Chevron-YPF, el resultado de la crisis energética que se buscó tapar

Antonio Rossi.- Por el impacto de la derrota electoral o porque las evidencias son cada vez más inocultables, esta semana dos figuras estelares de la administración kirchnerista reconocieron, parcialmente, que existe una “crisis energética”.

“Tenemos un déficit energético que es serio y si no hacemos algo las importaciones crecientes de combustibles afectarán el balance comercial”, dijo el jueves el presidente de YPF, Miguel Galuccio, al defender el acuerdo con Chevron.

Un día después, el ministro de Planificación, Julio De Vido aseguró que “el autoabastecimiento energético es el gran desafío que tenemos hacia adelante para sostener el crecimiento industrial”. Si bien es promisorio que ambos hayan admitido parte del problema que venían negando, omitieron identificar las causas y los responsables del desbarajuste energético.

A contramano del relato oficial que resalta logros y triunfos por todos lados, la última década K resultó marcadamente negativa en materia energética. Tal como advirtieron los ex secretarios de Energía y la mayoría de los especialistas del sector, el panorama actual es muy crítico y preocupante.

El país perdió en 2011 el autoabastecimiento que tenía desde hace más de 20 años y que había permitido exportar hidrocarburos entre 1989 y 2010.

Desde hace tres años, Argentina es importador neto y creciente de gas oil, fuel oil y gas natural. En 2012 las importaciones llegaron a US$ 9.500 millones y este año se encaminan a superar los US$ 13.000 millones. Según los datos del IARAF, esas importaciones que en 2003 equivalían solo al 3% de los ingresos de las exportaciones de granos, este año representarán casi el 50% de esos recursos.

En el caso del gas, las importaciones no paran de crecer desde 2004 para cubrir la mayor demanda que no puede atenderse con la deficitaria producción local. Inicialmente equivalían al 4% de la demanda, pero ahora ya representan el 30% del consumo nacional.

La caída de las reservas hidrocarburíferas registradas entre 2003 y 2012 equivalen a una descapitalización superior a US$ 100.000 millones a los actuales valores de reposición del petróleo y el gas.

En 2002, el país producía la mitad del petróleo que extraía Brasil, mientras que en la actualidad, apenas llega a la cuarta parte.

Ese deterioro se explica por el retroceso de la producción de crudo –que lleva más de 120 meses de caídas– y de gas, que acumula marcas negativas desde 2004.

Las inversiones en exploración en la última década se concentraron en las cuencas convencionales de bajo riesgo y representaron menos de la mitad de las que se habían concretado entre 1982 y 2002.

Los subsidios para cubrir el congelamiento tarifario y las compensaciones a las petroleras y eléctricas que no pueden facturar los precios reales del mercado absorberán este año más de $ 80.000 millones de las cuentas públicas.

Aunque Galuccio y De Vido no lo hayan manifestado, está claro que la falta de un plan estratégico y la incompetencia que mostraron los funcionarios en los últimos años constituyen las principales razones que explican la crisis energética que promete extenderse, como mínimo, hasta el 2020.

Clarín