La batalla contra YPF es por quién paga la fiesta ahora que no hay más plata

En diez años la importación de combustibles y lubricantes creció en dólares más del 940%. Sólo este año se necesitará importar por más de U$S5.000 millones. La pregunta es quién va a pagar esa factura. Los aprietes del Gobierno, la crisis energética como telón de fondo y un mercado de combustibles que cambió y sumó a nuevos jugadores argentinos.

por Federico Manrique

El conflicto contra YPF es mucho más pragmático y cortoplacista de lo que se muestra, aunque se intente tapar con discursos, reclamos de soberanía, nacionalismos, reivindicaciones históricas y planteos de seguridad energética. Tampoco es nueva. Es consecuencia de años de deterioro, falta de planificación e inversiones, que ahora saltan a la vista simplemente porque el Estado se quedó son fondos.

En los hechos, hoy el enfrentamiento y aprietes contra la principal petrolera que opera en la Argentina tiene un solo trasfondo: determinar quién paga los más de U$S5.000 millones que se necesitan como mínimo este año para importar combustibles y lubricantes para que la economía y el consumo no se frenen y evitar el costo político que tienen la escasez y las largas colas para echar naftas o diesel en las estaciones de servicio.

Todos sabían. La velocidad voraz con la que ha venido creciendo la demanda interna de combustibles, apuntalada por el crecimiento económico a tasas chinas y el diferencial de precios, que sigue permitiendo que los combustibles líquidos en la Argentina sean los más baratos de la región, nunca tuvo un correlato directo con el nivel de inversión en exploración y explotación de hidrocarburos ni en refinamiento de petróleo.

¿Qué pasó? Hasta ahora, lo que desde algunos sectores de la oposición y técnicos llamaban “crisis energética”, vino siendo ocultado por el Estado, con fondos públicos y subsidios. Desde el Estado se buscó mantener el precio de los combustibles sensiblemente por debajo de lo que se paga a nivel internacional y cubrió el déficit de inversiones de las petroleras con más importación de combustibles. La diferencia entre comprar nafta y gasoil caro en el exterior y venderlo barato en el mercado interno fue cubierta no por los privados sino por el Estado vía subsidios (más gasto público).

Pero la bola de nieve si hizo demasiado grande. Años de crecimiento de la economía, boom de consumo y ventas de autos (sólo en 2011 se patentaron 857.983 automotores y 716.207 motos), sumado a un desarrollo intensivo de la agricultura con consumo récord de gasoil, empezaron a engrosar demasiado la factura.

Evolución de las importaciones de Combustibles y Lubricantes

Cifras en dólares. Datos del Indec

En 2002 Argentina importó Combustibles y Lubricantes por un total de U$S482,22 millones. Al 2010, por el mismo concepto importó U$S4.474,15 millones, factura que, según datos estimados del Indec, habría subido a U$S4.482 millones en 2011, mientras que para 2012 (proyectado los U$S840 millones importados en el primer bimestre del año) se espera un piso de U$S5.040 millones. Si esto se confirma, en diez años la importación de combustibles, medida en dólares, habría crecido más del 940%.

Como se consume más combustible del que se produce, el diferencial se ha venido importando. El problema es que ya no hay dólares suficientes en manos del Estado como para seguir como hasta ahora. La pregunta, entonces, es quién va a pagar para que siga la fiesta del consumo.

El poder político, por medio de los gobernadores de las provincias petroleras como Mendoza, está tratando de acorralar y presionar a los accionistas de YPF, los españoles de Repsol y los argentinos Eskenazi, por el Grupo Petersen, para que sean ellos los que inviertan de forma urgente en la extracción de más petróleo y en el refinamiento de combustible para que el Estado tenga que dejar de importar combustibles, lo que implica para el país la salida de dólares de la economía nacional. De ahí la quita de áreas petroleras intrascendentes y las amenazas de más intervención y hasta de estatización.

Pero no se habla del problema de fondo ni mucho menos de si el Estado está en condiciones financieras de hacerse cargo. Quién va a pagar sólo este año los más de U$S5.000 millones que se necesitan para importar combustibles y, lo que es más importante, de dónde van a salir los entre U$S10.000 a U$S20.000 millones, que según legisladores nacionales de la oposición se necesitarían invertir en la Argentina para superar el cuello de botella entre oferta y demanda que hay en el sector de los hidrocarburos.

Nuevos jugadores
El negocio de los combustibles cambió en la Argentina. Cargar las tintas contra YPF, cuando fue el poder político el que permitió que hoy la petrolera controlada por Repsol sea responsable de 6 de cada 10 litros de combustibles que se venden en el país (en Mendoza la relación es de 8 de cada 10) es ocultar que no se actuó a tiempo. Y también implica ocultar que hoy el negocio de los combustibles en la Argentina, como nunca quizás en la historia reciente, está manejado por tantas empresas de capitales argentinos.

Cristóbal López, de empresario de juegos y fuertes vínculos con el kirchnerismo, a petrolero luego de la compra de la refinería y estaciones de servicio de Petrobras.

El empresario K Cristóbal López le compró la refinería y las estaciones de servicio que Petrobras tenía en el país y hoy operan bajo la marca OIL. Carlos Bulgheroni, dueño de Pan American Energy, fue quien también durante el último año el compró a la estadounidense Exxon la refinería de Campaña, en Buenos Aires, con capacidad para procesar 90.000 barriles diarios de petróleo y absorbió la red de 450 estaciones de servicio de Esso en la Argentina.

Por eso hoy, de los cuatro jugadores que tiene el mercado de los combustibles, sólo Shell sigue completamente en manos de extranjeros, ya que el 25% de YPF es del Grupo Petersen, y tanto OIL (ex Petrobras) como Esso son controladas por argentinos. Lo curioso es que sólo YPF mantiene precios diferenciales en sus combustibles. El resto no.

MDZOL