Reguero de petróleo en aguas brasileñas

Por Fabiana Frayssinet.- El derrame de 160 barriles de petróleo de una plataforma de explotación marítima en napas profundas frente a la costa de Brasil, ahonda los temores sobre la seguridad de esta nueva frontera de producción de hidrocarburos.
El derrame, según la empresa estatal brasileña Petrobras, es pequeño en términos de volumen y fue originado por la rotura de una columna de producción del buque-plataforma de producción y almacenamiento Dynamic Producer, que estaba realizando ensayos de extracción en su yacimiento Carioca.
El escape tuvo lugar 300 kilómetros mar adentro del territorio del sureño estado de São Paulo, a una profundidad de 2.140 metros en el océano Atlántico, en la cuenca de Santos, y no tiene posibilidad de llegar a las costas, afirmó un comunicado de la empresa petrolera. El pozo “se encuentra cerrado y en condiciones seguras”, agregó.
El crudo submarino a esa profundidad es conocido como “presal”, una serie de rocas ricas en hidrocarburos y situadas debajo de una gruesa capa de sal, que pueden hallarse hasta 7.000 metros por debajo del nivel del mar.
“Después de la rotura, el sistema de seguridad cerró automáticamente el pozo”, dice el texto de Petrobras. “Se activó de inmediato el plan de emergencia y se movilizaron todos los recursos necesarios para la recolección de petróleo en el mar y del crudo residual de la parte superior de la columna”, añade.
Para el director del Centro Brasileño de Infraestructura, Adriano Pires, el problema “no es si fue grave”, sino que “dejó más claro para el gobierno y la sociedad brasileña” algo que parece obvio, pero no lo es, “el petróleo se derrama y es una actividad de riesgo”.
“Es la primera vez que se produce un derrame en el presal. Es una señal de alerta más para que se adopten políticas que prevengan y mitiguen accidentes, para que evaluemos si tenemos la legislación adecuada, si los organismos responsables de su control están preparados y para crear un centro de fiscalización de derrames”, dijo Pires a IPS.
Con el descubrimiento de los yacimientos presal en 2007, definidos como “una nueva frontera de explotación petrolera” por la Petrobras, Brasil espera convertirse en una potencia energética. Se estima que esas reservas tienen un potencial de al menos 50.000 millones de barriles (de 159 litros) de crudo.
Leandra Gonçalves, coordinadora de la campaña Clima y Energía de la organización ambientalista Greenpeace en Brasil, teme que el incidente, detectado el martes 31, sea apenas una muestra de un futuro de “playas cubiertas de petróleo por no tener seguridad de explotación”.
“El gobierno todavía no colocó en la mesa la agenda para discutir un plan general de emergencia para posibles derrames”, dijo Gonçalves a IPS.
Ese plan interministerial había sido anunciado con bombos y platillos en 2010, después del accidente en el Golfo de México, que causó en abril de ese año el derrame de cinco millones de barriles de crudo.
Como más de 90 por ciento de la explotación petrolera de Brasil está en el mar, el plan tenía el fin de reforzar la seguridad de las operaciones marinas, especialmente en la perforación. Pero, según Gonçalves, “nunca salió del papel”.
Greenpeace critica que el gobierno invierta en una tecnología tan cara como la que requiere el presal, cuando el país “tiene la posibilidad de desarrollar un 100 por ciento de fuentes energéticas limpias” como la eólica, la solar y la biomasa.
“El gobierno tiene que tener la garantía de que existe una estructura suficiente para explotar las reservas presal, y buscar otras alternativas más baratas con fuentes renovables”, subrayó.
Según Pires, en la medida en que se “agujerea” más profundo en el mar, la probabilidad de fugas aumenta. Por eso las autoridades deben instar a las empresas estatales y privadas a reducir la “brecha entre la tecnología de producción y la de prevención de accidentes”, esta última comparativamente “muy atrasada”.
El accidente tuvo lugar pocos días después de que la empresa Transpetro, subsidiaria de Petrobras, se hiciera responsable por el desborde de 1.200 litros de petróleo en el litoral del sureño estado de Río Grande do Sul, durante la transferencia de crudo a una terminal. La mancha llegó a la playa.
En noviembre la empresa estadounidense Chevron derramó 2.400 barriles de crudo en su campo de Frade, frente a la costa del estado de Río de Janeiro.
El ingeniero y experto en estructuras oceánicas Segen Estefen, director de tecnología e innovación del Instituto Alberto Luiz Coimbra de Posgrado e Investigación en Ingeniería (Coppe, por sus siglas en portugués) de la Universidad Federal de Río de Janeiro, advierte que las reservas presal “representan para Brasil una riqueza a la que no puede renunciar”.
“Pero, al mismo tiempo, tenemos que proteger el ambiente. Ese es el gran desafío, producir presal con seguridad y un nivel de excelencia en protección ambiental”, explicó a IPS. Con los nuevos yacimientos, en 15 años Brasil triplicará su producción de petróleo en el mar, dijo Estefen.
Para alcanzar esa excelencia, el Coppe está en tratativas con el Ministerio de Ciencia y Tecnología para crear un centro de control y seguridad contra accidentes en el mar.
Estefen aclaró que Brasil es líder en tecnología de exploración y producción en aguas profundas y que, por eso, en los yacimientos presal “no se está haciendo actualmente nada temerario”. Sin embargo, es necesario “buscar mejorar continuamente nuestros procedimientos para minimizar derrames y combatirlos lo más rápido posible”.
“El nivel de actividad va a aumentar, y la frontera es más desafiante porque trabajaremos más lejos de la costa, en profundidades mayores y las condiciones de perforación van a demorar más tiempo”, explicó.
El centro propuesto por el Coppe, que posee una serie de laboratorios de alto nivel en materia petrolera, tiene como objetivo elevar la protección con procedimientos que incluyen desde vigilancia satelital (ya desarrollada) hasta acompañamiento continuo del mar para detectar fugas.
Además, se buscará determinar las causas de esos accidentes, “que implican varios escenarios posibles”, y optimizar los procedimientos para detener derrames y determinar hacia dónde se dirigen las manchas.
“Tenemos que trabajar para aumentar la seguridad de los equipos y de las operaciones”, enfatizó Estefen. (FIN/2012)
IPS