La pelea por el precio de la nafta: Moreno vs. Galuccio

La estrategia de congelamiento tuvo un prematuro e inesperado traspié con la desobediencia de la petrolera estatal. Mientras tanto, los empresarios ligados al Gobierno se benefician.

Guillermo Moreno obtuvo el efecto inverso al que buscaba con el congelamiento de las naftas: ayer hubo un fuerte aumento en los combustibles de la petrolera estatal.

Así, la decisión de YPF alentará las remarcaciones y le dará un nuevo impulso a los costos internos, cuando el Gobierno intenta tapar la inflación.

La medida fue una desesperada respuesta de Miguel Galuccio, después de que el secretario de Comercio lo dejara mal parado con la fijación de los precios máximos. Hace un mes, Galuccio anunció una recomposición tarifaria y proyectaba aumentar las naftas un 35% en el año para financiar inversiones de YPF.

Moreno quería congelar el precio de la nafta desde febrero y Galuccio se oponía. La interna refleja las fuertes pujas de los funcionarios, porque ninguno encuentra una salida frente al desequilibrio energético. A Julio De Vido lo acusan de ser el responsable de perder el autoabastecimiento. Axel Kicillof y Miguel Galuccio asumieron innumerables compromisos públicos que ninguno cumple. Ambos tienen estrategias antagónicas, pero un denominador común: ninguno las pudo llevar a la práctica.

El alza de las naftas de ayer también revela otra cuestión: los límites de una política antiinflacionaria que sólo trata de tapar el alza de precios, sin corregir los desequilibrios macroeconómicos. Sucede que la actual política intenta reprimir los precios para mejorar la chance electoral del “cristinismo”, pero puede terminar en un recalentamiento inflacionario al final de los comicios.

Carlos Zannini mantuvo una reunión con un grupo de expertos del peronismo y les adelantó que la estrategia energética irá en esa dirección electoral. Así lo afirmó: ”Nosotros vamos a recalentar la economía y cubrir el faltante energético con importaciones.” Lo hizo en la Bombonera, hace tres semanas, en la previa de un partido de Boca. El “sincericidio” importador implica que el Gobierno admite que fracasan los planes de Galuccio para aumentar la producción de energía. YPF continúa con fuertes caídas en su actividad, algo que no pueden disimular los comunicados que dibuja Dorotea Capurro, experta en elaborar encuestas que satisfagan a la Presidenta.

En el primer trimestre las cuentas siguieron en rojo. El martes, en el Club del Petróleo, el respetado Oscar Vicente hizo una dura crítica a la estrategia de Galuccio para recuperar el autoabastecimiento. Dicen queVicente aspira a sucederlo al comando de YPF.

De Vido expresó una definición política idéntica a la de Zannini. En su exclusiva chacra de Lima, recibió a otro grupo de expertos energéticos, radicales y peronistas.

El ministro anticipó su intención de ser candidato en las elecciones de octubre. Quiere irse del Gobierno.

Pero ratificó que la Casa Rosada hará de todo para recalentar la economía, con la intención de obtener el mejor resultado electoral posible y habilitar una reforma que permita un tercer período de Cristina.

El contradictorio congelamiento de Moreno encaja con esa política. Primero quiere generar una sensación antiinflacionaria. Pero tambiénintenta transferir la responsabilidad de importar a las empresas privadas.

La medida tiene un efecto claro en la actividad: va a continuar la caída en la inversión, y así será necesario importar cada vez más combustible. El Gobierno pretende que una equiparación de precios genere un vuelco del mercado hacia Shell y otras firmas como Esso y Petrobras. Pretende que –en especial– la empresa holandesa tenga que aumentar las compras al exterior, para evitar ser castigada con la Ley de Abastecimiento.

Juan José Aranguren, el titular de Shell, ya tomó medidas defensivas: sus abogados dicen que es ilegal la fijación de precios máximos. Sostienen que Moreno no respetó un decreto de Cristina Kirchner que obliga a que toda medida la adopte una “Comisión de Energía” que integran Kicillof, De Vido y Moreno. Para los petroleros, tradicionales, la desprolijidad administrativa esconde un apuro por acelerar negocios en favor de empresarios vinculados a la Casa Rosada.

La política energética y cambiaria del Gobierno hace que se devalúe el valor de las reservas petroleras en manos de inversores extranjeros y que las transnacionales quieran venderlas.

El rey del juego, Cristóbal López, Eduardo Eurnekián y el grupo Vila-Manzano están aprovechando esas oportunidades creadas por decisión de los funcionarios. Petrobras es un claro ejemplo.

Moreno ya le prometió el negocio financiero a los supermercados a cambio de que las cadenas multinacionales le den cobertura para esconder la inflación y asfixiar a los medios de comunicación independientes.

Osvaldo Mosteirin, de Wal Mart; Carlos Velasco, de Carrefour, y Carlos Mechetti, de Cencosud, aceptaron el pacto político propuesto por Moreno. Hasta ahora, los supermercados acompañaron la política del Gobierno, pero no lograron apoderarse del negocio financiero de las compras.

Existen serios inconvenientes para instrumentar la Supercard y,desesperado, Moreno tuvo que pedir una insólita ayuda: habló con Luis Schvimer, titular de Visa Argentina, y le ofreció administrar el negocio.

En la UIA siguen concentrados en su interna. Esta semana se confirmó el anticipo de Clarín de que le quitarían el aval a José Urtubey y que no conformaba la candidatura de Héctor Méndez. Débora Giorgi habló con varios industriales en favor de Urtubey. Pero tanto el salteño como Méndez estarían fuera de juego. Ahora, un grupo de importantes “popes” fabriles está repensando una idea: rearmar el acuerdo de unidad fabril y pedirle a Ignacio de Mendiguren que continúe dos años más al frente de la UIA.

Clarin