El gas esquisto es difícil de extraer fuera de EE.UU.

» La geopolítica de la industria energética dicta que una pérdida para Polonia es un beneficio para Rusia. Sin embargo, las implicaciones de la decisión anunciada por parte de Exxon Mobil de suspender su proyecto de gas de esquisto en Polonia, incluso aunque fortalezca los esfuerzos en las cuencas de esquisto en Siberia, son más complejas.

Supone un golpe para Polonia, que depende de Rusia para cubrir el 60% de sus necesidades de gas natural, y es una bendición para Moscú, cuyos ingresos e influencia en política exterior dependen de las ventas de crudo y gas. Pero, en realidad, tanto Polonia como Rusia tendrán problemas para repetir el “boom” del gas de esquisto en Estados Unidos. Aparte de los factores geológicos, la producción de gas de esquisto necesita el apoyo de una potente industria de servicios al sector petrolero y una red de conductos de acceso abierto. Europa y Rusia, a diferencia de Estados Unidos, carecen de estos elementos.

Además, el economista energético Phil Verleger destaca los derechos de los individuos sobre los minerales que hay en América, así como el altamente desarrollado mercado financiero que existe allí. Estos factores ofrecen a los propietarios de tierras un incentivo para permitir la exploración y a los perforadores los medios para explorar y gestionar los riesgos. El resultado son muchas –relativamente pequeñas– empresas compitiendo para aumentar la producción y reducir los costes. Exxon fue, de hecho, uno de los últimos en llegar al negocio del gas de esquisto, con la compra de XTO Energy en 2010.

Como en cualquier otra gran petrolera, los proyectos polacos de Exxon deben competir con una listado global de perspectivas para la inversión de los dólares. Así que la decisión de Exxon no excluye que otras compañías, con menores opciones, puedan intentar extraer el potencial de Polonia. De igual modo, mientras que Exxon ayude a Rusia, Big Oil actuará más lentamente que otras pequeñas compañías que desarrollaron el gas de esquisto en Estados Unidos. Y, todo esto, sin tener en cuenta la irregular trayectoria de Rusia en asociarse con petroleras extranjeras. Todo esto significa que la ventaja competitiva conferida a Estados Unidos para su propia revolución del gas de esquisto está, de momento, a salvo.

Fuente: Wall Street Journal

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