Vaca Muerta: crecimiento superficial y empobrecimiento estructural

Desigualdad, contaminación y saqueo son procesos constitutivos de la historia latinoamericana. En Argentina la explotación de hidrocarburos no convencionales parece reeditar el dispositivo que acuñó Potosí. Los millones de toneladas de plata que enriquecieron a potencias europeas hoy trocaron en miles de millones de dólares que se fugan mediante mecanismos financieros. Como en Potosí, los territorios quedan degradados y empobrecidos.

Por Fernando Cabrera Christiansen (OPSur y EJES) / Publicado en Transiciones en disputa de la revista Energía y Equidad – Grupo de Trabajo .- “Seguimos afirmando que el fracking y la política de beneficiar a las petroleras para esperar que alguna vez la riqueza se derrame y alcance para todxs, solo han significado contaminación, empobrecimiento y profundización de las desigualdades”, sostuvo la Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén en un comunicado difundido al cumplirse siete años de la instalación del fracking en Argentina.

El megaproyecto de hidrocarburos no convencionales Vaca Muerta, ubicado en la norpatagonia argentina, tiene su mayor desarrollo en Neuquén y se expande con diferentes ritmos en las provincias de Río Negro y Mendoza. El 44% del gas y 26% del petróleo de Argentina provienen de ese reservorio. La Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén resalta que en el tiempo en que el fracking se aplicó masivamente (poniendo en riesgo ríos, lagos, zonas pobladas y productivas), aumentaron las desigualdades sociales, ambientales, económicas y de géneros. Esas afirmaciones se reflejan en estadísticas oficiales, según las mediciones realizadas por el gobierno neuquino, en el segundo trimestre del año la tasa de desempleo en Neuquén-Plottier, el conglomerado más importante de la provincia, se ubicó en 13,5%, por encima del promedio nacional. En tanto, según los números del primer semestre, es pobre el 37,5% de la población de esas ciudades y el 5,2 es indigente; en este caso por debajo del promedio nacional.

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Otro indicador de la crítica situación social son los conflictos por tierra y vivienda. En enero de este año, es decir, antes de la pandemia, se produjo la ocupación de tierras baldías más grande de los últimos años en la ciudad de Neuquén. Tras varias semanas, y con promesas gubernamentales en torno a futuras respuestas habitacionales, buena parte de las 1.600 familias abandonaron el lugar. Pero esa problemática está lejos de resolverse: en la actualidad se están desarrollando procesos similares en varias localidades de la provincia.

Paradójicamente, o no tanto, esta dramática situación se constata en la provincia donde se focalizó la inversión privada en los últimos años: desde 2015 los hidrocarburos no convencionales sumaron un total de 18.600 mil millones de dólares de inversión.

A siete años del comienzo de la aplicación masiva del fracking, la Multisectorial contra la Hidrofractura concluye: “El manejo de los hidrocarburos de la provincia ha sido un buen negocio para las petroleras y un pésimo negocio para la inmensa mayoría de la población”.

Potosí, un espejo

La genealogía de la minería que Horacio Machado Aráoz publica como Potosí, el origen describe un dispositivo que se repite en el caso de los hidrocarburos no convencionales. El investigador sostiene que los gobiernos de América Latina se empeñan en acelerar la maquinaria extractivista como “única alternativa” para superar el “subdesarrollo” y “eliminar la pobreza”. Esa obstinación se erige sobre, y más allá de, ciclos económicos. En la bonanza se activan las fantasías y la sociedad parece poseída por la fe desarrollista. En ese periodo, poner límites a las actividades extractivas aparece como “autolimitar el desarrollo de nuestras sociedades”. Pero, poco después, caen los precios internacionales de los commodities y los ingresos por exportaciones, lo que se traduce en menores niveles de actividad, de empleo y de salarios, sólo aumentan la pobreza y la emergencia. Extrañamente ante este segundo escenario los gobiernos recurren a la misma fórmula: alentar el extractivismo, ahora para “paliar la crisis”.

El proceso combina así crecimiento y empobrecimiento. Por un lado, un crecimiento superficial, momentáneo, esporádico, que se reviste con apariencias de progreso -el boom de la construcción, el salto del PBI, la expansión del consumo, la introducción de novedades tecnológicas, la intensificación de la circulación de mercancías. Por el otro, un empobrecimiento estructural, profundo, de larga duración, que el autor describe como un “deterioro secular, sistémico, de las capacidades productivas de los territorios/poblaciones afectadas. Se trata, en suma, de la degradación integral de las condiciones vitales, creativas de todo un pueblo, como entidad eco-biopolítica, como cultura viviente” (Machado Aráoz, 2018: 37).

En resumen, los distritos donde se asientan estos proyectos generan, entonces, momentos interpretados como de bonanza económica que tienen como contracara una profundización de la dependencia y la fragilidad económica y social. Crecimiento superficial y empobrecimiento estructural son una misma moneda, y ante cualquiera de estos periodos la propuesta estatal es la profundización extractivista.

Dólares en fuga

Desde esa perspectiva podemos analizar las políticas para el sector hidrocarburífero en Argentina. Mientras las provincias ven a Vaca Muerta como forma de estimular y subsanar sus economías endeudadas y mantener la gobernabilidad, a nivel nacional la gestión de Alberto Fernández (2019-2023) no se aleja de las de sus antecesores y se orienta a sostener el megaproyecto como se ha ido delineando, promoviendo una mayor presencia estatal y buscando generar encadenamientos productivos.

Pese a los deseos gubernamentales, y con siete años de historia de la explotación, algunos riesgos, por lo general minimizados, comienzan a tomar relevancia en la agenda pública. Por un lado, la notable caída de la extracción ante los primeros inconvenientes con los subsidios y las inversiones en dólares que se retiran del país tan rápido como llegaron. Por otro lado, el inestable devenir del precio internacional del crudo pone regularmente en jaque las economías estructuradas sobre hidrocarburos. Como suele ocurrir, Neuquén, lejos de utilizar los fondos extraordinarios en pos de promover otras propuestas económicas, depende cada vez más de esos recursos, tiene una deuda dolarizada que crece y sus índices socioeconómicos son sumamente preocupantes. Esta frágil situación no se debe a la crisis, como indica Machado Aráoz: es inherente a este tipo de economías.

Durante el 2019, desde el Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental (EJES) señalamos algunas limitaciones que encontraba Vaca Muerta para convertirse en la fuente de dólares que soñó el macrismo (Fernández Massi y López Crespo, 2019). El escaso interés de las grandes petroleras globales por traccionar la explotación masiva, la dependencia de los subsidios, las carencias de infraestructura fundamental y la incertidumbre de un mercado de destino son limitaciones que continúan vigentes. Pero fue la caída global del precio de los hidrocarburos la que convenció a la nueva gestión nacional que la perspectiva de convertir a Argentina en un exportador de GNL debía, por lo menos, posponerse. Hoy las expectativas parecen centrarse en el abastecimiento interno con el objetivo de minimizar la importación de gas, y por tanto la salida de divisas, en un contexto crítico de acceso al dólar. Para ello, el gobierno promueve un plan de incentivo para las operadoras gasíferas en el que garantiza un precio en pesos equivalentes a dólares por cuatro años. Ese precio será cubierto por el pago de tarifas y en caso de ser necesario por subsidios. Como señala Facundo López Crespo (2020), garantizar un precio equivalente al dólar va en contra del objetivo de desdolarizar la economía al tiempo que supone el riesgo de que cada devaluación implique un aumento de tarifas y, al mismo tiempo, una mayor erogación fiscal en un contexto de estrechez presupuestaria y de dificultades para el acceso a dólares.

En el frente externo, en tanto, otro problema agrava el panorama: las divisas no solo se van cuando se compra energía, también lo hacen cuando las empresas extranjerizan sus excedentes. Como explica Marco Kofman (2020) el sector energético generó entre 2015 y 2019 un 5,5% del Valor Agregado Bruto de la economía nacional, sin embargo, la extranjerización de sus excedentes explicó más del 15% de la riqueza nacional fugada por la cúpula empresarial. Entre 2016 y 2019, 13 empresas extractoras fugaron 3.830 millones de dólares: la mitad de lo fugado por las 209 energéticas mencionadas en un informe del Banco Central. Esas 13 compañías son las que protagonizan la intervención en Vaca Muerta: en conjunto explican el 76% de la extracción de petróleo y el 92% de la de gas no convencional.

En un reciente trabajo de EJES señalamos la importancia que tienen los subsidios gubernamentales y los préstamos en la financiación de la explotación. Los préstamos implicaron el 55% del financiamiento externo de YPF y el 77% de Tecpetrol para su intervención en Vaca Muerta, en tanto, el 45% y el 33% restante provino de subsidios (García Zanotti, Kofman y López Crespo, 2020). Este año, se preveía que la balanza financiera del sector genere un saldo negativo de 2.000 millones de dólares por préstamos financieros (Kofman, 2020). Por otro lado, el balance cambiario del sector hidrocarburífero constata que entre 2013 y 2019 salieron 8.600 millones de dólares más de los que entraron (García Zanotti, 2020).

La devolución de préstamos en dólares tiene un rol tan relevante en la restricción en el acceso a dólares de la economía en general que el Banco Central estableció en septiembre que los grandes deudores deberían reprogramar su deuda ya que solo les darían el 40% de los dólares que necesitaban para tal fin.

Parece corroborarse así la historia regional que Machado Aráoz describe para la minería. Si antes se llevaban los minerales ahora se fugan los dólares. Si bien a lo largo de la historia de este tipo de explotación distintos actores estatales y corporativos lograron legitimarla con argumentos que podríamos definir como económicos, cada vez son más los datos que permiten cuestionar las expectativas. No obstante, los distintos gobiernos siguen concibiendo la explotación como un valuarte para la salvación, mientras en los territorios queda la pobreza estructural contra la que disputa la Multisectorial y un sinfín de organizaciones que, en total asimetría, reclaman un futuro que valga la pena ser vivido.

Referencias

Fernández Massi, M., & López Crespo, F. (2019, Primavera). Entre certezas y expresiones de deseo. Fractura Expuesta, 6(Observatorio Petrolero Sur), 21-25.

García Zanotti, G. (2020). Vaca Muerta y el Desarrollo Argentino. Balance y perspectivas del fracking. EJES. https://www.ejes.org.ar/economistas/vaca-muerta-espanol.pdf

García Zanotti, G., Kofman, M., & López Crespo, F. (2020). Vaca Muerta y el Desarrollo Argentino. Balance y perspectivas del fracking (Resumen, Infografía). EJES. https://www.ejes.org.ar/Vaca%20 Muerta%20y%20el%20desarrollo.pdf

Kofman, M. (2020, Junio 14). La Vaca Desatada. El Cohete a la Luna. https://www.elcohetealaluna. com/la-vaca-desatada/

López Crespo, F. (2020, Septiembre 20). Gas, pesos y dólares. El Cohete a la luna. https://www.elcohetealaluna.com/gas-pesos-y-dolares/

Machado Aráoz, H. (2018). Potosí, el origen. Genealogía de la minería contemporánea. Editorial Abya Yala.

Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén (2020, Agosto 28). “La crisis de Neuquén es la crisis de fracking”. https://opsur.org.ar/2020/08/28/la-crisis-de-neuquen-es-la-crisis-del-fracking/