El modelo noruego en el que YPF le gustaría reflejarse

Statoil, la petrolera estatal noruega que enamoró a Miguel Galuccio. El modelo: empresa mixta con gestión estatal exitosa.

Cuando hace dos años Jorge Sapag recibió a una delegación de la noruega Statoil para conversar sobre la eventual asociación con la provincial Gas y Petróleo de Neuquén, tuvo prueba de una de las particularidades de la gestión escandinava, que encumbra con toda naturalidad a las mujeres a puestos de alta jerarquía política o de la gestión. El trío de interlocutoras estaba integrado por Nidia Alvarez Crogh, Monica Boe y Florence Geny, vicepresidenta del Departamento Negocios, analista de políticas públicas y de la División Nuevos Emprendimientos, respectivamente. Pero no es esta particularidad, en un mundo de neto predominio masculino, lo que enamoró a Miguel Galuccio.

El presidente de YPF se refirió en más de una ocasión al “admirable modelo” de la noruega, una compañía regida por parámetros de eficiencia capitalista pero bajo pautas de redistribución de utilidades con sesgo socialista. Galuccio identificó un modelo, quizá no para replicarlo exactamente, pero sí para reformatear la empresa bajo su responsabilidad.

El modelo: empresa mixta con gestión estatal exitosa

Statoil es una versión particular de empresa capitalista, comandada con parámetros de eficiencia económica y, al mismo tiempo, de bienestar colectivo.

La noruega que enamoró  a Miguel Galuccio

Se trata de una de las energéticas más grandes del mundo, que opera bajo la forma de una compañía mixta con mayoría estatal, que cotiza en la Bolsa de Nueva York. El 67% de su capital está en manos del Estado nacional, un 9% restante corresponde a inversores privados del país y el resto, a otros accionistas individuales.

Algunos datos dan la pauta de su envergadura: es la segunda proveedora de gas a Europa, especialista en la exploración en aguas profundas y tiene 17.000 empleados esparcidos por cuatro decenas de países.

Algunos axiomas orientaron ese crecimiento imparable en cuatro décadas de gerenciamiento estatal fundado en definiciones políticas inquebrantables, pero ajeno a los vaivenes de cualquier gestión de gobierno.

Un principio de acción general es que ayuda a generar valor para la economía de su país más allá del sector energético en el que ostenta un liderazgo inobjetable. Otro, vinculado a éste, es que no le permite a Noruega dormirse en los laureles de su próspera firma de hidrocarburos, descuidando el resto de las actividades: Statoil fomenta a los proveedores locales, pero no una red de firmas que sean subsidiarias.

La idea madre es que el petróleo es un recurso estratégico a cuya propiedad los noruegos no pueden renunciar y cuyas utilidades deben ser preservadas de cualquier necesidad coyuntural.

Pero su signo distintivo es, sin duda, el denominado Fondo Petrolero o Fondo de Pensiones, nutrido con las voluminosas utilidades de la compañía.

La médula: utilidades nutren el fondo petrolero

El fondo petrolero se integra con el superávit que genera la explotación hidrocarburífera y está manejado por el Banco Central noruego bajo control parlamentario. Hay varios estamentos del poder involucrados en la administración de esa riqueza que transformó a los cinco millones de habitantes del país nórdico en personas con un futuro tan promisorio como confortable es su presente. Uno es el Congreso. Otro es un comité técnico asesor mixto. Ambos tienen la última palabra en la estrategia operativa.

Esta enorme masa de recursos próxima a los u$s400.000 millones es apostada en inversiones de riesgo moderado y a largo plazo. El 60% del capital se destina a la compra de acciones, activos de renta variable. El 35% va a bonos de alta calificación. Pero más allá del propósito de maximizar la renta sin que peligre el tesoro existe un firme parámetro ético para administrarlo.

La firma no invierte en ninguna industria armamentista ni que dañe de modo flagrante el medio ambiente. Más importante y menos obvio: tampoco lo hace en empresas que vulneren los derechos humanos, empezando por el de sus propios trabajadores. De esa manera, el Goverment Pension Fund Global, dueño del 1% de los activos globales del planeta, consigue cierta injerencia en otras firmas privadas en función de sus parámetros morales.

Las inversiones del fondo generan una renta anual de alrededor del 4 por ciento. Ésa es la única porción disponible para asistir otras necesidades presupuestarias del país, incluyendo la cobertura de las futuras jubilaciones. De ese modo no se compromete el capital del fondo, resguardado para futuras generaciones en inversiones conservadoras.

La Argentina intenta seducir a Statoil como eventual socia para la explotación del petróleo y gas no convencional en Vaca Muerta. La provincia del Neuquén, la estatal Enarsa e YPF, en ese orden, buscaron acuerdos con la firma que reivindica Miguel Galuccio, con el fin de conseguir el capital y la tecnología que el país necesita para honrar su estatus de tercer reservorio planetario, según le confirió el Departamento de Estado de Energía de los Estados Unidos por el gas y el petróleo “no convencional” atesorado en Vaca Muerta. Los noruegos tienen fondos y know how.

Pero si esos ensambles se frustraran, la firma nórdica seguirá valiendo como referente, a pesar de sus pecados.

Desde abril del 2011, John Scarlett se desempeñó como asesor ejecutivo para estrategias globales de la hidrocarburífera nórdica, algo que no le impidió su pasado reprochable. Scarlett dirigió el Joint Intelligence Comitee británico, equipo de inteligencia que redactó documentos apócrifos para justificar la invasión estadounidense a Irak. Esa mancha se suma a otra: haber violado leyes ambientales en Canadá por desviar ilegalmente cursos de agua para abastecer su planta de Conklin

Seguramente, YPF creará su propio y depurado modelo.

Diario Bae