Cuando el petróleo une a los sirios

Vital para Gobierno y oposición, la única refinería aún en activo en Siria puede ser punto de encuentro para las partes enfrentadas. Y es que todas necesitan del petróleo de Rumelán, recientemente liberada por las milicias kurdas del YPG que gobiernan de facto el noreste del país.

Por Karlos Zurutuza

El uno de marzo nos dijeron que nos fuéramos a casa y que esperáramos dos días por nuestra seguridad». Mahmud Hassan recuerda con detalle el día que pudo cambiar el curso de la guerra que arrasa el país desde hace ya dos años.

«Eran las 7 de la mañana y el edificio estaba completamente rodeado por las milicias kurdas del YPG -Comités de Protección Popular-. Decían que llevaban esperando desde las 3 de la madrugada», continúa Hassan, uno de los 3.000 trabajadores en la refinería de Rumelán. Situada a 800 kilómetros al noroeste de Damasco, se trata de la única planta operativa hoy en Siria.

«El gas se queda para consumo local pero el petróleo sigue fluyendo hacia Homs y Banyas aunque la producción se ha visto reducida drásticamente desde el comienzo de la revolución», lamenta el operario.

«Primero fueron las sanciones internacionales y luego los sabotajes del FSA (Ejército Sirio Libre) o de particulares que agujerean el tubo para conseguir algo de dinero», asegura este hombre con más de 20 años al servicio de la Syrian Petroleum Company, la compañía estatal fundada en 1974 y dueña de la planta de Rumelán.

Mientras el Gobierno de Al-Assad concentra sus esfuerzos en combatir la rebelión opositora en buena parte de Siria, la mayor parte de la región nororiental del país disfruta de un gobierno de hecho kurdo. Muchos han atribuido este nuevo escenario a un pacto entre el PYD -el partido dominante entre los kurdos de Siria- y Al-Assad, un extremo que su líder, Salih Muslim, negara tajantemente a GARA.

Desde las filas del YPG, el comandante Feirusha aporta algunas claves sobre el funcionamiento de la que es la milicia hegemónica entre los kurdos de Siria.

«Contamos con más de 30.000 efectivos repartidos por todas las regiones kurdas y no usamos la fuerza hasta que no es estrictamente necesario», explica orgulloso Feirusha mientras conduce su 4X4 por un territorio llano que dominan extractoras y columnas de fuego. Feirusha subraya que la liberación de Rumelán se produjo «de forma pacífica y sin ningún disparo», algo que corrobora la activista local Khabat Abas a través del amplio testimonio gráfico obtenido aquel 1 de marzo.

El recorrido termina en el complejo residencial para la mayoría de trabajadores de Rumelán: un conjunto de edificios de hormigón rodeados de matorral y con depósitos de agua alineados en los techos.

«Seguimos trabajando con la misma normalidad de siempre y sin grandes cambios», explica desde otro de los impersonales apartamentos el electricista Hafez al Nuseibi. Asimismo, el veterano operario dice no temer que Damasco interrumpa sus salarios tras el reciente cambio de dueños de Rumelán. «¿Por qué habría de hacerlo? El petróleo sigue fluyendo no solo para los kurdos sino para todos lo sirios», apunta tajante al Nuseibi. «Además, Al-Assad sabe que si a final de este mes no recibimos nuestro sueldo, iremos a la huelga y colapsaremos el país».

Reuniones secretas

No obstante, algunos señalan otros factores tras la confianza generalizada de los trabajadores en la planta.

«A la semana de caer Rumelán se produjeron dos reuniones secretas entre los kurdos, el Ejército Sirio Libre y un representante del Gobierno de Bashar al-Assad», explica Firat Dicle -es nombre falso-, trabajador en Rumelán desde hace más de 25 años.

«Los invitados se reunieron en el edificio de la administración para decidir cómo repartir los beneficios de Rumelán en tres partes. Al final, se acordó que un tercio sea para el FSA, otro para el YPG-PYD mientras Damasco se queda con el 40%», explica Dicle.

El veterano operario confiesa que «todo el mundo tiene miedo tanto al régimen como al FSA». No en vano, el punto álgido de los combates entre este último y el YPG se vivió en la localidad de Serekaniye. Un alto el fuego el pasado marzo puso fin a unos encarnizados enfrentamientos que se habían prolongado durante tres meses.

«Contamos con 1.350 extractoras de tipo canadiense -bastidor basculante con contrapeso- repartidas en un territorio de unos 3.000 kilómetros cuadrados. Antes de la revolución, producíamos 165.000 barriles de petróleo diarios pero hoy estamos en torno a los 50.000», detalla Abu Muhamad desde el departamento de producción. El ingeniero confirma que es el YPG quien protege los pozos y quien ha de repartir los salarios a final de mes. «Rumelán no es solo para los kurdos sino también para los árabes, los cristianos y para todos los sirios en su conjunto», subraya.

Abu Muhamad compagina su labor técnica con el puesto de delegado del PYD en Rumelán. Recuerda que la reciente ocupación de la planta se acordó ya el pasado 1 de enero, en una asamblea celebrada en Derik, a 700 kilómetros al noreste de Damasco.

Respecto a las supuestas reuniones secretas entre miembros de las tres fuerzas dominantes en el país, Muhamad se muestra tajante: «Ese es solo un rumor que circula desde hace una semana. Ni el YPG ni el PYD obtienen rédito económico de ningún tipo. Su único objetivo es que la planta siga funcionando en beneficio de todos».

¿Podría una eventual interrupción en el suministro de petróleo acelerar el colapso del régimen que ansían tanto el FSA como los kurdos de Siria?

El principal delegado político en Rumelán tampoco vacila esta vez. «Una interrupción en el suministro sería catastrófica para nosotros», avisa el principal representante político de Rumelán. «La oposición al régimen quedaría paralizada mientras que Damasco seguiría recibiendo combustible de Irán, Rusia y China».

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