La Argentina, entre los “perdedores” hidrocarburíferos en la región

De acuerdo con Ramón Espinasa, experto del BID

Junto con Venezuela, Ecuador y México, el país se ubica en el grupo de los mercados que perdieron terreno a escala regional, según el especialista del BID, Ramón Espinasa, quien ve en el particular intervencionismo estatal de estas naciones la principal razón de su decadencia energética.

A la hora de hablar sobre las oportunidades que perdió la industria regional de Oil & Gas durante los últimos años, la Argentina se erige como un caso emblemático. Así lo cree Ramón Espinasa, ex economista jefe de la petrolera venezolana PDVSA y especialista hidrocarburífero de la división de Energía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). A su criterio, el deficiente marco institucional y regulador del país le ha impedido –al igual que a Venezuela, Ecuador y México– aprovechar un contexto externo sumamente propicio.

Según sus palabras, en esos mercados el control de la producción se encuentra directamente bajo la égida del gobierno, a través de una empresa monopólica estatal con altísima interferencia del ejecutivo en la actividad de las empresas privadas. En su opinión, la intervención estatal y la transferencia de activos para sostener subsidios nacionales provocan problemas de acceso a recursos y tecnología para las firmas.

“Un escenario distinto se ha visto, desde comienzos de milenio, en naciones como Brasil, Colombia y Perú, que han avanzado muy favorablemente”, aseguró el experto, quien elaboró un informe con un título por demás elocuente: ‘El sector petrolero de Latinoamérica: oportunidad perdida’.

A su criterio, hay un modelo institucional que ha demostrado ser muy exitoso. “Si uno revisa el desempeño de los productores de hidrocarburos en el continente en los últimos 15 años, se da cuenta de que Brasil, Colombia y Perú coinciden en admitir la inversión privada directa, independientemente de la empresa estatal. Eso fue posible porque crearon una agencia reguladora autónoma fuerte, que administra las reservas y genera competencia entre empresas estatales y privadas, lo que redunda en el beneficio de todo el sector. No es casual que los tres países hayan aumentado la producción de hidrocarburos de manera ostensible, y que –paradójicamente– las principales beneficiadas de este proceso de apertura hayan sido sus empresas estatales”, resumió.

Las señales de aumento de precios registradas en el mercado internacional desde el año 2000 deberían haber provocado, para Espinasa, un aumento de la inversión y producción en el segmento hidrocarburífero a lo largo y ancho de la región. Sin embargo, eso no ha sucedido en la Argentina.

“La crisis económica y política de 2001 y la posterior llegada del Kirchnerismo se tradujeron en una caída de las inversiones de las petroleras debido al control gubernamental de los precios, los impuestos a la exportación y las presiones a las compañías que tuvieron como mayor exponente la expropiación de YPF a la española Repsol”, evocó.

Otra grave deficiencia que el país comparte con Venezuela y Ecuador estriba en la ausencia de un sistema de meritocracia y escrutinio político de los gestores de las petroleras estatales. “De allí, la opacidad de resultados vigente”, añadió. En ese sentido, diferenció positivamente la reforma energética que promueve México, algo que consideró “no tan complicado” como los cambios fiscales que sobrevendrán ante la apertura parcial a la competencia en el sector.

Balance gasífero

Específicamente en el rubro gasífero, el balance regional es positivo, aunque varía de país a país. “De ser exportador, la Argentina ha pasado a ser importador neto de gas, mientras que Bolivia sigue exportando en grandes cantidades, casi como Trinidad y Tobago (1.800 millones de pies cúbicos). Por su parte, Brasil, que después de la Argentina y Venezuela es el principal consumidor en la región, es importador neto y depende en gran medida del fluido boliviano”, distinguió Espinasa.

Por otro lado, indicó, una nación ha pasado de no ser exportadora a comercializar unos 200 millones de pies cúbicos a Venezuela. “Se trata de Colombia, que cuenta con un importante gasoducto en la zona de Guajira que va de Punta Ballena a Maracaibo”, remarcó.

Para incrementar el rendimiento sectorial, el experto cree vital mejorar la infraestructura de exportación existente. “En esa dirección, deben ponderarse los esfuerzos de Perú, que dispone de la única gran planta en Sudamérica de gas natural licuado (GNL)”, señaló.

A su entender, al gas siempre se le ha dedicado menos atención exploratoria que al petróleo, pero el desarrollo tecnológico en diferentes segmentos del negocio de dicho recurso está demostrando un grandísimo potencial. “No me refiero únicamente a la innovación en la producción con el shale gas en los Estados Unidos, sino también al transporte a grandes y pequeñas escalas”, expresó.

Desde su perspectiva, las reservas probadas dan para mucha más producción que la actual. “El tema no está en el subsuelo, sino en crear las condiciones necesarias para que haya más inversión tanto en materia de producción como de exploración”, concluyó.

Petroquímica