Hacia un nuevo modelo energético

Por ALEARDO F. LARÍA (*).- El modelo energético actual, basado en el consumo de combustibles fósiles, resulta insostenible. Provoca el cambio climático al arrojar a la atmósfera millones de toneladas de gases de efecto invernadero y no permite suministrar energía a todos los habitantes del planeta. Si los 1.624 millones de personas que no tienen hoy acceso a la energía eléctrica consiguiesen disponer de ella, las fuentes actuales de energía serían insuficientes. Éstas son algunas de las razones por las que en un reciente informe de la Fundación Ideas de España se aboga por la adopción de un nuevo paradigma energético basado exclusivamente en las energías renovables. No sólo es técnica y económicamente factible sino éticamente exigible, si queremos que las necesidades del presente no comprometan las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades energéticas.

Estamos ante el final de la era de los combustibles fósiles y frente a una nueva revolución industrial protagonizada por las energías renovables. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el modelo actual de energía es insostenible por su elevado nivel de consumo. De persistir en el modelo energético actual, las principales reservas de petróleo, gas natural y uranio se agotarán en cuestión de décadas. Según la AIE, la demanda energética se incrementará en un 60% hasta el 2030 y para este incremento de la demanda las fuentes de energía tradicionales serán insuficientes. Actualmente el consumo energético per cápita de Estados Unidos es el doble del europeo y diez veces el de los países en vías de desarrollo. Si accedieran al nivel de consumo de los países desarrollados las poblaciones excluidas de países como China y la India, sencillamente no habría energía para todos.

El impulso para un nuevo modelo energético proviene también de que existe ya un consenso en la comunidad científica internacional acerca de las consecuencias negativas que sobre el clima tienen las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Además de las aportaciones científicas, ha contribuido también el cambio de actitud de la administración Obama, que ha rectificado las doctrinas negacionistas de los neoconservadores. Al ritmo actual, la concentración de GEI superará las 440 partes por millón recomendadas como límite máximo por el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático. Si los países en vías de desarrollo continúan con el incremento de demanda energética previsto en combustibles de origen fósil, el cambio climático será irreversible.

No existen dudas de que el mundo necesita un nuevo modelo energético basado en la idea de una “economía sostenible”, es decir que atienda las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras. Si pretendemos que sea respetuoso con el medio ambiente, no existe otra alternativa que recurrir a las fuentes renovables de energía, la eólica, la fotovoltaica, la solar térmica, la biomasa, la geotérmica y los biocombustibles. El sistema de transporte deberá basarse en vehículos eléctricos (trenes y transporte urbano) y vehículos individuales híbridos de batería y combustión interna alimentados por biocombustibles obtenidos de biomasas no alimenticias.

La buena noticia es que no existen impedimentos técnicos ni económicos para emprender esta tercera revolución industrial. Según el informe de la Fundación Ideas, sería perfectamente factible que España -un país líder en el desarrollo de nuevas tecnologías para el uso de la energía solar y eólica- consiguiera en el 2050 que el 100% de la energía fuera renovable, prescindiendo totalmente de la energía nuclear y del uso de combustibles fósiles. La Unión Europea, por su parte, ha aprobado el plan 20/20/20 consistente en que para el 2020 se recorten las emisiones de CO2 en un 20%, se mejore la eficiencia energética en otro 20% y que el 20% de la energía consumida proceda de fuentes renovables.

Naturalmente, para alcanzar objetivos tan ambiciosos hace falta una “hoja de ruta” que comprometa el esfuerzo conjunto del gobierno, las empresas y los ciudadanos alrededor de una reorganización completa del sistema actual. Se deben reforzar los incentivos fiscales y las primas para que las empresas y los ciudadanos lideren la transición a este nuevo modelo. Se debe también reconocer un nuevo derecho de ciudadanía para que todos los ciudadanos que lo deseen puedan generar y distribuir su propia electricidad. Hay que fomentar y facilitar la instalación de placas fotovoltaicas en todas las viviendas. Una exigencia que ya es operativa en España, donde todos los edificios de nueva construcción o rehabilitados deben disponer de un sistema de placas solares.

Según Jeremy Rifkin (“La era del acceso”, Paidós), el cambio que afrontamos es de tal magnitud que pronto quedarán cuestionadas ideas básicas del capitalismo como el tradicional intercambio de bienes en propiedad en el mercado. En esta nueva era los mercados van dejando sitio a las redes y el acceso sustituye cada vez más a la propiedad. El acceso aparece como una potente herramienta conceptual para reconsiderar nuestra concepción del mundo, puesto que hace referencia a quién está incluido y quién queda excluido. Necesitamos diseñar un modelo energético donde el acceso, que permite la realización personal e individual, sea reconocido como un derecho universal para todos los habitantes del planeta.

(*) Abogado y periodista

Río Negro Online