Eskenazi renunció a la cámara de energía y medita su continuidad en YPF

Sebastián Eskenazi dejará la presidencia de la cámara que reúne a las principales petroleras del país, que él mismo fundó. Mientras en el sector se debate si es la primera movida de un alejamiento definitivo del Grupo Petersen del sector energético, los Eskenazi decidieron esperar que concluya la estatización de YPF, para definir sus próximos pasos. Enfrentan una deuda de más de u$s 2000 millones

Su salida abrupta del máximo escalón del managment de YPF, donde se desempeñaba como CEO de la petrolera a raíz de la intervención ordenada por el Poder Ejecutivo, será acompañada en los próximos días por su salida de la presidencia de Cadera, la cámara de energía creada por su propia iniciativa en noviembre pasado, hace menos de seis meses.

Los representantes de las máximas empresas del mundo de la energía –entre las que figuran Petrobras Energía, Pan American Energy, Tecpetrol, Gas Natural Ban y Sinopec- decidieron aceptarle la renuncia al directivo del Grupo Petersen –el holding de la familia Eskenazi-, según constató LPO tras acceder a una nota interna de la cámara donde se comunica a la Comisión Directiva del desplazamiento del ex CEO de YPF.

“Por el presente informo que el Sr. Sebastián Eskenazi ha presentado su renuncia como Presidente de la Cámara, así como el Sr. Juan Ordoñez a su puesto de Vocal Suplente”, detalla el texto, que también menciona el paso al costado del ex director de Asuntos Corporativos de la principal petrolera del país.

Si bien desde Cadera dejaron entrever que el alejamiento se produjo “en buenos términos” y que la renuncia “busca descomprimir el escenario para la organización”, el desplazamiento obedece también a los deseos del Gobierno, que busca acorralar al empresario, hoy abocado a conseguir los más de US$ 400 millones necesarios para saldar el primer vencimiento fuerte de un crédito otorgado por un pool de bancos para comprar el 25,9% de YPF con hoy controla Petersen Energía.

En forma interina, la presidencia de esta cámara recaerá sobre Carlos Alberto Da Costa, titular de Petrobras Argentina y actual vicepresidente primero de Cadera. Sin embargo, la intervención oficial de YPF –a cargo del ministro de Planificación, Julio de Vido, y del viceministro de Economía, Axel Kiciloff- podría hacerse cargo de la conducción de la cámara. Es que, como señala la nota interna de Cadera, firmada por su gerente, Alberto Saggese: “el cargo de presidente le corresponde a YPF, por lo que deben (la intervención) indicar a la persona que designan para dicho cargo”.

Hay un elemento que da lugar a las especulaciones: sin los Eskenazi, el poder dentro de la organización empresarial recayó sobre los hermanos Bulgheroni, titulares de Pan American Energy (PAE) –la segunda productora de crudo del país-, la china Sinopec y la brasileña Petrobras.

Los tres jugadores mantuvieron contactos en los últimos días con De Vido para evaluar la posibilidad de asociarse en la nueva YPF. De Sinopec –que depende en un 66% del estado chino- y de PAE –que cuenta con el respaldo de Cnooc, otra petrolera asiática, que es dueña del 50% de Bridas, la firma de los Bulgheroni- se comenta cerca del titular de Planificación que podrían ingresar al paquete accionario de YPF en reemplazo de Petersen Energía. Petrobras, en tanto, podría desarrollar algún proyecto específico en exploración y producción de hidrocarburos en conjunto con YPF. Con esa premisa De Vido viajó a Brasilia la semana pasada para reunirse con los máximos directivos del gigante brasileño.

La situación de los créditos
Si bien los Eskenazi habrían conseguido una prórroga de algunos meses para cancelar el préstamo de US$ 400 millones que vence en mayo con los bancos que financiaron su desembarco en YPF, la opinión mayoritaria de la industria es que es muy difícil que Petersen Energía defienda su posición accionaria dentro de la empresa. Para eso debería conseguir más de US$ 2.500 millones para pagar la deuda contraída con las entidades financieras y con Repsol.

Allegados a este grupo explicaron a LPO que la situación financiera ya se conversó con los bancos y se acordó esperar que termine el proceso de estatización antes de tomar cualquier medida. “Los créditos están vigentes y no nos retiramos del mercado energético, estamos aguardando que se defina el futuro de la compañía”, explicaron.

En concreto, aguardarán ver como termina de quedar redactado el Estatuto de YPF –si es que el Poder Ejecutivo decide cambiarlo, una vez concretada la nacionalización y designados los nuevos directores- para determinar si como titulares del 25% conservan derechos políticos o el gobierno y las provincias concentran la representación. “¿Para qué sirve permanecer en una compañía sin ninguna representación?”, se preguntan.

En cualquier caso, el tema de la deuda que contrajeron para entrar en YPF sigue siendo un asunto ineludible. Es que cuando con la venia de Néstor Kirchner, los Eskenazi desembarcaron en YPF en 2008 pusieron de su bolsillo alrededor de US$ 100 millones para comprar, primero, un 14,9% y el resto de los US$ 2135 millones lo financiaron un pool de bancos –conformado por Crédit Suisse, Goldman Sachs, BNP Paribas y Banco Itaú Europa-, que aportó US$ 1108 millones, y Repsol, que prestó US$ 1015 millones.

El segundo tramo fue el año pasado, por un 10% adicional del paquete, a partir de un crédito de 1400 millones de dólares a cinco años, que aportaron nuevamente Repsol (730 millones) y los bancos Itaú, Standard Bank, Crédit Suisse, Santander y Citi (670 millones). Los préstamos estaban atados a los dividendos de YPF. Pero el Gobierno ya avisó que suspenderá el reparto de ganancias de la empresa.

En conjunto, la deuda con los bancos rondaría los US$ 1.300 millones, en tanto que el rojo con Repsol llegaría a 1500 millones, según dejó entrever desde Madrid Antonio Brufau, titular de la compañía ibérica, que tomaría control de las acciones de Eskenazi si Petersen Energía no cumple con su compromiso crediticio, según establece el acuerdo firmado entre ambas partes en 2008.

Frente a ese escenario, los Eskenazi podrían optar por desprenderse de su participación en YPF a manos de un comprador interesado. Esa alternativa, sin embargo, enfrente un obstáculo de peso: es que a raíz del derrumbe bursátil de la petrolera –la acción en la Bolsa de Nueva York cayó un 35% desde febrero-, la petrolera valdría alrededor de US$ 5.500 millones. Una cotización tan deprimida que un inversor interesado podría pagar la compra las ganancias de la empresa en cinco años (el año pasado ganó US$ 1250 millones).

La Política Online