“El desafío estratégico es diversificar la matriz energética de la Argentina”

Entrevista. Mariana Matranga. Investigadora de la UBA

“El Estado debe tener presencia en el directorio y en el yacimiento”. La especialista analiza la situación de la energía en la Argentina, en medio de la polémica por el futuro de YPF. Las necesidades inmediatas, las de mediano y largo plazo. La inexorable necesidad de una intervención fuerte del Estado.

Por Demián Verduga.- El objetivo en el mediano y largo plazo debe ser diversificar la matriz energética para no depender tanto de los recursos no renovables.” La ingeniera química Mariana Matranga empieza con esta definición su análisis sobre la situación de los hidrocarburos en la Argentina. “No hay que hablar en términos de hidrocarburos –aclara de inmediato–. Hay que hablar de energía.” Matranga es investigadora de la UBA y trabajó en el sector petrolero diseñando y operando instalaciones de superficie. Hizo esta tarea en latitudes muy diversas del mundo: Argentina, Canadá y Noruega. Su visión, en medio del candente debate sobre el futuro de YPF, sirve para salir unos minutos de la coyuntura y analizar qué esquema energético necesita la Argentina en el mediano y largo plazo para consolidar el modelo de desarrollo actual.

“La economía del país crece mucho –explica la especialista–. Cuando esto pasa, el consumo energético aumenta del mismo modo. Por cada dólar de incremento del PBI crece el consumo de energía, motorizado por las fábricas, el transporte y el mayor poder adquisitivo de la población. El tema es que en el caso argentino hablar de energía es casi sinónimo de combustibles fósiles. Esto, en alguna medida, explica la situación actual.”

–¿Por qué?

–Alrededor de un 65% de la electricidad que consumimos viene de centrales térmicas, que usan combustible fósiles. Un 30% viene de hidroeléctricas y alrededor de un 5% tiene origen atómico. En el caso del transporte, por ejemplo, el 100% se alimenta con combustibles fósiles. Estos datos indican que los hidrocarburos monopolizan la generación de energía en la Argentina. El problema de tener una dependencia tan definida de un recurso es que cuando aparece un conflicto con ese elemento todo el sistema entra en crisis.

–¿Cuáles son los desafíos de la situación actual, en términos de energía?

–Lo primero es no agrandar el problema, que no crezca más la brecha entre lo que se produce y lo que se consume. El objetivo inicial tiene que ser volver a lograr el autoabastecimiento de combustible. El país está importando entre un 10% y un 20% de lo que necesita. En lo inmediato, hay que apostar a un aumento de la producción de combustibles fósiles. Lo que yo creo es que debería hacerse sólo para asegurar lo mínimo indispensable. Luego habría que pensar en la diversificación. De todos modos, ahora, tenemos un desafío técnico muy grande. El proceso es muy complejo. Se debe invertir en exploración para ver cuántos recursos hay y al mismo tiempo hay que sostener la importación porque el país no puede dejar de funcionar. Los recursos financieros se irán en ambos sentidos.

–Para estos objetivos, ¿es necesaria la intervención del Estado?

–Yo creo que es inexorable. Tiene que ver con un debate conceptual que se viene dando de un modo más claro el último año. La pregunta central es si los combustibles se consideran un commodity o un recurso estratégico.

–¿Cuál sería la diferencia?

–Si son un commodity se lo puede explotar en tanto y en cuanto sea rentable. En cambio, si es estratégico, su función consiste en sostener el desarrollo industrial de la Argentina. Esta es justamente la gran diferencia entre Repsol-YPF y Petrobras. La empresa brasileña tiene un esquema mixto, pero la presencia del Estado es preponderante. Entonces se hacen inversiones muy costosas, porque no se calcula la relación costo beneficio del recurso que se va a extraer, sino el beneficio que trae para el modelo de desarrollo en su conjunto.

–Una mirada neoliberal diría que da pérdida.

–Claro. Pero lo cierto es que ese es el debate conceptual central. Yo no extraigo el petróleo para hacer un negocio solamente vendiendo el recurso, sino para sostener todos los otros negocios que se hacen con el petróleo y el gas. Ahí radica la diferencia. Y además ahorro porque siempre va a ser más barato que importarlo. Una cosa importante es que no alcanza con que el Estado esté presente en el directorio. Debe actuar en el yacimiento mismo. En Petrobras el Estado no tiene el poder sólo en los papeles, también tiene una presencia fuerte y concreta en la operatoria.

–¿Cuáles son las inversiones que no resultan negocio para los privados, que tienen como objetivo sacar más dinero del que pusieron?

–Hay muchas. Claro que también depende de cuanto se quiera ganar. Cuando un yacimiento comienza a envejecer, por ejemplo, cada vez hay que invertir más para extraer la misma cantidad de crudo o gas. Es habitual que una empresa privada decida dejar caer la producción y punto, porque en la relación costo beneficio no le conviene invertir tanto para lo que saca. El tema es que esa decisión puede dejar a una zona o a una fábrica sin luz, entonces se vuelve inevitable comenzar a importar.

–En los últimos tiempos, se pusieron de moda los yacimientos no convencionales. ¿Cuáles son las potencialidades y los costos?

–Los yacimientos son superficies rocosas. En general, los fluidos-gas, petróleo, agua, se van alojando en las regiones de la roca que tienen mayor porosidad. Los yacimientos convencionales son los que tienen los fluidos en la zona más porosa de la roca. En este caso, lo que se hace, es punzar en la zona y el fluido comienza a brotar. El recurso no convencional es el que está alojado en zonas mucho más compactas. Son menos porosas y por lo tanto extraerlo es más caro. En esas formaciones hay que hacer fracturas hidráulicas múltiples para poder abrirlas y que el fluido salga. Todo eso consume mucha energía, muchos insumos. Para darse una idea, la extracción no convencional cuesta entre tres y cinco veces más que la convencional.

–Entonces, no sería negocio para los privados.

–Todo depende del precio internacional y de otra multiplicidad de factores. Pero lo seguro es que los costos son mucho mayores. Lo mismo pasa con la exploración en el mar. Es mucho más caro extraer los recursos de allí.

–Antes habló de diversificar la matriz energética. ¿Es muy difícil cambiarla?

–Sí. Es algo que puede tomar una década o más. La matriz es una estructura muy rígida, muy inercial. Desde que se toma la decisión de diversificarla hasta que se plasma pasa mucho tiempo. Imaginemos el tiempo que se demora en construir un edificio. Bueno, una central nuclear, lógicamente, lleva mucho más tiempo y una central hidroeléctrica también. Son obras faraónicas y muy caras.

–¿Cuáles serían las alternativas de diversificación?

–Hay varias. Lo estratégico es apostar a la energía que utiliza recursos renovables, como la geotérmica, que utiliza el calor del centro de la tierra. También están la hidroeléctrica y la eólica. En la Patagonia, ya hay algunos parques para generar energía eólica. La Secretaría de Energía contabilizó en el 2010 su participación en el sistema interconectado nacional. Estuvo cerca del 0,5%. Parece poco, pero sobre el total de la matriz energética es un dato considerable. Hay otras posibles fuentes de energía con recursos renovables, como la mareomotriz y la solar.

–¿Qué ventajas tiene la diversificación?

–Hay una que es central y es no depender de un sólo recurso. Supongamos que la matriz tuviera cinco fuentes que más o menos aportaran un 20% cada una. Si hubiese conflicto con alguna de las cinco, por cuestiones económicas, climáticas, o lo que fuere, y esa fuente bajara en un 10% su capacidad de generación, alcanzaría con elevar un 2,5 % las otras cuatro para cubrirse. En cambio, al depender tanto de un solo recurso (los fósiles), cualquier conflicto que aparezca en ese frente complica toda la matriz.

–En este cambio, ¿hay algún rol que le quepa a la sociedad en su vida cotidiana?

–El uso racional de la energía es otro punto importante. Ahí la sociedad tiene mucho que ver. Es un aspecto cultural. Hay datos que son muy precisos. Si todas las lamparitas de una zona urbana como la de Capital y conurbano fueran de bajo consumo, el nivel de ahorro de energía equivale a todo lo que genera una central termoeléctrica.

–O sea que los hábitos de la población no son un detalle.

–Para nada. El estilo de vida, la relación con el medio ambiente, el tipo de energía que se usa, son cuestiones que están ligadas y necesitan de un debate de mucha madurez, en el que se entiendan los costos y beneficios de todos los aspectos.

Miradas al Sur