Fracking, encuestas y deliberación

El fracking sigue siendo un tema desconocido para la mayor parte de la ciudadanía. Pero entre muchos sectores crece la idea de que es una severa amenaza ambiental. Y el Estado nacional, al mismo tiempo que niega información a la ciudadanía, manipula datos de una encuesta para intentar hacer creer que una mayoría ciudadana respalda el emprendimiento de Vaca Muerta, en el que se está empleando esa técnica desde hace ya más de un año.

Por Américo Schvartzman*

Aunque se conoció ahora, entre el 16 y el 18 de mayo de este año la empresa Poliarquía realizó una encuesta sobre Vaca Muerta. La fecha es un dato importante: pocos días antes, el domingo 11 de mayo, el programa Periodismo Para Todos (PPT) había emitido un informe titulado: “Lanata en Vaca Muerta: toda la verdad sobre el yacimiento”.

La consulta fue telefónica e involucró 1.564 casos. El resultado fue presentado en diferentes medios como si fuera un masivo apoyo ciudadano al emprendimiento. Así, Télam tituló esta semana: “Seis de cada diez argentinos quieren que se desarrolle Vaca Muerta” (1). Del mismo modo, casi todos los medios que publicaron la noticia se centraron en que el 65% de los consultados se muestra a favor de explotar el yacimiento.

No se informó quién encargó la encuesta, dato que debería figurar de modo obligatorio en la ficha técnica de cualquier sondeo. Es notable que nunca se difunda quién es el comitente, información que el lector tiene derecho a conocer.

Sin embargo, una mirada detenida al informe de Poliarquía muestra otra cosa. En primer lugar, que solo el 24 por ciento de los consultados (menos de uno de cada cuatro) responde positivamente a la pregunta “¿Cuánto diría que sabe o conoce sobre Vaca Muerta?”. El 15% dice “bastante” y el 9% “mucho”. En cambio, el 37% no sabe de qué se trata. Otro 34% declara que tiene “poca información” y el 5% “casi nada”. Es decir que el 76 % de los consultados no está en buenas condiciones para emitir una opinión al respecto (2).

Como puede verse, afirmar que “seis de cada diez quieren que se desarrolle” es irreal y la noticia es, por lo menos, engañosa. Los mismos datos permiten llegar a conclusiones totalmente opuestas.

Otro matiz es que el sondeo no indaga sobre el fracking como método. Aun así, más de la mitad de los que dicen saber, creen que el desarrollo del yacimiento puede generar un daño considerable al ambiente: el 16% dice “mucho” y el 17% bastante”. Entre los dos suman 33%, más de la mitad del 63% que cree tener conocimiento.

Mientras tanto, las autoridades siguen haciéndose las distraídas. El año pasado, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación fue consultada –en el marco de una causa judicial iniciada por la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas de la Patagonia (AAAAP)– sobre los posibles efectos del fracking en el ambiente. La jueza federal María José Sarmiento le preguntó específicamente si poseía estudios sobre impacto sismológico, químicos utilizados y posible contaminación del agua. La dependencia todavía a cargo de Juan José Mussi respondió que “no cuenta con la información pública que solicita en el expediente de referencia”. Así de sencillo. Aun hoy, si uno busca en el sitio oficial de la Secretaría las palabras “fracking” (o “hidrocarburos no convencionales” o “fractura hidráulica”) el resultado es elocuente: “No hay artículos para el criterio de búsqueda seleccionado”.  Silenzio stampa.

No deja de ser simbólico que el Estado niegue información a quienes deberían ser informados para decidir sobre el tema, y al mismo tiempo –manipulando una encuesta– intente hacer creer que una mayoría ciudadana respalda ese emprendimiento.

En realidad, todo esto recién comienza. Por ahora, quienes gestionan lo hacen con concepciones elitistas de la democracia (aunque se presenten como “populistas”) y muestran sus límites ante la demanda de los movimientos socioambientales, que nacieron como culturales pero rápidamente pasan a constituirse en políticos: es decir, pretenden ser incluidos en las decisiones que los involucrarán (eso es política).

El fracking sigue siendo un tema desconocido para la mayor parte de la ciudadanía. Pero entre muchos sectores crece la idea de que es una severa amenaza. En la medida en que no se avance en un proceso de deliberación y consulta ciudadana (“licencia social”), crece el riesgo de que se convierta en un conflicto socioambiental de dimensiones. Salvo que empecemos a discutirlo en serio, con buena información, y con los interesados.

¿No se trata de eso, en el fondo, la democracia?

 

*Autor de Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa (Prometeo 2013)

Notas:

1- http://www.telam.com.ar/notas/201408/74238-vaca-muerta-hidrocarburos-no-convencionales-encuesta.html

2-  http://www.poliarquia.com/pdf/IP%20VM.pdf