¿La Argentina, nueva víctima de la "enfermedad holandesa"?

LA MACROECONOMIA EN SUDAMERICA
Países con abundantes recursos naturales suelen ver apreciados sus tipos de cambio por culpa de los dólares provenientes de la exportación de materias primas.
Por Ezequiel Burgo.- No se trata de una plaga en los tulipanes. Ni de un virus venido de Amsterdam. Se trata de un fenómeno que destruye industrias y empleos a través de la apreciación cambiaria.
Se lo conoce como “enfermedad holandesa”.
La Argentina sufre algunos de sus signos. El deterioro de la ventaja cambiaria, la ralentización de la actividad industrial y la creación de puestos de trabajo a un ritmo menor que 2003-2007, hacen que los economistas mencionen cada vez más el término.
La expresión “enfermedad holandesa” fue acuñada en los 60 tras el descubrimiento de gas natural en el Mar del Norte. La explotación del hidrocarburo derivó en una apreciación brusca de la moneda holandesa y, ergo, la contracción de la industria. Los economistas pusieron el caso en el laboratorio y encontraron que los países con abundantes recursos naturales sufren la apreciación de sus tipos de cambio por culpa de los dólares provenientes de la exportación de materias primas.
El fenómeno afecta, principalmente, a los países con estructuras productivas dependientes de la explotación de recursos naturales (como la Argentina), donde muchas veces el crecimiento de un sector ocurre a expensas de otros .La enfermedad holandesa atrofia el desarrollo y el funcionamiento del sistema financiero.
En la Argentina En un seminario organizado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires semanas atrás, un grupo de economistas y funcionarios del Mercosur discutió el estado de la “enfermedad holandesa” en la región.
Brasil es la economía más afectada, coincidieron. Ricardo Makwald, un economista de la Fundación Centro de Estudios del Comercio Exterior de Río de Janeiro, señaló que el producto industrial brasileño cayó en los últimos años respec- to al de la década del 90 y que las exportaciones primarias ganaron participación pasando del 25% al 48% del total. Explicó, además, que la enfermedad holandesa se transmite siempre vía la apreciación del tipo de cambio .Si lo que Makwald dice es cierto, ¿entonces la economía argentina tiene enfermedad holandesa? Después de todo, en los últimos años fue el país de la región donde el tipo de cambio bilateral con el dólar más se apreció . Nicolás Magud, un economista argentino que trabaja en el Fondo Monetario Internacional y presentó un paper sobre la enfermedad holandesa en la UBA, dice que sí. “Se ven vestigios de enfermedad holandesa en todos los países de Sudamérica”.
También Eduardo Levy Yeyati opina lo mismo para el caso argentino. “La Argentina siente los efectos de la variante tradicional de la enfermedad: los precios y la productividad relativa del sector granario subieron mucho en estos años, induciendo una apreciación del peso en detrimento del resto de los sectores”. Para Levy Yeyati, sin embargo, la salida de capitales de estos últimos años evitó la presión financiera a la apreciación, “que es la segunda variante de la enfermedad”.
Para algunos, sin embargo, aún es prematuro hablar de enfermedad holandesa en la Argentina.
“Que el tipo de cambio se aprecie no quiere decir que sea por culpa de la enfermedad”, opina Martín Rapetti, economista del CEDES.
“El tipo de cambio se puede apreciar por muchas razones. Acá el tipo de cambio se apreció no por este fenómeno sino por culpa de la política macroeconómica local”.
El antídoto El economista de la Universidad de Buenos Aires José María Fanelli dice que el país encontró el antídoto para la enfermedad holandesa: huída de capitales, apreciación del real y déficit comercial energético.
La combinación de estos tres factores suavizó la apreciación del tipo de cambio en términos reales.
Se calcula que entre 2003 y 2010 el superávit comercial acumulado dejó US$132.822 millones. Pero US$59.614 millones se fugaron (dólares que fueron a parar debajo del colchón o girados al exterior) y US$23.246 millones salieron del país en concepto de utilidades.
Fanelli advierte las contraindicaciones del cocktail utilizado para evitar la enfermedad: el país perdió reservas y aun así no evitó (del todo) la apreciación cambiaria. Cree que la mejor alternativa es diversificar la estructura de la economía con políticas industriales y un tipo de cambio competitivo. “Una economía que sólo produce recursos naturales y emplea servicios es una economía a la que le falta una pata”, dijo en la charla Daniel Heymann, también macroeconomista y profesor de la UBA.
Los economistas coinciden en que el problema no es, entonces, la enfermedad holandesa en sí. La preocupación es, más bien, el atraso cambiario.
Levy Yeyati señala que la pérdida de competitividad por la apre- ciación hace que muchos sectores muestren un déficit comercial en aumento, amenazando la actividad y el empleo en los sectores perjudicados.
Un trabajo de los economistas Roberto Frenkel y Martín Rapetti para la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) señala que los gobiernos no deberían preocuparse únicamente por encontrar el nivel de tipo de cambio real que garantice la sostenibilidad de las cuentas externas en el tiempo, sino también que proteja la industria y el empleo . “Creemos que los niveles de tipo de cambio real que parecen asegurar la sostenibilidad externa de los países de la región son más bajos que los que serían deseables para promover el desarrollo industrial y crecimiento de largo plazo en América Latina”, señalan los economistas.
iEco