este mismo intervalo, en un 20,4%. Es decir, el mayor crecimiento en la demanda energética para los próximos años se presenta en países con abundantes recursos, tanto renovables como fósiles. Al estudiar el comportamiento de estos países entre 1990 y 2013, hemos encontrado que entre los países netamente exportadores de energía el 61,1% presentan una intensidad de emisiones de CO2 superior al promedio mundial, mientras que en los netamente importadores solo 16,2% supera el promedio mundial de intensidad de emisiones. Resultados similares se obtienen para la intensidad energética, donde el 61,1% de los países exportadores y el 18,9% de los importadores de energía, superan el promedio global, respectivamente. Es decir, los países productores de energía (Venezuela, entre ellos) son mucho más ineficientes en el uso de la energía, como en el cuerpo humano, podría decirse que tienen un metabolismo más lento y consumen muchas más calorías para un menor esfuerzo productivo y, como los seres humanos, más que desarrollarnos en Venezuela con nuestros excedentes de energía, lo que hacemos es engordar y alcanzar una obesidad mórbida entre 2003 y 2012 de la cual ahora nuestra economía se ha hecho incapaz de procesar los excedentes de glucosa (energía, petrolero, electricidad) de forma productiva y padecemos ahora una especie de síndrome X económico, tenemos todos los males de una economía arruinada, nuestro metabolismo social está acabado.

¿Qué es esto del metabolismo social? ¿Qué tiene que ver con Venezuela?

La primera utilización del término metabolismo en el ámbito social se atribuye a Karl Marx (1818-1853), quien leyó extensamente a naturalistas de su época entre los que influyó, particularmente, un autor holandés llamado Jacob Moleschott (1822-1893), quien fuera reconocido ampliamente por un libro llamado “El ciclo de la vida”, escrito en el año 1852. Marx derivó del naturalismo el concepto de metabolismo, que utilizó como una de sus principales categorías en el análisis y teoría crítica sobre el capitalismo. En este sentido, Marx define al metabolismo social como el proceso a través del cual la humanidad transforma a la naturaleza externa y, durante ese proceso de transformación, también modifica su propia naturaleza y estructura social interna. La forma en que la transformación de la naturaleza externa afecta a la naturaleza de la sociedad se manifiesta en las formas concretas de organización de la sociedad global, su estructura energética, su estructura económica, su industria y las relaciones entre las sociedades de productores de materiales y energía y las sociedades de consumidores.

Considerando el concepto de Marx, nos hemos transformado como sociedad venezolana, eso es muy cierto. Entre 2003 y 2012, hemos pasado a ser el país más derrochador de energía eléctrica en América Latina, pero nuestro producto interior bruto no crecía por una mayor productividad sino por los precios del petróleo y el único motor encendido era el de la renta petrolera, el resto sólo fueron recostándose a éste y apagando su combustión interna para dejarse llevar por el inmenso influjo de petrodólares. El consumo de energía era un 70% improductivo, un gasto energético en televisores, equipos de video, equipos de sonido, secadoras de pelo, computadores portátiles (mayormente para Facebook, Twitter, YouTube y otros) calentadores de agua en Maracaibo y Aires Acondicionado en Los Andes, mientras se racionaba la energía a las industrias básicas de Guayana para mantener estos niveles de consumo ¿Es este un comportamiento racional? Hemos intoxicado nuestra economía con grasas saturadas, carbohidratos (¿hidrocarburos?) y una especie de gluten político que hizo a un pueblo adicto a las dádivas petro-dolarizadas, como en los casos de “Mi Casa Bien Equipada”, que incremento la cantidad de televisores y aires acondicionados en Venezuela hasta 10 veces por encima que antes de implementarse, sin ninguna consecuencia en educación ni calidad de vida de los venezolanos, todo grasas, todo engorde, todo obesidad energética.

Nuestra sociedad se ha transformado destruyendo nuestro entorno natural, miles y cientos de miles de pozos petroleros en el Zulia abandonados para abrir pozos nuevos en zonas ambientalmente frágiles en la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), proyecto nefasto para la economía del país. Como los reyes católicos de la España medieval, tragamos petróleo del Zulia para vomitarlo , desecharlo y tragarnos el petróleo de la FPO, todo consumo, todo gasto, nada de inversión o nada de proteínas y gasto energético productivo. Mucho autores especialistas en metabolismo humano y nutrición hablan del cerebro de gordo, otros hablan del cerebro de pan. En Venezuela, entre 2003 y 2012 desarrollámos el “Cerebro de Brea”, nos hicimos adictos al chute de energía gratis en la electricidad, en la gasolina, en el gas y solo engordamos, hemos caído en una obesidad de la cual no vemos más salida sino comer y comer más energías contaminantes. El gobierno de Nicolás Maduro solo visualiza salidas por medio de más rentismo, extracción de Carbón, extracción de gas, aprovechamiento de petróleos pesados en lugar de otros livianos (obesidad y más obesidad energética) y de esta espiral no se sale sin ayuda. Debémos parar y para eso hay que tomar una decisión definitiva y radical para transformar el metabolismo social venezolano, su economía y comenzar a reducir grasas (energía excedente improductiva) actividad sectores productivos eficientes y nuevas alternativas energéticas. Para eso necesitamos una gran voluntad que no veo en el gobierno actual. En Venezuela, se aplica o que la escritora Naomi Klein aplica al mundo entero liberalizado y capitalista, ella dice: “No hemos hecho las cosas necesarias para reducir las emisiones porque todas esas cosas entran en conflicto de base con el capitalismo desregulado, la ideología imperante durante todo el período en el que hemos estado esforzándonos por hallar una salida a esta crisis (…) las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria…” Eso es aplicable al 100% a nuestro República Bolivariana de Venezuela, pseudo-socialista y anclada en el rentismo mas atroz.

REFERENCIAS

KLEIN, Naomi (2015[2014]) Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima. Editorial Paidós. España. pp. 33. Título original en idioma inglés: “This Change Everything” (Simon & Schuster EE.UU).

MARTÍNEZ ALIER, Joan (2009[2002]). El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y lenguaje de valores. España. Icaría Editorial S.A. pp. 345. Título original en idioma inglés: “The environmentalism of the poor. A study of Ecological Conflicts and Valuation” (Cheltenham, U.K.).

MARX, Karl (1977[1867]) El capital. Tomo I. Vol. 1. Editorial Siglo XXI. México. pp. 215-216. Título original en idioma alemán: “Das Kapital” (Alemania)

OPEC,“Share of World Crude Oil Reserves”. Disponible en: http://www.opec.org , consulta:17-09-2015.

Doctor en Sostenibilidad por la Universitat Politécnica de Catalunya, UPC (Barcelona, España), con postgrados en Generación Eléctrica a partir de fuentes renovables de energía (Pamplona, España) y en Ingeniería Energética (Madrid, España). Ha trabajado por más de 12 años en la industria energética venezolana (PDVSA y Ministerio de Energía Eléctrica). Actualmente es Investigador en el Instituto de Organización y Control de la UPC (Barcelona, Catalunya) y profesor invitado en el Centro Socioeconómico del Petróleo y Energías Alternativas de La Universidad del Zulia (Maracaibo, Venezuela). Milita en el Frente de Resistencia Ecologista del Zulia (FREZ).

¿Qué es el extractivismo? Apuntes críticos para un debate necesario

Varios autores muy citados apelan al concepto de extractivismo como explicación de la sociedad latinoamericana actual. En función de las reflexiones, en este artículo se propone un análisis alternativo.

Por Guido Pascual Galafassi y Lorena Natalia Riffo

En las últimas décadas la discursividad sobre la problemática ambiental y territorial se ha visto inundada por el concepto “extractivismo”. Ha entrado en escena superando las disquisiciones previas que remitían fundamentalmente la problemática ambiental a desajustes de planificación, organización o hasta de conductas individuales para poner en el centro de la escena al modelo de desarrollo y sus injusticias geopolíticas o, por lo menos, a ciertos aspectos de dicho modelo como la fuente primordial a partir de donde poder entender la “crisis ambiental” del presente. Sin embargo, previo al concepto de extractivismo los pensamientos más lúcidos y críticos ya habían puesto sobre el tapete la centralidad del desarrollo, pero fueron voces escasas y casi solitarias.

En función de esto nos preguntamos cuál o cuáles son los conceptos más pertinentes para dar un debate dialéctico sobre el proceso de despojo, entendiéndolo como central en la confrontación con el pensamiento científico hegemónico orientado a profundizar la instrumentalización de la naturaleza a escalas cada vez más profundas. A su vez, en esta tarea indagamos qué tipo de importancia tiene, en el contexto actual, recuperar las nociones de capitalismo y lucha de clases y qué nociones o perspectivas podemos incorporar para complejizar este tipo de reflexiones.

Aproximación a la conceptualización extractivista

Varios autores muy citados apelan hoy al concepto de extractivismo como explicación de la sociedad latinoamericana actual. De este modo, al extractivismo debemos tanto la pobreza como las crisis económicas, así como el modelo democrático y de convivencia. Al mismo tiempo, el carácter autónomo del extractivismo, en el sentido que desde esta práctica puede explicarse tanto el patrón de desarrollo como el derrotero político y hasta la división internacional de trabajo, es ampliamente compartido por la bibliografía sobre el tema. Pero además aflora en muchos escritos su carácter novedoso, como nueva forma de producción que si bien puede guardar ciertos lazos con el pasado, asume todas sus características y fuerzas en este presente extractivista. Por otra parte, el carácter autónomo del extractivismo, junto a su novedad, se colige muy ajustadamente con una de las más ilustrativas definiciones de las últimas décadas como es aquella referida a la “sociedad del riesgo”.

En síntesis, el extractivismo, bajo un manto de novedad, se presenta como un modelo autónomo distinguido de otras variables que hasta el momento han sido utilizadas para explicar el sistema dominante. A su vez, al vincular el extractivismo con la globalización y la ruptura con lo local, eclipsa las antiguas teorizaciones sobre la división internacional del trabajo. En función de las reflexiones, y teniendo en cuenta la importancia del rol que ocupa la naturaleza y lo territorial en la constitución de este sistema, proponemos, a continuación, un análisis alternativo.

Un repaso histórico: extractivismo o acumulación

Para percibir y entender toda la complejidad del proceso de relación sociedad-naturaleza-territorio es necesario tomar el proceso extractivo en tanto integrante de un complejo entramado de relaciones, operaciones y procesos que adoptan las formaciones sociales en tanto estrategia de producción, distribución y reproducción de los recursos (naturales y humanos), los beneficios y el trabajo, tal como ya lo explicó Marx en El Capital. Por esto, resulta indispensable pensar al proceso extractivo (en tanto práctica), más que al extractivismo (en tanto fenómeno sustantivo), como una etapa del proceso total de la acumulación. Y como etapa, va sufriendo –al igual que el proceso de acumulación– cambios y transformaciones a lo largo del tiempo, pero siempre en relación con los principios básicos que implican tanto la explotación del trabajo como de la naturaleza (primera y segunda contradicción del capital).

Si el proceso de acumulación capitalista tiene ya casi cinco siglos de existencia es obvio esperar que el proceso extractivo se haya modificado ampliamente, atendiendo especialmente al dinámico ritmo de innovación tecnológica que caracteriza al capital. Sin embargo, esto de ninguna manera implica que con cada renovación se acceda a un nuevo (neo) proceso extractivo ni nuevo (neo) proceso de acumulación. La lógica capitalista que subyace no deja de asentarse en tanto estrategia de explotación y dominación, en la extracción de plusvalía y producción de desigualdad al separar medios de producción y fuerza de trabajo. Como vemos la extracción (expropiación) no es un fenómeno exclusivo de las relaciones entre sociedad y naturaleza y claramente va adoptando una multiplicidad de formas y variantes tanto a lo largo del espacio como a través del paso del tiempo.

La articulación sociedad-naturaleza-territorio debe entenderse como mediación dialéctica. Es la mediación social la forma de articulación existente entre los mundos físico-biológicos y el mundo humano (que incluye dialécticamente al primero), y es irremediablemente mediación pues cada uno de ellos, si bien conforman la unidad diversa naturaleza-cultura/historia, se configura en base a premisas particulares y características singulares. Esta articulación sociedad-naturaleza-territorio y esta unidad dialéctica de la existencia implica siempre el aprovechamiento de la naturaleza por la sociedad más sus diversas formas de representarla y la consecuente construcción social de un territorio.

El ser humano en sociedad tiene, desde siempre, la capacidad de “trascender histórico-culturalmente” las leyes ecosistémicas, convirtiéndose así en sujeto que interactúa con la materia y el espacio, los piensa y los transforma. Esta transformación implica la valorización y utilización de esta materia, la representación y extracción de componentes de la naturaleza y los resignifica al introducirlos en su propio proceso de producción y reproducción en relación siempre a un régimen de acumulación predominante (material y simbólico); procesos que contienen al mismo tiempo la construcción de uno y múltiples territorios. Esta transformación permanente y creciente, implica necesariamente un proceso social, histórico y cultural de construcción del territorio a partir de un espacio dado naturalmente o ya previamente transformado, un territorio así, que se hace moldeando y remodelando el espacio natural en pos de su aprovechamiento.

Esta construcción y reconstrucción territorial se hace siempre sobre la base de la extracción de recursos de la naturaleza, extracción que es inherente al ser de lo humano sobre la tierra, pero que se enhebra en cada momento histórico y en cada espacio con determinados patrones de acumulación que son aquellos que definirán tipo e intensidad de esta extracción. Así, el proceso de extracción nunca es la variable independiente del proceso. Y esta construcción está mediada también por la conflictividad, dadas las relaciones antagónicas inherentes a toda sociedad de clases y que configuran un determinado proceso y modo de acumulación.

En cuanto al proceso socio-histórico regional podemos confirmar que la historia del desarrollo de los países latinoamericanos ha sido definida primariamente por la ecuación capital–recursos naturales/territorio, por cuanto emergieron al mundo moderno con un papel predominante de dadores de materias primas, ya sea recursos minerales o agropecuarios. La cita de Cristóbal Colón en su Diario de Viajes no deja lugar a dudas: “Yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vide que algunos dellos traían un pedazuelo colgando en un agujero que tenían a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un Rey que tenía grandes vasos dello, y tenía muy mucho” (porque) “del oro se hace tesoro, y con él quien lo tiene hace cuanto quiere en el mundo y llega a que echa las ánimas al Paraíso”. Es claro que el mismísimo “descubrimiento” y colonización llevaba en su impronta el objetivo de aprovecharse de los recursos materiales y humanos disponibles en las tierras más allá del Viejo Mundo para que sirvieran de incentivo y estímulo al proceso de acumulación capitalista de la Europa moderna naciente.

El hoy llamado extractivismo es en realidad intrínseco, cuanto menos, a la modernidad misma y muy especialmente al “nacimiento” de Latinoamérica y el resto de la periferia como resultado de la expansión europea moderna. Decimos “cuanto menos” dado que, y como afirmamos más arriba, el ser humano como especie se constituye cultural e históricamente a partir de su capacidad diferencial para la utilización de la naturaleza a través del proceso extracción-producción-consumo.

Es sin dudas en la modernidad cuando el usufructo de la naturaleza y el espacio se intensifican exponencialmente para ponerlo al servicio de la ganancia. Es que la territorialización capitalista es, por propia definición, sinónimo de instrumentalización diferencial del territorio que conlleva en sí mismo los mecanismos extractivistas. Extractivismo significa no solo extraer componentes de la naturaleza para el sostenimiento, sino una extracción asociada con el proceso de acumulación, ganancia y desigualdad de clases.

El extractivismo de la modernidad capitalista es consecuencia precisamente de la racionalidad instrumental que se constituye con la propia modernidad y no sólo en las últimas décadas neoliberales. Instrumentalidad, por cuanto la naturaleza pasa a ser primordialmente un objeto de usufructo en tanto instrumento esencial para la construcción del “confort” (ideario de felicidad según la razón subjetiva), en el sentido en el que ampliamente lo desarrollaron Theodor Adorno y Max Horkheimer a mediados del siglo XX.

Este extractivismo que responde a la maximización de las ganancias variará en su expresión y modo de articulación a medida que los procesos de producción económica y reproducción social y política vayan evolucionando, de manera que lo que ayer no era extraíble o transformable, hoy sí ya pueda serlo; y de lo que ayer no era una necesidad, hoy se erija como tal. Entonces, lo que ha variado en estas últimas décadas, además de las herramientas tecnológicas, fue una presencia complementaria en mayor o menor medida de algún proceso parcial de industrialización y la consolidación de un determinado tipo de consumo. De ahí que aquellos que la definen como extractivista (o neoextractivista) están de alguna manera soslayando la historia latinoamericana y de la propia modernidad, planteando como novedad un proceso que define a toda la trayectoria de “acumulación dependiente” del subcontinente americano.

En relación al concepto de neoextractivismo que algunas posiciones esgrimen como noción diferenciadora, vale recordar que desde una perspectiva dialéctica referir un momento en base al prefijo “neo” es por sí mismo obvio y evidente, por cuanto la dialéctica implica precisamente una dinámica cambiante. Por lo tanto, lo “neo” resultaría redundante, debido a que cada nuevo momento del proceso dialéctico implicaría un “neo”-momento. Solo desde miradas que fijan la realidad y la conciben más bien estática, asume el prefijo “neo” algún sentido por cuanto con él se refieren al cambio como una novedad. Claramente no es el caso si entendemos al proceso extractivo como un componente esencial del proceso de acumulación moderno, en donde el cambio y la novedad son unas de sus definiciones fundantes. Más que hablar de “neo” quizás sería más preciso definir como “ni todo nuevo, ni siempre igual”. Seguir leyendo ¿Qué es el extractivismo? Apuntes críticos para un debate necesario

¿El ajuste como política ambiental?

 5 de junio, Día del Medio Ambiente. El gobierno de Cambiemos ha intentado presentar el tarifazo como una medida de ahorro energético y ecológico. ¿Puede tratarse el ajuste fiscal como un paradigma de política de Estado de carácter ambiental? 
Los “macritips” fueron la respuesta popular al eficientismo tecnocrático.
Por Eduardo Soler / ComAmbiental

Desde el comienzo de su gestión, la suba de las tarifas de distintos servicios públicos (electricidad y gas, principalmente) vino acompañada por un discurso que justificaba tal decisión en medidas de eficiencia energética. Con el reciente veto a la Ley que frenaba los últimos tarifazos, tal ideario de la racionalización total se ha exacerbado en la agenda pública.

Ya se ha comentado que el énfasis en la necesidad de ahorro se encuadra en un ideario liberal, en la cual se presenta a la crisis ecológica como “un problema de todos” y que para ello es necesario sólo “concientizarse”. De este modo, se individualiza un asunto complejo a la vez que se difuminan las responsabilidades sin tener en cuenta las disparidades sociales existentes.

Como se expresa en el último discurso del Presidente Mauricio Macri: “La única manera de lograr un cambio profundo y verdadero -en el tema energético- es que cada uno haga su parte, porque no se trata de sacar sino de poner y de ceder en algo para que gane el conjunto; el conjunto es Estado, empresa, sociedad y dirigencia política”.

Así, la última presentación por cadena nacional disparó una serie de críticas que llevaron a ponderar medidas de eficiencia energética racionales hasta el punto de lo tragicómico e irrisorio. La propuesta de adoptar el uso de las lámparas led no es una mala medida en sí misma, pero la insistencia en este punto termina desvirtuando su importancia en un contexto de ajuste.

En efecto, otro punto destacable del discurso liberal es su visión tecnocrática. No hace falta replantearse el modelo económico en profundidad, lo cual demandaría trastocar intereses corporativos, sino tomar conciencia de manera individual para incorporar las tecnologías más modernas que nos conducirán a resolver el problema.

Otra vez en el mensaje de Macri: “durante años nos hicieron creer que los subsidios a la energía eran gratis, que la energía es barata, que no cuesta”. Y por ello fuimos irresponsables en no adecuar nuestros consumos y tecnologías: “Esa mentira nos impidió tomar conciencia del valor real de la energía y no la supimos cuidar”.

No obstante, reducir la crisis energética a un problema de elecciones individuales deja por fuera otras medidas más estructurales. Desde la reglamentación vía normativa del uso de lámparas hasta la discusión de las cifras de rentabilidad que pretenden ganar las empresas que producen y distribuyen la electricidad y el gas en nuestro país.

Estuctura

Así las cosas, las medidas de eficiencia energética presentadas en el discurso pretenden encubrir políticas que sólo tienen como objetivo el ahorro fiscal, más ahora en el contexto del debate por el regreso de Argentina al control del FMI. En palabras de Macri, se trata de “ir reduciendo el déficit fiscal para así no depender más del endeudamiento externo y no generar más inflación”.

En tal sentido, la política ortodoxa implica cumplir con ciertas metas de reducción de subsidios públicos, pero garantizando o aumentando la rentabilidad del sector empresario. De las primeras medidas del gobierno de Cambiemos, la quita de retenciones a la megaminería y los productos del agronegocio han significado acumulación empresarial y déficit para el Estado.

Se trata también del paradigma liberal de la riqueza de las naciones mediante con sus consabidas “ventajas comparativas”, por la cual Argentina tiene que profudizar aún más un modelo agro-minero exportador. O, como diría Eduardo Galeano, el hecho de que algunos países se especializan en ganar y otros como el nuestro “se especializan en perder”.

La apertura sin restricciones de la economía en este punto nos lleva a un amento de las importaciones de bienes con valor agregado (como los industriales) que debilitan la frágil producción nacional. Y en este punto fundamental, tal modelo económico es insustentable y atenta contra el ambiente, ya que genera mayores cargas ecológicas al planeta que otra economía basada en la producción local.

Un ejemplo puntual pueden ser la importación de autos de alta gama, que aumentó debido a la baja de los aranceles a la importación. Además de no favorecer un posible desarrollo a largo plazo de una industria propia (o mejor aún de un sistema de transporte público), se trata de bienes para un sector muy reducido de la población, que profundiza el déficit de la balanza comercial.

Esto último, en un régimen denominado de “restricción externa” hace que el dolar se encarezca y por la propia dinámica económica este consumo de lujo termina repercutiendo en los sectores populares. Ya que la producción se piensa en términos de agronegocios y no de soberanía alimentaria, el valor del dolar impacta en la canasta básica de alimentos en bienes como el pan de cada día.

En síntesis, el ahorro fiscal que conlleva un ajuste (como el tarifazo) sumado a la apertura de la economía nos llevan a reducir la producción local, en particular de las PyMEs. Ello sin dudas conduce a un modelo insustentable y poco eficiente -también en el aspecto energético- que esconde y acentúa desigualdades estructurales para los cuales no alcanza la sola conciencia individual.

Los tarifazos que ponen en problemas a pequeñas empresas que constituyen el bastión de la economía local ponen en riesgo un principio fundamental de la economía ambiental y ecológica.

Leer también:
Cambiando ecología por ahorro (5 de junio de 2016).

Seguir leyendo ¿El ajuste como política ambiental?

El Comando Sur en Neuquén

Tras conocerse la reciente injerencia de este comando militar de los Estados Unidos en la provincia de Neuquén, la profesora Elsa M. Bruzzone, Secretaria del Centro de Militares por la Democracia Argentina (CEMIDA) y especialista en geopolítica, compara y analiza la forma en que este opera en los países latinoamericanos para llegar de una progresiva presencia en el país en temas civiles, a una intervención militar negociada.

Por Elsa M. Bruzzone.- Hace unos días nos enteramos de la infausta nueva: El Comando Sur de los EEUU lograba imponer, luego de un primer intento abortado en el año 2012, su objetivo de hacer pié en nuestro país para disponer una base militar en la Provincia de Neuquén. Durante el año 2017 el entonces embajador norteamericano interino Tom Cooney había recorrido la Provincia y ratificado la intención de reactivar la construcción de la base. Al mismo tiempo destacó las inversiones que Chevron y Exxon Mobil realizaban en Vaca Muerta. Los medios de comunicación provinciales informaron, en la semana del 7 de mayo, que un grupo de “técnicos” norteamericanos habían arribado la Provincia para construir las instalaciones, donadas por el Comando Sur bajo la figura de “Ayuda Humanitaria”, donde funcionará la Defensa Civil Provincial. El costo de la obra asciende a 2.000.000 dólares y consta de una sede y un galpón de 600 metros cuadrados que podría funcionar como centro de evacuación ante catástrofes eventuales ya que  contará con dormitorios, baños, cocina, una sala de cuidados médicos,  otra para conferencias y un helipuerto. Se ubica sobre la Autovía Norte y a escasa distancia del Aeropuerto Internacional de Neuquén. Seguir leyendo El Comando Sur en Neuquén

Ya nada será igual: Venezuela y la crisis de la civilización petrolera

Foto: EFE

Por Emiliano Teran Mantovani

Consumadas ya las elecciones presidenciales, es necesario nuevamente subrayarlo: independientemente de cuánto tiempo dure Nicolás Maduro como primer mandatario; independientemente de si las élites que gobiernen en los próximos meses o años, sean militares, empresarios, derechas, izquierdas, populistas, tecnócratas, socialistas, neoliberales, blancos, azules o rojos; finalmente todos tienen y tendrán que enfrentar al desmoronamiento de los viejos pilares de una economía, una sociedad, una nación que fueron construidas en torno a un petróleo altamente rentable, fluido, abundante y estable. Eso está llegando a su fin.

Y si sirve la metáfora del Titanic para pensar nuestro rumbo actual, entonces agreguemos que en nuestro caso el barco no navega en aguas tranquilas (como aquel), sino que está siendo sacudido por la tormenta de la crisis energética global. Todo es parte del mismo proceso mundial. Si usted está buscando una de las más claras expresiones de la crisis de la civilización petrolera, pues ponga sus ojos en Venezuela. Seguir leyendo Ya nada será igual: Venezuela y la crisis de la civilización petrolera

Cable a Tierra

Una nueva celebración del Día de la Tierra en Argentina lo encuentra vaciado de sentido transformador. La gestión del marketing verde llama a realizar un cambio de conciencia (individual) mientras profundiza las políticas económicas extractivistas. Los “tarifazos” en los servicios públicos no apuntan a una transformación espiritual o cultural, sino más bien a garantizar rentabilidad empresarial y augurar un negocio futuro para los hidrocarburos no convencionales.

Por Eduardo Soler / ComAmbiental

Mensaje de las protestas contra el tarifazo. Fuente imagen: Infocielo.

“No es la Tierra la que está en crisis sino la que clama y reclama que revisemos nuestros valores, que se revelan contradictorios y autodestructivos cuando profanamos recursos naturales y sus diversas formas de vida”. La frase en sí misma podría encontrarse en un manifiesto ecologista, elaborado por organizaciones ambientales, que critiquen con justeza el actual paradigma de desarrollo. El problema radica cuando son palabras del actual Ministro de Ambiente, Sergio Bergman, cuya gestión en el marco del actual gobierno nacional sólo es un ejemplo de lo que critica: exponer valores “contradictorios y autodestructivos”.

El gobierno de Cambiemos, se sabe, no ha cuestionado el modelo extractivista predominante en los últimos años, sino que se dedicó a profundizar políticas de incentivo hacia rubros como la megaminería y los agronegocios. En este punto, impuso un ideario de la ortodoxia neoliberal, bajo la interpretación de que retirar los impuestos permitiría una mayor afluencia de inversiones, bajo el amparo de la lógica del mercado. Al mismo tiempo, la llamada “apertura” de la economía incrementó las importaciones de bienes extranjeros, incentivando la desindustrialización nacional.

Por otra parte, el tema del momento son los “tarifazos” que ponen en vilo a las economías familiares, pero también de las pequeñas -y medianas- empresas. La situación de los aumentos generalizados desde el cambio de gobierno que pretende “sincerar” los precios incluye diferentes aristas. Durante el kirchnerismo, la política de subsidios fue generalizada en tanto nunca llegó la anunciada “sintonía fina”. Al mismo tiempo, la política de energía barata sin modificar la matriz dependiente de los hidrocarburos llevó a consolidar el esquema de la “crisis energética”, no como un indicador coyuntural sino estructural desde la perspectiva de la ecología política.

En una primera instancia, el discurso del gobierno de Cambiemos insistió en que la suba de tarifas tenía un objetivo “ecológico”, ya que permitiría promover el ahorro mediante una racionalización del consumo. Ya criticamos esta posición (neo) liberal. Más aún, la insistencia en subir las tarifas (en el caso del gas podrían acumular un mil por ciento) cuando no existe casi margen para una mayor reducción del uso -o por lo menos no con el mismo criterio- pone en evidencia que sólo persiste una finalidad de reducción del gasto público para cumplir metas fiscales. Queda por fuera la perspectiva del derecho a la energía y su análisis conectado a los modos de vida urbanos.

Así, vale reiterarlo, la política energética debe integrarse en un horizonte más general, donde se considere no sólo el llamado modelo económico sino también otras variables fundamentales. Al contrario, la decisión de avanzar con las grandes represas sobre el Río Santa Cruz fue un caso emblemático del lugar que le otorga este gobierno al cuidado ecológico y el respeto al diálogo ciudadano. Al mismo tiempo, la construcción de las represas no está enmarcada en un plan regional, para lo cual la energía sea utilizada en una industria sustentable local. Por el contrario, en la provincia hay megamineras que extraen gran cantidad de energía.

Para el Ministro: “Hoy, ambiente ya no es un medio sino parte de nosotros mismos. Para que tengamos una política de Estado en materia ambiental es necesario asumir un cambio cultural”. No obstante, esta referida transformación desde lo cultural no se articula, sino que se observa una profundización del mismo modelo consumista. Sí se modifica la intención de que el consumo sea visto como una exclusividad de cierto sector social. En este esquema de reproducción de las desigualdades sociales, otros sectores populares deberían conformarse con acceder a una cuota más restringida, inclusive de los servicios públicos.

En paralelo, otro patrón que no se modifica es el acceso desigual a la tierra. En el caso del sector agropecuario, la conducción del Ministerio de Agroindustria se encuentra en manos de la Sociedad Rural Argentina, los tradicionales “dueños de la tierra”. También en este aspecto se evidencia que en los últimos años no se modificó el aspecto estructural, algo que busca modificar la Ley de Propiedad Comunitaria Indígena. Claro que el contexto no es beneficioso, ya que incluso se está desarticulando el área de la Agricultura Familiar, impulsada al final del gobierno kirchnerista bajo la premisa de la “co-existencia” (con el agronegocio). Así, la suba de los alimentos viene de la mano de esta lógica especulativa del agronegocio.

En cuanto al acceso al suelo urbano, o a la vivienda familiar, la situación sigue muy deficiente. En la Ciudad de Buenos Aires, el 38 por ciento de la población es inquilina. En promedio, según una encuesta de la Federación de Inquilinos, en Argentina las unidades familiares que se encuentran en esta situación gastan hasta un 41 por ciento de sus ingresos en el alquiler. Por lo tanto, allí es donde impacta mucho más el tarifazo, que al desequilibrar el frágil presupuesto doméstico se traduce en facturas impagables. Esta grave problemática no parece que vaya a resolverse, en tanto la nueva línea de créditos UVA presenta un gran riesgo financiero, pensado bajo la lógica de la rentabilidad asegurada para los bancos.

Y de hecho, como lo argumenta el propio David Harvey, la renta urbana es un elemento fundamental de la acumulación por desposesión. Los excedentes obtenidos en la exportación del monocultivo de soja transgénica -o la explotación quimíca de las reservas de oro, en menor medida- se observan en propiedades ociosas de las grandes ciudades. Los grandes complejos en las costas son un ejemplo visible (desde fotografías aéreas). Este tipo de residencias no tiene una política fiscal efectiva que busque por esta vía recaudar fondos para el Estado o mejor aún limite esta práctica insustentable. El extractivismo urbano así se expande, incluso en contra del bien común de los espacios verdes.

En síntesis, el tarifazo como política reiterada no busca el recurso espiritual del “cable a tierra”, del mentado cambio cultural que implicaría “desenchufarse”, consumir menor y salir al verde a respirar. Porque las ciudades -cada vez menos- están diseñadas para eso. No tiene tampoco por detrás una política coherente y sostenida de ahorro o eficiencia energética programada para desarticular las fuentes contaminantes de energía. Implica, por el contrario, asegurar la renta de las empresas del sector (productoras y distribuidoras) haciendo que la energía se pague “por su valor” (rentable), abriendo así la puerta al costoso mercado del petróleo y gas no convencionales.

Un cable a Tierra, en el buen sentido, implica una conexión orgánica con nuestro entorno, repensar nuestras vinculaciones en el modo de vida urbano con las externalidades (y las “internalidades”) ambientales. Ello supone una crítica a la lógica de mercado, su criterio economicista y su racionalidad económica que esconde el supuesto de la desigualdad social y el falso concepto de ahorro, pues se trata de una transferencia de recursos. Esto no se genera en la continuidad o el cambio al interior del modelo extractivo.

Ver también:

ComAmbiental (2016): Cambiando ecología por ahorro.

ComAmbiental (2016): Los tarifazos son el fracking

ComAmbiental (2017): La grieta conservacionista