Soberanía, Modelo Productivo y extractivismo. Una actualización necesaria

Por José Rigane* .- Las políticas neoliberales han producido, entre otras cosas, que hayamos perdido la soberanía nacional. Hoy no somos un pueblo soberano. Hemos perdido la soberanía en el proceso de desarrollo de las políticas implementadas a partir de la dictadura de 1976, y que hoy estructuralmente continúan de pie. 

Y es en este marco que entendemos la necesidad de cambiar esa situación a partir de dar la disputa por el pensamiento. Es a partir de la disputa de las ideas que las políticas instrumentadas, desarrolladas y aplicadas que transformaron nuestra situación económica y social de manera visceral y trágica para el pueblo, pueden ser revertidas.

En el ámbito de la energía se puede observar cómo el proceso de entrega ha tenido continuidad en todos los gobiernos democráticos, cualquiera al que nos queramos referir. Es ahí donde uno comprueba, como en otros aspectos muy vinculados a la energía, que no hay modificación en las políticas neoliberales, donde su instrumentación y aplicación siguen bajo la supeditación a los grupos multinacionales.

Si hay un fracaso en Argentina es en el modelo energético. Podemos encontrar dos razones fundamentales: el proceso de privatización y extranjerización que sufrió el país. A partir de estos procesos es que la energía está en manos de los grupos multinacionales y ellos deciden qué rumbo tomar, bajo qué paradigma actuar y a qué intereses beneficiar. Ellos son los que imponen la lógica comercial por sobre los intereses populares.

Si hay un retroceso en Argentina que puede demostrar a dónde nos conduce el neoliberalismo es en el modelo energético, que precisamente posibilitó el proceso de privatización y extranjerización. No hay voluntad de los anteriores gobiernos ni de éste de transformar ese modelo energético en una política soberana.

Para nosotros la energía es un bien social, no es un commoditie ni es una mercancía. Como siempre decimos, no se trata de un paquete de yerba que uno va a buscar a la góndola, la energía no se siembra como la soja, como el trigo o como el maíz. Pertenece al subsuelo de los argentinos y resultan de un interés estratégicos para toda la nación.

Y decimos que es un bien social porque entendemos que necesitamos acceder a esa energía para tener la posibilidad de una vida digna; nadie en el siglo XXI puede tener una vida digna sino tiene acceso a la energía eléctrica, al gas y al agua, etc.

La segunda cuestión para nosotros es que la energía es un derecho humano, aunque a veces sea poco reconocido como tal. Entendemos a la energía del mismo modo que a la vivienda, al trabajo, la libertad, etc.

Hay que entender que aquel país que tenga acceso a la energía,  va a tener una población con gran longevidad porque afecta directamente al modo y calidad de vida. Un país con derecho a la energía implica que su población alcance los 80 años o más. En cambio, un pueblo que queda excluido de cualquier fuente energética, como varios países africanos, muere a los 45 o 48 años. La ecuación es tan sencilla como trágica y contundente.

Entendemos que este es un problema de todos, no es sólo de los que supuestamente entienden en la materia. No es sólo de los trabajadores del sector, o de los técnicos, o de los ingenieros, o de los científicos o el que sea. Es un problema de todos nosotros como país, como pueblo. Para entenderlo así es necesario comprender la importancia de la energía como camino hacia la soberanía. No existe soberanía nacional sin estar acompañada de soberanía energética.

La decisión de las políticas neoliberales fue convertir todo en mercancía, en commodities, porque eso es lo que facilita el proceso de saqueo. El proyecto de los grupos multinacionales no contempla la vida, busca la ganancia por sobre los derechos humanos, destruye la naturaleza a cambio de dinero. En definitiva, estamos en presencia de un proyecto que no le interesa la comunidad, ni los pueblos que tenga que arrasar por su afán de negocios; es un proyecto  genocida.

Un debate de hoy 

Hace un año se estatizó el 51% de las acciones de YPF, medida que nosotros saludamos, aunque marcamos sus limitantes. Supuestamente se nacionalizó la petrolera estatal de Argentina como un paso hacia la soberanía económica y energética. Y hay que poder poner en cuestión estas estatizaciones que realizó el gobierno nacional, como Aerolíneas Argentinas, el Correo Argentino, entre otras. Hay que poder profundizar el análisis y ver la cuestión de fondo.

En realidad, lo que se ha hecho es confundir el concepto de “nacionalización” y engañar al conjunto del pueblo argentino, porque la recuperación de esas acciones no significa ninguna nacionalización. Para realizar un proceso de cambio profundo que tire abajo las políticas neoliberales se necesita una nacionalización que implique una empresa como YPF bajo la figura de “Sociedad del Estado” y que sea una empresa modelo con una moderna gestión, donde participen en su gestión diversos actores de la sociedad. Recuperar el 51% de las acciones mientras se mantiene la lógica comercial impuesta por las empresas multinacionales (como Chevron) y se gestiona bajo la figura de “Sociedad Anónima” y se buscan capitales de grupos transnacionales no es nacionalizar ni realizar pasos hacia la soberanía.

Entendemos que la nacionalización no es tal. En realidad, es la misma mentira que lo que se conoció como “argentinizar”; un verdadero verso para confundir y engañar, lo cual, sólo trae como resultado la continuación de las políticas que se instrumentaron a partir de la década del ´70 y que perjudicaron a nuestro pueblo

La recuperación del 51% de las acciones de YPF no modifica en absoluto el saqueo energético. Hay un ejemplo emblemático que pone blanco sobre negro esta situación; cerca de fin de año se intentó nacionalizar el predio del barrio de Palermo de la Sociedad Rural Argentina y, al mismo tiempo, durante esos mismos días de diciembre del año pasado se realizó el acuerdo con la empresa Chevron (principal petrolera de Estados Unidos) para que pueda realizar la explotación de hidrocarburos bajo el cuestionado sistema de fracking. Este sistema está prohibido en varios países del mundo, entre ellos Francia, EE.UU. y otras potencias mundiales.

El acuerdo firmado esta empresa extranjera implica concederle miles de kilómetros cuadrados de localidades como Loma de La Lata, de Vaca Muerta, y otros ricos lugares de Neuquén, para que produzcan y desarrolle sus negocios bajo el sistema de fracking, que no es otra cosa que un eslabón más en el proceso de saqueo de los hidrocarburos que sufre nuestro país.

Otra medida de los últimos tiempos del gobierno que se dice a sí mismo “nacional y popular” tiene que ver con el reconocimiento tope del valor del petróleo, que pasó de 42 dólares a 70, cuando el precio internacional era de 60 dólares cada barril. Esta medida que parece meramente financiera, no es otra cosa que otro beneficio concreto a las petroleras como Petrobras, Esso, entre otrs que operan en Argentina

Esta política produjo que las petroleras exporten a simple declaración jurada y puedan exportas cada vez más. Este proceso le permitió a las petroleras que el 70% de las divisas las pudieran “sacar” del país sin pasar por el Banco Central.

Una de las tantas conclusiones es que Argentina tenía, hace un tiempo, reservas de gas por 32 años y petróleo por 18 y, gracias a estas políticas y a los grupos multinacionales que se beneficiaron, dejaron las reservas del país para a penas 7 y 8 años, aproximadamente.

Esto es una terrible demostración de la entrega y saqueo energético. Tal es así que Argentina se convirtió en un gran importador (desde Medio Oriente) de gas licuado que convertimos en gas natural, del cual pagamos cifras siderales por el millón de BTU (medida inglesa sobre los metros cúbicos del gas). Nuestro país llegó a pagar hasta 18 dólares por el BTU, siendo un país con importantes reservas hidrocarburíferas.

Estos son algunos de los disparates de la política energética de este país. Es por esta razón que hoy tenemos una importante crisis energética, por eso tenemos problemas cuando llueve, problemas cuando hace calor, cuando hace frío; tenemos problemas siempre. Prima la lógica comercial por sobre la del interés social.

Otra medida también impulsada en diciembre por parte del gobierno que benefició a los grupos multinacionales tiene que ver con el precio del petróleo. El último diciembre llevó el barril de petróleo de 42 a 70 dólares y habilitó a las petroleras a volver a exportar crudo en un país donde existen problemas con el petróleo y la energía. El gobierno nacional permitió exportar sin importar el valor agregado de materia prima. Esta política dio como resultado que hoy estemos importando dieseloil, gasoil y naftas especiales porque no hay ninguna inversión realizada en el campo de las destilerías.

Con éstas políticas los beneficiarios directos son los multimillonarios hermanos Bulgheroni, la Panamerican Energy, Bridas y la British Petroleum, entre otros operadores.

¿No es que Argentina defiende la soberanía y, por tal motivo, defiende el derecho nacional sobre las Islas Malvinas? ¿Y cómo es que permitimos el negocio de la British Petroleum y la Panamerican Energy cuando, al mismo tiempo, reivindicamos en los discursos la soberanía nacional? ¿Qué coherencia “nacional y popular” es esta?

Como si esto fuera poco, la otra decisión que tomó el gobierno es permitirle a la Panamerican Energy obtener dólares al valor oficial y en el mercado de cambio oficial, sin ningún tipo de inconvenientes para que garantice la exportación y, además, para que haga todas las transferencias que quiera. Se siguen tratando nuestros valores estratégicos como una simple mercancía

Podríamos seguir sumando ejemplos de esta realidad. Y es muy importante y necesario conocer la realidad. Pero necesitamos desarrollar iniciativas políticas que resultan imprescindibles y necesarias para transformar estructuralmente el tema energético en Argentina. Nuestro país necesita formar parte de los procesos de transformación que viven algunos importantes países de América Latina. La disputa por la soberanía implica volvernos soberanos y para realizar este objetivo es esencial problematizar sobre la minería, los hidrocarburos, el agua, el monocultivo soja, etc.

Necesitamos como pueblo desarrollar organización propia, que no es otra cosa que poder propio, poder popular. Necesitamos conformarnos en sujetos de transformación conscientes y dejar de ser objetos de políticas que nos llevan al saqueo.

Por eso resulta imprescindible reflexionar sobre el ejemplo de Bolivia. Los hermanos bolivianos, antes que Evo Morales llegue a la presidencia, defendieron con más de 80 muertos su gas y su petróleo. Cortaron rutas y fueron protagonistas de un proceso de lucha social y política que luego llevó al mismo Evo Morales al gobierno. Y Evo no incumple con su palabra y su compromiso; a partir de su victoria en las elecciones, comienza a nacionalizar el petróleo, el gas, la electricidad y por ese camino continúa hoy. En Bolivia cambió la visión sobre la soberanía.

Por último, entendemos que el planteo sobre la soberanía resulta imprescindible y, dentro de ella, el tema energético es central y estratégico. El capitalismo, que es el mal de todos los males, es el que nos quita la felicidad como pueblo. Necesitamos cambiar la realidad de manera estructural para construir soberanía con un pueblo feliz, que es el único camino real. Y si ese camino es el socialismo, entonces vamos por ello.

10 de abril de 2013
* Sec. General de la FeTERA y Sec. Adjunto de la CTA.

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