Neuquén: YPF suma pozos de fracking en las costas de los lagos

Mientras sigue sin saldarse el debate por el riesgo a la contaminación de los lagos tras las concesiones no convencionales en La Angostura Sur I y II realizadas por decreto 2025, YPF impulsa ahora el proyecto La Angostura Norte. De esta manera se está profundizando el avance del fracking sobre una de las zonas más sensibles del sistema hídrico que abastece de agua potable a cientos de miles de personas en el Alto Valle y de uso para regadío de miles de hectáreas productivas. 

Por Yamila Del Palacio / OPSur .- La publicación del proyecto La Angostura Norte (LANOR) marca una nueva etapa en el avance de la explotación hidrocarburífera no convencional sobre los embalses de Mari Menuco y Los Barreales. Esto no es un hecho aislado, el desarrollo del bloque LANOR se suma a las concesiones La Angostura Sur I y II, profundizando una problemática que ya ha sido resistida por distintos sectores. Los cuestionamientos son producto de los graves riesgos ambientales potenciales sobre los recursos hídricos estratégicos de la región. Si sumamos las distintas áreas serían más de 500 pozos en cercanías a los lagos. 

¿Qué es La Angostura Norte y qué habilita el proyecto?

Se trata de un nuevo proyecto de YPF para perforar en las inmediaciones de ríos y embalses. El mismo es denominado “Desarrollo Integral Actividad Bloque LANOR II 2026–2027 – Área de Concesión Loma La Lata – Sierra Barrosa” fue recientemente anunciado por la Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén. 

El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) publicado contiene limitaciones en la definición y el alcance del área de intervención del proyecto. Si bien se describen componentes como las locaciones de perforación, trayectorias de las ramas, ductos, caminos de acceso, sistema de captación de agua y diversas instalaciones asociadas, gran parte de esta infraestructura es presentada de manera fragmentada y, en varios casos, sin coordenadas precisas que permitan delimitar con claridad la ocupación real del territorio.  

El área de intervención que puede identificarse a partir de la información del EIA se despliega en el entorno del sistema de los lagos Mari Menuco–Los Barreales, abarcando distintos sectores dentro de la concesión Loma La Lata–Sierra Barrosa. A este esquema se incorpora infraestructura asociada a proyectos anteriores, que es retomada como parte de la infraestructura necesaria para la puesta en marcha de la producción actual. En particular, se trata del sistema de captación y conducción de agua que atraviesa el istmo entre ambos embalses, el cual adquiere un rol central como corredor hídrico del proyecto. Este último se emplaza sobre territorio de la comunidad Kaxipayiñ, que no fue consultada de manera previa, libre e informada tal como lo requiere la ley vigente. En esta ocasión, la información disponible permite identificar que el área de intervención vuelve a superponerse con territorios de comunidades originarias, en particular, con los territorios del Lof Paynemil y el Lof Kaxipayiñ.

El área LANOR tiene previsto la construcción de doce locaciones múltiples, veinticuatro caminos de acceso y doce ductos para la evacuación de la producción. Desde estas locaciones se proyecta la perforación, terminación y puesta en producción de cincuenta y seis pozos horizontales no convencionales, que en conjunto implican 3.967 etapas de fractura en cercanía de los lagos. Además, se suma una extensa infraestructura asociada que implica movimientos de suelo, tránsito pesado permanente y un uso intensivo de agua.

Fragmentar sin contemplar el impacto acumulativo

El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del proyecto LANOR evalúa los impactos de manera aislada, sin incorporar un análisis de impacto acumulativo que contemple el conjunto de desarrollos no convencionales en la zona. La Angostura Norte se analiza como un proyecto independiente, pese a su continuidad territorial y operativa con el viejo yacimiento de Loma La Lata-Sierra Barrosa y las nuevas áreas Angostura Sur I y II.

Esta forma de evaluación refuerza una lógica de fragmentación administrativa de un mismo territorio. Estudios parciales para problemas integrales, que diluyen la dimensión real del riesgo ambiental y subestiman los efectos sinérgicos de la superposición de pozos, ductos, caminos e instalaciones hidrocarburíferas.

El resultado es una lectura parcial del impacto, en un espacio donde la presión sobre el ambiente no se distribuye en proyectos aislados, sino que se acumula sobre un mismo sistema hídrico estratégico para cientos de miles de personas.

Rol estratégico de los embalses

Los embalses de Mari Menuco y Los Barreales forman parte de un sistema de obras hidráulicas, esta es una infraestructura clave, construida para almacenar y administrar el agua del río Neuquén. Al mismo tiempo, cumplen un rol clave para el riego de la producción frutícola de la región, la regulación del caudal del río y la generación de energía hidroeléctrica.

El embalse Mari Menuco es vital en el abastecimiento de agua potable. De él se provee directamente más del 75 % de la ciudad de Neuquén, la ciudad más poblada de la Patagonia; la totalidad de la ciudad de Centenario y, tras la ampliación de la planta potabilizadora, también Plottier y Vista Alegre. En cuanto al embalse de Los Barreales, su agua alimenta el acueducto que provee Cutral Co y Plaza Huincul. 

Una vez que el agua almacenada en el embalse Mari Menuco retorna al río Neuquén, se integra a un sistema de abastecimiento de numerosas localidades tanto de la provincia de Neuquén como de Río Negro que se proveen del río aguas abajo. A partir de allí, el agua inicia un recorrido que atraviesa cientos de kilómetros de territorio, pasando por múltiples áreas urbanas, productivas y ecosistemas, hasta confluir con el río Limay y dar origen al río Negro, que continúa su curso hacia el océano Atlántico. En este trayecto, además, el agua ingresa y alimenta al embalse Pellegrini, otro cuerpo de agua estratégico de la región que hoy también se encuentra amenazado por proyectos de fracking en sus costas. En este contexto, cualquier afectación sobre el agua cuenca arriba —ya sea por contaminación, pérdida de calidad o alteración en los volúmenes disponibles— tiene consecuencias cuenca abajo. Un impacto sobre los embalses no se limita al área próxima a las obras, sino que se proyecta a escala regional, afectando tanto a las poblaciones que dependen del agua.

La principal fuente de agua del Alto Valle en peligro

El avance del fracking en esta zona está ya intervenido por la actividad hidrocarburífera convencional. Esta coexistencia de infraestructuras, técnicas y escalas de explotación intensifica una serie de impactos específicos que adquieren una gravedad;

  • Superposición de infraestructuras nuevas y antiguas: Los embalses fueron construidos en la década de 1970 en una zona donde ya existía infraestructura hidrocarburífera convencional. Ductos enterrados con corrosión, pozos abandonados sin su cierre debido, instalaciones antiguas como la planta Turboexpander donde se comprobó la presencia de metales pesados en suelo y pasivos ambientales conviven hoy con explotaciones convencionales aún activas. El desembarco del fracking le suma una nueva capa de infraestructura —pozos horizontales, locaciones múltiples, ductos, caminos— que intensifica los riesgos existentes. A diferencia de la explotación convencional, la técnica no convencional implica una intervención mucho más masiva, con uso de presiones extremas para fracturar la roca generadora, lo que incrementa significativamente la complejidad y peligrosidad de la actividad.
  • Cercanía a cuerpos de agua y riesgo de derrames: La proximidad de pozos, ductos y locaciones a los embalses y a cursos de agua eleva el riesgo de derrames y eventos contaminantes, ya sea por fallas en infraestructura antigua, roturas de ductos, errores operativos o negligencias durante los trabajos de perforación y fractura. Además existen muchas emisiones en estos procesos que generan dioxinas que se trasladan con el viento y reposan en los cuerpos de agua. 
  • Uso intensivo de agua en un contexto de sequía: Cada pozo no convencional requiere millones de litros de agua para su perforación y fractura, con múltiples etapas que demandan grandes volúmenes en períodos concentrados de tiempo. En este proyecto en particular, según su EIA publicado, se espera un consumo de agua mayor a los 6.500 millones de litros destinados exclusivamente a las etapas de fractura hidráulica, a los que se suman millones de litros adicionales para las fases de construcción y perforación. Este uso intensivo se da en un contexto de sequía prolongada y crisis hídrica reconocida por organismos oficiales, lo que reabre el debate sobre las prioridades en la asignación del agua. Además, a medida que avanza  la explotación y la formación pierde presión por la extracción sostenida, la técnica requiere volúmenes crecientes de agua para mantener la productividad de los pozos, consolidando al fracking como un problema de consumo hídrico en expansión. En la actualidad YPF cuenta con varias tomas de agua para los recientes pozos de La Angostura I y II. 
  • Generación y gestión de residuos peligrosos: La actividad no convencional genera grandes volúmenes de residuos peligrosos, entre ellos lodos de perforación, recortes, fluidos de retorno (flowback) y materiales contaminados. La gestión de estos residuos constituye uno de los principales problemas ambientales no resueltos desde los inicios del desarrollo del fracking en la región. A esto se suma la utilización de sumideros, una práctica que consiste en la inyección de residuos líquidos provenientes del pozo, nuevamente en el subsuelo. Este mecanismo ha sido denunciado por la cantidad de pozos habilitados, la falta de control efectivo y las deficiencias en los sistemas de registro y monitoreo.
  • Sismicidad inducida y riesgo estructural: La fractura hidráulica y la inyección de fluidos se asocian a fenómenos de sismicidad inducida, una problemática que dejó de ser excepcional para convertirse en un rasgo estructural del desarrollo no convencional en la provincia. De acuerdo con el registro del Observatorio de Sismicidad Inducida (OSI), el año 2025 cerró con un récord histórico de cien (100) sismos asociados a la actividad de fracking en Neuquén, la cifra más alta desde el inicio del megaproyecto Vaca Muerta que ya acumula más de 500 movimientos. Este incremento sostenido de la sismicidad adquiere una dimensión especialmente preocupante en el entorno de los embalses y del sistema de represas Cerros Colorados, una infraestructura crítica construida décadas antes del auge del fracking y no diseñada para operar bajo condiciones de actividad sísmica inducida.

La combinación de sismos recurrentes, infraestructura hidroeléctrica sensible, ductos enterrados y pozos antiguos, junto con la generación de residuos altamente tóxicos y la proximidad inmediata de la actividad a un recurso hídrico estratégico, incrementa la vulnerabilidad del sistema en su conjunto. En este contexto, la superposición de infraestructuras, técnicas extractivas y escalas de intervención se traduce en una mayor presión sobre un mismo sistema ya exigido, un incremento del riesgo acumulado y una creciente dificultad para el control, la fiscalización y la respuesta ante eventuales emergencias ambientales.

Los impactos mencionados no agotan el conjunto de afectaciones asociadas al desarrollo del fracking en la región. A ellos se suman impactos sobre la calidad del aire —por emisiones de gases y material particulado—, procesos de degradación y desertificación del suelo vinculados a la apertura de caminos y locaciones, así como impactos sociales derivados de la intensificación extractiva, como la presión sobre los territorios, los cambios en las dinámicas comunitarias y las desigualdades en la distribución de riesgos y beneficios.

Explosiones, incendios y derrames: los antecedentes 

El 7 de enero se produjo una rotura de ductos por trabajos de maquinarias en el área Lindero Atravesado operada por la empresa PAE. Fueron -según declaración de la propia empresa- unos 20 M3 de petróleo derramado en cercanías al Lago Mari Menuco. El crudo transportado pertenecía a la empresa YPF.  

El 14 de septiembre del 2019, el pozo exploratorio LLLO X-2 de la compañía YPF ubicado en Loma La Lata Oeste comenzó una gran fuga de gas que devino en la madrugada del 15 en un incendio. Este no pudo ser controlado y apagado hasta un mes después por la intervención de un grupo de expertos que tuvo que traerlos desde Estados Unidos. Según los estudios tanto del poder judicial como el ejecutivo provincial los análisis de contaminación dieron valores normales. 

El 22 de octubre del 2025 se produjo un rotura de ducto en el área Lindero Atravesado. El derrame afectó a 50.000 m2 según el Observatorio de Sismicidad Inducida. El Estado no informó el alcance del evento. Ocurrió a menos de mil metros de la costa del lago. 

Audiencia pública ¿participación o trámite?

El próximo 5 de febrero se realizará la audiencia pública del proyecto LANOR, instancia formal prevista para la presentación del Estudio de Impacto Ambiental. Sin embargo, las experiencias recientes en audiencias similares en la región ponen en evidencia los límites de estos mecanismos como espacios de deliberación efectiva.

Restricciones a las vocerías, formatos rígidos, presencia policial y recintos vallados suelen convertir a las audiencias en trámites administrativos de exposición, más que en procesos democráticos capaces de incidir de manera real en las decisiones finales. En ese marco, la audiencia aparece como un requisito formal cumplido, mientras el avance del proyecto continúa su curso sin más.

Mientras tanto, distintos sectores de la población se organizan y articulan para defender el agua de los embalses, impulsando el debate público y la difusión de información frente al avance de estos proyectos. Este proceso de organización se expresa en las campañas territoriales como #SalvemosElMariMenuco y #AltoValleLibreDeFracking.