Sueños petroquímicos: el nuevo potencial de Perú

La naciente industria petroquímica peruana tiene una gran ventaja: que no hay ningún otro desarrollo petroquímico significativo en la costa del Pacífico de América del Sur.

A lo largo del presente año, hasta hace pocas semanas, antes de la firma del contrato de abastecimiento de gas entre el Consorcio Camisea y la estadounidense CF Industries, cada vez que el presidente Alan García se encontraba en algún evento con su ex ministro de Agricultura, Ismael Benavides Ferreyros, lo abordaba con preguntas que denotaban una combinación de impaciencia y entusiasmo. “¿Ya está? ¿Cuándo comienzan? ¿Qué falta hacer?”. Eran las expresiones del mandatario al ahora asesor principal de CF Industries, la empresa norteamericana que producirá urea a partir de 2013, usando como insumo gas natural de Camisea, dando nacimiento a la industria petroquímica peruana.

“El presidente me ajochaba como si fuera su ministro de petroquímica. Está muy entusiasmado con el tema”, dice Ismael Benavides, quien confía en que el Perú puede convertirse en un hub petroquímico en la región.

“La gran ventaja del Perú, aparte de tener la materia prima que es el gas, es que no hay ningún otro desarrollo petroquímico significativo en la costa del Pacífico de América del Sur”, dice Benavides. “Tenemos una posición inmejorable. En esta zona se importan todos los fertilizantes”.

CF Industries producirá 1,3 millones de toneladas de urea, de las cuales 350.000 servirán para el consumo peruano, incentivado por la pujante agroindustria exportadora y también la agricultura tradicional. La diferencia será exportada principalmente a los mercados de la región, en especial a Chile, Ecuador, Colombia y Centroamérica. Todos ellos grandes consumidores de urea importada desde Ucrania, Rusia y China. “En conjunto, la región consume cuatro millones de toneladas de urea por año. Nosotros pensamos participar con 20% o 25%”, señala Benavides.

Coincidentemente, otro ex ministro peruano está vinculado a otro proyecto petroquímico peruano. Se trata de Jaime Quijandría Salmón, ex titular de Energía y Minas y de Economía y Finanzas, quien asesora al consorcio peruano-chileno Nitratos del Perú, cuya planta de amoníaco comenzaría a operar a inicios de 2012 con una inversión de US$ 650 millones.

Controlado por el grupo peruano Brescia y el chileno Sigdo Koppers, Nitratos del Perú producirá 750.000 toneladas anuales de amoníaco, además de 350.000 toneladas anuales de nitrato de amonio de grado industrial.

Así, siendo Perú un país minero, la producción de Nitratos del Perú será determinante para garantizar el abastecimiento de explosivos para la explotación de minerales. Al igual que el caso de la urea, el Perú podrá reemplazar importaciones de explosivos que actualmente provienen de Francia y Chile. “El país seguirá demandando insumos para la minería y por lo tanto el mercado está asegurado”, dice Quijandría. “El Perú no puede seguir dependiendo de la importación de nitrato de amonio”.

Al cabo de dos años, Nitratos del Perú se propone producir 750.000 toneladas de nitrato de amonio anuales para luego ampliar la capacidad de la planta y eventualmente exportar. Quijandría añade que con las nuevas inversiones mineras, que en conjunto ascienden a US$ 24.693 millones hasta 2016, el mercado crecerá en forma importante, de manera que la compañía tendrá que ampliar su capacidad futura para abastecer tanto el mercado interno como el externo.

Mirando al futuro. Mientras la industria petroquímica peruana aún no da sus primeros pasos en materia productiva, otros países latinoamericanos ya han tomado la delantera y nos llevan, literalmente, miles de kilómetros de ductos de ventaja. Así, las 14 primeras compañías petroquímicas de la región facturaron en 2008 más de US$ 50.000 millones. Y si bien la mexicana Pémex Gas y Petroquímica Básica y la venezolana Pequiven ocupan el primer y segundo lugar, respectivamente, en cuanto a tamaño en la región; la supremacía es indiscutiblemente brasileña, con nueve empresas participantes en el privilegiado grupo de 14. México contribuye con cuatro y Venezuela con una compañía.

En el caso de los fertilizantes, se debe considerar que otros países productores de este insumo agrícola tienen en cartera proyectos para ampliar su capacidad. Tal es el caso de Venezuela, cuya industria petroquímica recibirá en los próximos tres años una inversión nacional y extranjera de US$ 30.000 millones.

El presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, aseguró recientemente que el complejo de Morón, ubicado en Carabobo, que produce urea y amoníaco, es una de las obras que convertirá a su país en una gran potencia petroquímica. Venezuela produce actualmente dos millones de toneladas métricas de urea, y cuando termine el complejo de Carabobo, la producción llegará a 2,7 millones de toneladas, con una inversión de US$ 1.400 millones.

¿Qué lugar puede aspirar a ocupar la industria petroquímica peruana en el contexto latinoamericano? Ismael Benavides señala que en una década podríamos estar “a mitad de tabla”, y en un plazo mayor, si las cosas se hacen bien y se cuenta con gas suficiente para ello, podríamos avanzar algo más, aunque todavía estaremos lejos de los líderes Brasil y México.

Jaime Quijandría sostiene que la constante que se encuentra en todos los polos petroquímicos del mundo es que hay una infraestructura que no ha sido costeada por el inversionista privado, sino el Estado. El representante de Nitratos del Perú añade que no comenzamos bien al establecer varias zonas de desarrollo petroquímico, y que mejor hubiera sido buscar la concentración de los proyectos para reducir los costos de cada uno.

“Ya tenemos tres polos petroquímicos, en Ilo, Marcona y Pisco y se anuncia un cuarto polo en Mollendo. Así, da la impresión que el Estado no está pensando en realizar una inversión muy fuerte en infraestructura”, dice Quijandría. “Si esta inversión se la cargamos al costo de cada proyecto, por muy bueno que este sea, puede darse el caso que no sea competitivo o que el inversionista se desanime al ver que el Estado no está muy comprometido en el tema”.

El ansiado etano. Un tema importante del que se habla poco en el Perú es la ampliación del espectro de la oferta petroquímica. Los proyectos de CF Industries y Nitratos del Perú están vinculados a la producción de urea y explosivos, que son apenas dos de una numerosa lista de productos que se puede desarrollar, como son las fibras sintéticas, solventes, cosméticos, plásticos, neumáticos y nylon; así como resinas, maletas, cintas de audio, adhesivos, iniciadores y catalizadores, aditivos para alimentos, colorantes, refrigerantes, químicos aromáticos, aislamiento para cables, partes de maquinaria, botellas y tapas plásticas, caños, mangueras y tuberías de PVC, cajas de baterías… y un extenso etcétera.

No obstante, a diferencia de los dos proyectos en marcha, esa lista de productos usa como insumo el etano.

Según el Instituto de Estudios Económicos y Sociales (IEES) de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), uno de los problemas que afronta la industria plástica en el Perú es la fuerte dependencia de los insumos del exterior.

Cerca del 99% del total de insumos que utiliza esta industria, como son polietileno, policloruro de vinilo, poliestireno, polipropileno, etc, son importados con precios que muestran una alta dependencia de la cotización internacional del petróleo. Así, el valor de las importaciones de insumos plásticos pasó de US$ 350 millones en 2004 a US$ 964 millones en 2007, como producto del incremento de los precios internacionales.

“Una manera de protegernos de esa dependencia sería contando con una industria petroquímica que use etanol, tanto para el mercado local como para exportar”, dice el ex presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), Eduardo Farah Hayn, quien es también un reconocido empresario del sector plásticos.

“Sería espectacular que en el Perú exista una industria petroquímica que abastezca a las empresas que producen o usan plásticos en sus procesos productivos.

No obstante, por el momento el desarrollo de este tipo de industria petroquímica no sería factible. El investigador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Jorge Manco-Zaconetti, señala que un factor limitante para la producción de insumos petroquímicos para la industria es que hasta el momento se cuenta con una disponibilidad de etano menor a la necesaria para que comience un proyecto de este tipo.

El especialista en hidrocarburos explica que actualmente, sumando los lotes 56 y 88, se cuenta con 1.400 millones de p3 diarios de gas, siendo el 90% metano (1.260 millones de p3) y 10% etano (140 millones p3). Y para que un proyecto petroquímico pueda orientarse a la producción de insumos industriales, se debe contar con un mínimo de 150 millones de p3 diarios de etano. “Pero lo importante es que nos estamos acercando a esta cifra”, refiere.

La única manera de llegar a la mencionada disponibilidad mínima de etano, sostiene Manco-Zaconetti, es promoviendo más inversiones en exploración de gas. El problema, añade, está en que los bajos precios del gas desaniman a los potenciales inversionistas. “Los precios actuales del gas no son atractivos para atraer inversiones de riesgo para descubrir nuevas reservas de gas”. Añade que desde 2004 hemos usado gas barato hasta llegar al punto que ya en 2008 se ha consumido lo que estaba proyectado al año 2015.

No obstante, la opinión de Manco-Zaconetti no es compartida por el viceministro de Energía, Daniel Cámac, quien sostiene que en 2010, el sector hidrocarburos registrará inversiones del orden de US$ 3.500 millones, de los cuales el 50% es únicamente para actividades de explotación y exploración. Y hacia el 2011 vamos a tener casi US$ 5.500 millones adicionales, refiere el alto funcionario.

“La creciente demanda del mercado interno y la exportación de gas deben estimular la mayor actividad exploratoria para poner en valor el gran potencial gasífero de los lotes aledaños a Camisea: 88, 56, 57, 58 y 76, que ha sido estimado en 37,6  trillones de p3”, dice Cámac.

Jaime Quijandría es más optimista que Cámac y destaca que hay indicios de que si se sigue explorando en la mencionada zona se encontrará más gas aún. “Y es que la tasa de éxito hasta ahora ha sido muy buena, de casi 75%. Si mantenemos una tasa así en los próximos años, tendremos que de cada 10 pozos exploratorios 7,5 tendrán recursos. Entonces, vamos en buen camino”, dice el ex ministro.

No obstante, Quijandría agrega que el desarrollo de la petroquímica del etano requiere de la construcción de un etanoducto hacia el lugar donde se vaya a producir. “El etano no se puede trasladar por el mismo mecanismo por donde salen los líquidos, por lo tanto hay un ducto que hacer, una inversión adicional y darle localización. Todo esto resulta clave”.

El uso del gas como insumo para elaborar productos de mayor valor agregado vía el desarrollo petroquímico es lo que se denomina Camisea III. Esta etapa constituye desde ya un gran avance, pues implica mayores inversiones, cadenas productivas, reemplazo de importaciones y mejoras en competitividad. “Atrás va quedando la idea de exportar el gas para que otros países lo industrialicen y nos vendan los productos más elaborados”, dice Manco-Zaconetti.

El siguiente paso es tener metas más ambiciosas y apuntar, por qué no, a convertir al Perú en un hub petroquímico en la zona del Pacífico de América del Sur. Por lo pronto ya existen dos proyectos importantes que podrían convertir en un futuro cercano ese anhelo en realidad.

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