Regulando los mercados globales: EEUU y la promoción del shale

El shale gas como combustible puente

Pero parte del mensaje que hemos dado es que para cualquier país se necesita más que los recursos. Se tiene que tener un sistema regulatorio. Se tiene que tener la infraestructura. Se tiene que proteger la propiedad intelectual. Se tiene que tener un gasoducto para llevar el gas de donde quiera que sea producido al mercado. Y se tiene que tener un precio de mercado, porque si no hay precio de mercado para el gas natural, nadie quiere producirlo. Nadie financiará un gasoducto, nadie producirá un sistema para remover las impurezas, y finalmente nadie lo comprará.

David Goldwyn ((Este funcionario cuenta con abundantes denuncias por su relación con la industria petrolera, considerado como un lobbysta de la misma. Se afirma que luego de su renuncia estaría asesorando a compañías para invertir en shale. Para leer más consultar Frack EU: Unconventional intrigue in Poland de Will Koop (2012).)), ex coordinador de la Iniciativa Global de Gas de Esquisto (24/8/2010).

El gas natural es promocionado por las agencias estadounidenses como un combustible puente hacia una matriz energética con menor cantidad de emisiones de carbono. Si bien su calidad de ‘puente’ -en los casos de desarrollo masivo- está en discusión, el paso al gas es presentado como una lucha concreta contra el cambio climático a nivel global. Es importante notar que, aumentar la importancia del gas u otras fuentes, no implica una reducción del consumo de energía sino una redistribución y diversificación de las mismas.

El surgimiento y las proyecciones de las nuevas potencias asiáticas, especialmente China e India, como grandes consumidores de energía, plantea un nuevo escenario de competencia. En declaraciones públicas, el subsecretario del Departamento de Estado, Robert Hormats, afirmó que la actual situación más que un desafío es una oportunidad para acordar puntos comunes y garantizar la seguridad energética para los países (20/9/2012). De esta manera, diversos foros y convenios de asistencia técnica –inclusive para yacimientos no convencionales- se han organizado entre los países y regiones. En esta línea, la diversificación de fuentes energéticas es prioridad con miras a quitar peso a Rusia e Irán en el escenario energético mundial.

Con respecto a Rusia, David Goldwyn, ex coordinador de Asuntos Energéticos Internacionales del Departamento de Defensa, ha dicho que reducir su gravitación en el mercado energético global es una cuestión de seguridad nacional; con todo lo que implica esa afirmación en boca de un funcionario estadounidense (24/8/2010). El desarrollo de no convencionales en Europa del Este ha sido una de las máximas prioridades en los programas del Departamento del Estado. En la cumbre de Cartagena en 2012, Pascual (2012) proyectaba un escenario para 2035 de aumento sideral de la oferta de shale gas en el mercado, donde posicionaba como principales oferentes a China, EE.UU. y Argentina. Cekuta brindaba proyecciones similares: según la Agencia Internacional de Energía, para 2030, el 14% de la oferta total de gas vendría del shale, proveyendo las bases necesarias para un consumo en expansión en un escenario de normalidad [business as usual] (6/2/2012).

La volatilidad de los mercados, en cuanto al petróleo, es otro hecho que preocupa a EE.UU. El Proyecto para un futuro energético seguro, de la Casa Blanca, argumenta que más allá de la recuperación económica global y la inestabilidad en Medio Oriente, hay que destacar que “una de las mayores razones de las recientes subas de precio es la preocupación de que la demanda global de petróleo supere a la oferta en los próximos años” (2011: 15). De esta manera, bajo el capítulo Desarrollar y asegurar las fuentes de EE.UU., el plan detalla los alcances de la promoción del gas y otras alternativas para sustituir o mezclar y reducir la demanda neta global de crudo. Se destacan los caminos iniciados para frenar los subsidios a fósiles en el marco del G-20, los programas para sustituir el petróleo por el gas, la promoción de la eficiencia energética, agro-combustibles, nuclear y fuentes renovables, y los avances para asegurar un aumento en los niveles de producción de petróleo (2011). Si bien se minimiza la preocupación por la escasez de crudo, se encuentra en el centro de la agenda y explica buena parte de la política norteamericana, tanto interna como externa. Esta alta dependencia de los fósiles obliga a EE.UU. a mirar con ansias el derretimiento del Ártico -secuela del cambio climático-, donde se espera encontrar masivas reservas de petróleo y gas (Clinton, 18/10/2012).

En este punto cabe destacar la existencia de dos programas de diversificación energética para la región americana: Alianza Global para la Bioenergía ((http://www.globalbioenergy.org/)) y Conectando las Américas 2022 (DE, 13/5/2012). El primero promueve el uso, financiamiento y marco regulatorio para la producción y consumo de agro-combustibles; están involucrados como observadores o plenos participantes la gran mayoría de los países e instituciones globales, pero es impulsado principalmente por EE.UU. y Brasil. El segundo, promueve la interconexión eléctrica en todo el continente americano y fue lanzado este año con un primer acuerdo entre EE.UU. y Colombia, que permite la compra-venta de electricidad entre los países. Ambos programas se inscriben en la Alianza Americana por la Energía y el Clima ((http://www.ecpamericas.org/)), presentada por Obama en 2009. Entre sus objetivos se encuentran promover la eficiencia energética, la energía renovable, un uso más eficiente de fósiles, infraestructura y disminuir la carencia de energética. Sin embargo, la región es una fuente indiscutible de recursos fósiles para EE.UU.: en 2010 proveyó casi la mitad de las importaciones de crudo (Pascual, 2012).

Programas y convenios específicos se suman a la investigación encargada por la Agencia de Administración de Información Energética de EE.UU. (2011) sobre recursos de shale gas en 14 regiones. Según este estudio, la cantidad de gas es altísima, y se encuentra esparcida en diversas partes del planeta. Aun así se aclara que estos son datos preliminares, es decir, que día a día se irá conociendo el potencial de shale gas existente. Este informe, sin embargo, tuvo un impacto mediático altísimo y permitió colocar al shale gas como la alternativa energética en las agendas gubernamentales de diversos países.

Los recuros de shale gas según la Agencia de Administración de Información Energética de EE.UU. Fuente: EIA (2011)

La Agencia Internacional de Energía (IEA) (2012a) también puja por una mayor importancia del gas de yacimientos no convencionales. El organismo, dependiente de la OCDE, define a esta época como la Era dorada del gas, pero solamente se hará posible si una proporción significativa de los vastos recursos de fuentes no convencionales pueden extraerse de una forma rentable y ambientalmente sustentable. Esta preocupación la plasmó en las reglas a seguir por la industria y los Estados para obtener la licencia social –la aceptación de la población. De acuerdo a los escenarios planteados, el gas de yacimientos no convencionales -principalmente shale– sería responsable de casi dos tercios del aumento global de la producción en 2035. Este incremento sería a partir de 2020, dando tiempo a la adecuación de los países no productores. La inversión en no convencionales requeriría el 40% de los recursos totales destinados al desarrollo de yacimientos de gas y se proyectan perforar más de un millón de pozos en el mundo.

Hace pocas semanas, la IEA abonó aún más el escenario de abundancia hidrocarburífera y proyectó importantes cambios geopolíticos: EE.UU. sería el mayor productor de petróleo para 2020 y de gas para 2015 ((Llamativamente, o no, en el mismo informe de la IEA se denuncia y enfatiza el camino ruinoso del mundo con relación al cambio climático pero poca atención ha recibido. En el escenario con mayores probabilidades de concretarse, la cantidad de emisiones globales marcaría un calentamiento del orden de 3,6°C en el largo plazo. Si bien se encuentra en discusión, la opinión mayoritaria de la comunidad científica es que traspasar el umbral de 2°C provocaría un cambio impensable, a evitar a toda costa. Como enfatiza el investigador estadounidense Michael T. Klare (27/11/2012), esta noticia pasó sin pena ni gloria en los grandes diarios estadounidenses. Asimismo, las proyecciones sobre un incremento en el consumo hídrico para la generación energética han recibido poca atención.)). Con estos resultados y una consiguiente reducción de las importaciones el país, hacia 2030, sería exportador neto de hidrocarburos. La clave sería el desarrollo masivo de yacimientos tight y shale (2012b) y podría quitar preeminencia a Medio Oriente como proveedor de energía a EE.UU., que reorientaría su producción hacia Asia, especialmente China e India.

Si bien existen dudas y fuertes críticas a este reporte ((Klare (27/11/2012) duda de estos escenarios. Por un lado, afirma que la tan mentada declaración de la IEA se basa en la baja de producción de Arabia Saudita y Rusia, más que en la suba de los niveles norteamericanos; sin una adecuada fundamentación, estas proyecciones van a contramano de informes anteriores de la misma agencia y del Departamento de Energía de EE.UU. Por otro lado, afirma que la baja en la producción proyectada de Arabia Saudita y Rusia supondría un escenario con serias dificultades para el abastecimiento global de energía. Sin embargo, la IEA estima que este déficit sería subsanado por Irak, al elevarse a más del doble su producción para 2035. Klare duda de la capacidad de ese país –sumido en un conflicto sin fin aparente- de disponer de la cantidad de petróleo necesaria para proveer a los mercados globales. Otro hecho a considerar son los límites a la expansión territorial de la industria por el rechazo de las poblaciones locales, conflicto al que se dirige la IEA (2012a) al proveer mecanismos para reducir la resistencia y obtener la licencia social. Pero las organizaciones estadounidenses han demostrado su poder: las moratorias –como en los Estados de Nueva York y Nueva Jersey- se han mantenido y la prohibición de la fractura hidráulica en el Estado de Vermont es un importante antecedente a tener en cuenta. Asimismo, si bien la IEA arroja estos escenarios, las mismísimas proyecciones de EE.UU. irían a contramano. La Agencia de Información Energética del país (EIA) estima que la producción de petróleo estaría por debajo de los 7 millones de barriles diarios (2012), mientras que la agencia internacional proyecta 11,4 millones de barriles (2012b).)), las proyecciones de la IEA abonan y allanan el camino a nivel global de los no convencionales. Los Estados Unidos sostienen que una abundancia de energía, bajo mecanismos liberales de mercado, permitiría reducir fricciones con otras regiones y potencias, al tiempo que daría señales al volátil mercado de que las reglas de juego no cambiarán en el futuro cercano. Como resume Carlos Pascual, actual coordinador de Asuntos Energéticos Internacionales: “Está en el interés de EE.UU. asegurar que exista la mayor cantidad de commodities posibles, ya que estamos operando, como siempre lo hemos hecho, en mercados globales” (16/11/2011).

La promesa de abundancia eterna de energía, y la consiguiente posibilidad de reducir fricciones en el plano internacional, parecen ser mitos; las políticas públicas y hechos concretos muestran una realidad radicalmente distinta. Las invasiones militares que ha comandado EE.UU. (secundadas en mayor o menor medida por otras potencias) en regiones por fuera de Medio Oriente, como el caso de Libia o la disputa en Sudán, hablan de una “carrera por lo último que queda”, como lo diagnostica Klare (2012). Aunque se presenten como actividades desinteresadas en pos de la “diversificación energética”, los programas estadounidenses del Departamento de Estado deben ser tenidos en cuenta como el avance diplomático de un garante de la expansión petrolera y las empresas trasnacionales, y por ende del mercado mundial.