Carta de los presos del clima en Dinamarca

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Copenhague, 1 de enero 2010

Algo está podrido (pero no sólo) en Dinamarca. Como cuestión de hecho, miles de personas han sido consideradas, sin prueba alguna, una amenaza para la sociedad. Cientos de personas han sido arrestadas y algunas todavía están en prisión, en espera de juicio o bajo investigación. Entre ellas, nosotras, las abajo firmantes.

Queremos contar la historia desde el punto de vista particular de aquellos que aún ven el cielo desde detrás de las rejas.

Una reunión de importancia crucial de las Naciones Unidas ha fracaso por las diversas contradicciones y tensiones que han salido a relucir durante la COP15. La principal preocupación de los poderosos fue la gestión del suministro de energía para el crecimiento sin fin. Este fue el caso, bien si provenían del mundo sobredesarrollado, como los países de la UE o los EE.UU., o de los llamados países en desarrollo, como China o Brasil.

En desacuerdo, cientos de delegados y miles de personas han planteado en las calles la cuestión de que la razón de la vida debe ser (y de hecho lo es) opuesta a la del lucro. Hemos reafirmado nuestra voluntad de detener la presión antrópica sobre la biosfera.

Una crisis del paradigma de la energía está al llegar. El mecanismo de la gobernanza global ha demostrado ser increiblemente precario. Los poderosos no sólo han fracasado en alcanzar un acuerdo sobre sus equilibrios internos, sino también en mantener el control formal de la discusión.

El cambio climático es una expresión extrema y última de la violencia del paradigma del crecimiento capitalista. Personas a nivel mundial están mostrando cada vez más la voluntad de tomar el poder para rebelarse contra esa violencia. Lo hemos visto en Copenhague, así como hemos visto esa misma violencia. Cientos de personas han sido detenidas sin ninguna razón o evidencia clara, o por participar en manifestaciones pacíficas y legítimas. Incluso los ejemplos leves de desobediencia civil han sido considerados como una grave amenaza para el orden social.

En respuesta nos preguntamos – ¿A qué orden amenazamos y quién lo ordenó? ¿Es ese orden en el que nuestros propios cuerpos no nos pertenecen más? El orden más allá de los términos de cualquier “contrato social” razonable que jamás firmaríamos, en el que nuestros cuerpos se puedieran tomar, gestionar, consternir y encarcelar sin evidencia seria de crimen. ¿Es ese el orden en el que las decisiones son blindadas cada vez más  de los conflictos sociales? Cuando la gobernanza  pertenece a cada vez menos a la gente, ni siquiera a través del parlamento? Como cuestión de hecho, los organismos no- democráticos como la OMC, el NB, el G-cualquiera-de-sus-nºs, etc., operan bajo ningún control.

Nos vemos obligados a observar que el teatro de la democracia está roto tan pronto como uno se acerca al corazón del poder. Es por ello que reclamamos el poder para el pueblo. Reclamamos el poder sobre nuestras propias vidas. Sobre todo, reclamamos recuperar el poder de representar a la lucha contra la lógica el poder para contraponer la racionalidad de la vida y la de los comunes a la lógica del beneficio. Puede que haya sido declarado ilegal, pero todavía lo consideramos totalmente legítimo.

Dado que no queda espacio real en ese roto teatro, reclamamos nuestro poder colectivo – En realidad, lo esperábamos – al hablar sobre el clima y las cuestiones energéticas. Cuestiones que, para nosotros suponen nodos críticos de justicia global, la supervivencia del ser humano e independencia energética. Marchamos con nuestros cuerpos.

Preferimos entrar en el espacio donde el poder se encuentra bajo llave bailando y cantando. Nos hubiera gustado hacer esto en el Centro de Bella, interrumpir la sesión de acuerdo con cientos de delegados. Pero fuimos, como siempre, obstaculizados con violencia  por la policía. Arrestaron a nuestros cuerpos en un intento de detener nuestras ideas. Pusimos nuestros cuerpos a riesgao, tratando de protegerlos tan sólo manteniéndonos los unos cerca de los otro. Valoramos nuestros cuerpos: los necesitamos para hacer el amor, estar juntos y disfrutar de la vida. Ellos sostienen nuestros cerebros, con ideas brillantes y hermosas visiones. Ellos sostienen nuestros corazones llenos de pasión y alegría. No obstante, los pusimos en peligro. Arriesgamos nuestros cuerpos siendo encerrados en la cárcel.

De hecho, ¿cuál sería el valor de pensar y sentir, si los cuerpos no se movieran? No haciendo nada, dejándolo pasar, sería la peor forma de complicidad con el negocio que quería abortar la reunión de la ONU. En la COP15 nos movimos, y vamos a seguir moviéndonos.

Exactamente como el amor, la desobediencia civil no sólo se puede contar. Debemos hacerla realidad, con nuestros cuerpos. De lo contrario, no pensaríamos realmente  en lo que nos amamos, y no amaríamos realmente lo que pensamos. Es tan simple como eso. Es una cuestión de amor, justicia y dignidad.

la forma en la que la COP15 ha terminado demuestra que teníamos razón. Muchxs de nosotrxs estamos pagando lo que es obligatorio en una represión obsesiva, perversa y total: para encontrar un(a) culpable a costa de inventarlx (junto con el crimen, tal vez).

Estamos detenidos evidentemente con acusaciones absurdas sobre violencia que en realidad no existió o conspiraciones y  organización de acciones que infringen la ley.

No nos sentimos culpables por haber demostrado, junto con miles de personas, la recuperación de la independencia de nuestras vidas de la norma de la rentabilidad. Si las leyes se oponen a esto, es legítimo – aunque conflictual – infringirlas pacíficamente.

Estamos sólo temporalmente costernido, listxs para zarpar de nuevo con un viento más fuerte que nunca. Es una cuestión de amor, justicia y dignidad.

* Luca Tornatore, Red Italiana de Centros Sociales “Nos vemos en Copenhague”.
* Natasha Verco,  Acción de Justicia Climática
* Johannes Paul Meyer Schul
* Arvip Peschel
* Christian Becker
* Kharlanchuck Dzmitry
* Christoph Lang
* Anthony Arrabal

Traducido por Ekologistak Martxan – Boletina