“Tengo que demolerme”: los sueños que el fracking se llevó 

Las máquinas de demoler casas llegaron al pueblo y los hogares construidos con años y años de esfuerzos empiezan a convertirse en un montón de escombros que Mabel ve caer desde el tráiler que el gobierno le instaló en su patio. El escenario es desolador. El progreso del fracking rompió Sauzal Bonito y nada volverá a ser como antes. 

Por Martín Álvarez Mullally.- Mabel Panero tiene 63 años, vive en la localidad desde 1978 y con su familia construyeron su casa con mucho trabajo. Cuando empezó la explotación de Vaca Muerta mediante fracking, llegaron los sismos a Sauzal Bonito. A la fecha hubo 350 temblores y la vivienda de Mabel, como la de todo el pueblo, se llenó de grietas. Para controlar esas grietas, Defensa Civil les fue poniendo parches de yeso, decían que eran guías y que también servían para chequear que las roturas no fueran preexistentes. En 2019, con la seguidilla de treinta y ocho temblores en 36 horas, las condiciones de las casas empeoraron.

Si los sets de fractura inyectan, el sistema de fallas geológicas empieza a moverse. Por eso cuando desde el pueblo ven que en Fortín de Piedra hay una nueva torre de perforación, saben que lo que viene es el set de fracturación y después los sismos. Fortín de Piedra es de Paolo Rocca, de Tecpetrol, el 15% del gas del país se extrae de ahí aunque en Sauzal Bonito nunca hubo gas de red. “Y nosotros tenemos que andar hombreando la garrafa”, protestan las vecinas. 

Semanas atrás, Tecpetrol comenzó a fracturar un pozo y los movimientos se multiplicaron: treinta y seis en 10 días, con la gravedad de que el último fue demasiado fuerte para tan poca superficialidad: 4.6 ML (Richter) a  5.5 km. Con ese temblor, a la mayoría de las viviendas se les agrandaron los daños. En un acto sorpresivo, el gobierno de la provincia anunció la construcción de cincuenta casas sismorresistentes de la empresa forestal estatal Corfone S.A., que las construye con ladrillos de madera. La primera tanda es para las familias más afectadas, cuyas viviendas quedaron inhabitables, con posibilidad de derrumbes.

En este contexto, la casa de Mabel y familia está en proceso de demolición. Se tuvieron que mudar a un tráiler que el gobierno de la provincia les alquiló mientras quitan su casa original e instalan en su terreno la prefabricada de Corfone, supuestamente sismorresistente. “Ahí me vinieron a ver, vino gente del gobierno, la secretaria del señor Llancafilo y arquitectas y un montón de gente más. Así que me estuvieron mirando adentro, sacaron fotos de todas las partiduras que hay en la vivienda y me sugirieron que no era recomendable que yo habitara los dormitorios, más con los niños”. Desde ese momento Mabel tuvo que dormir con sus nietos en el comedor, trasladando los colchones diariamente; después tuvieron que desalojar la casa y mudarse al trailer. 

La posibilidad de que un derrumbe les aplaste le quitaba el sueño, por eso Mabel resolvió firmar el acta acuerdo que le ofreció el gobierno para demoler su vivienda y en su lugar instalar la prefabricada de ladrillos de madera. “No puedo estar ahí durmiendo cuando me comprometí a algo y bueno, ellos igualmente (se comprometieron) a levantar la primera vivienda, prioridad por el tema de los niños y del estado en el que está mi casa”, relata Mabel con los ojos llorosos y la voz quebrada. “Soy consciente de que por riesgo a mi vida y la de mis nietos, lo tengo que asumir, ¿no? Más allá de todo, también está la vida. Nosotros la hicimos a la casa, no tenemos nada que nos haya dado la Provincia, cortamos los adobes y bloques. Así que, bueno, cuesta, pero hay que asumirlo, hay que asumirlo por el bien mío y por el bien de los niños también”, agrega.

En relación al trailer que les alquiló el gobierno para esta etapa, Mabel considera que está completo aunque tiene algunos problemas: “fui a instalar un televisor y se me quemó, no sé cuál es el problema que tenemos ahí, que tiene el trailer”. Su hijo le prestó un alargue para hacerle llegar electricidad al trailer y enchufar el caloventor con el que se están calefaccionando.. Mabel nos muestra el interior del tráiler, “voy a estar acá hasta que me hagan la nueva vivienda. Ellos calculan, bueno, esto ya estaría para arrancar a sacar lo que es techo, algunas aberturas que sirven, y después ya demoler todo. Más o menos tres meses”.

Amparada en su memoría histórica, debatió con la arquitecta que mandó la provincia que le sugería colocar la vivienda nueva cuenca abajo. “El río no va a crecer ahora, pero yo no me puedo fiar de eso porque yo he estado en crecidas, vivo acá desde el año 78, y sufrimos todas las crecidas muy grandes”, reconstruye Mabel, y continúa relatando: ”si usted quiere que a mí me lleve el río con casi todo, póngala ahí. Pero lo ideal es hacerla acá arriba donde está porque no tengo riesgo de crecida ni nada de eso”.

Para ella, como para tantas otras personas de la localidad, la falta de respuestas es síntoma de que está habiendo un problema político. “Yo creo que al gobierno no le interesa lo que nosotros estamos viviendo. Primero porque es mucho dinero el que hay, a nosotros nos perjudica totalmente, al pueblo en general, pero a ellos no. Yo creo que cincuenta casas, cien casas, las que hagan acá, a ellos no les representa nada. Creo que es así”. 

Además del invierno bajo cero que recién empieza, a Sauzal Bonito lo azota este clima de impotencia, miedo y destrucción. Los relatos de Mabel quedan sonando entre los restos de un pueblo en demolición. “Tengo que demolerme”, nos dice, “me comprometí a demoler y bueno, es lo que vamos a hacer”, concluye mientras se resigna a terminar de dejar la casa que es parte de ella, la casa que construyó como su propia vida, ladrillo por ladrillo.