Europa, acorralada por dependencia energética

Por The Economist
CIUDAD DE MÉXICO.- El año pasado, cuando el presidente de Rusia, Vladimir Putin, sobornaba a Viktor Yanukovych, entonces mandatario de Ucrania, para que rechazara un acuerdo comercial con la Unión Europea, uno de los incentivos fue el gas natural barato. Costaría 268.5 dólares por mil metros cúbicos, es decir 7 mil 500 millones de dólares por los 28 mil millones de metros cúbicos (mmc) de 2013.Pero eso cambió tras la revolución de febrero, que derrocó a Yanukovych y hace una semana Alexei Miller, director del gigante gasero ruso, Gazprom, aumentó en 44 por ciento, a 385.5 dólares por mil metros cúbicos, el precio del gas a Ucrania.

Según Miller, Ucrania adeuda a Gazprom 1,700 millones de dólares y si no paga, Gazprom puede suspender el suministro, lo que afecta a Europa ya que muchos gasoductos que le llevan gas pasan por territorio ucraniano.

El 24 por ciento del gas que usa Europa es ruso y la mitad de eso –80,000 mmc– pasa por Ucrania. En enero de 2009, una disputa ruso-ucraniana condujo al cierre de los gasoductos por dos semanas, creando consternación en el oeste.

Algo similar no afectaría mucho a Europa en el corto plazo, pero si hablamos de meses o cuántos años, la zona es altamente vulnerable. Por ello Putin cree que Europa no actuará en su contra en represalia por la reciente  anexión de Crimea, o por cualquier otra medida similar.

Aunque los europeos no dependen del gas ruso en verano, se reabastecen en ese periodo y, tras el invierno moderado 2013-2014, sus almacenes están inusualmente llenos. Richard Mallinson de la consultora Energy Aspects, dice que la Unión Europea (UE) tiene 36,000 mil mmc de gas almacenados, unos 15,000 mmc más que el año pasado; la capacidad de almacenamiento del bloque es de 75,000 mmc.

Pero la cifra no es equitativa. Letonia tiene lo suficiente para un año y otros, como Macedonia o Moldavia, nada, lo que hace necesario llevarlo a la gente que lo necesita.

 

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A las gaseras nacionales les disgustan los interconectores trasfronterizos, aunque un libre flujo de gas significa más opciones para los consumidores y por tanto precios más bajos, pero luego del susto de 2009 incluso se han instalado bombas que pueden revertir el flujo del tránsito.

Polonia y la República Checa están unidas desde 2011 por el gasoducto Stork. Las obras para ampliar su capacidad a 10,000 mmc empezarán antes de 2017. Eslovaquia abrió recientemente un gasoducto hacia Hungría y Alemania ahora puede enviar gas a Italia, así como a Polonia y la República Checa.

Si existe la voluntad política de ofrecer apoyo mutuo,  los medios para hacerlo son mejores ahora que hace cinco años.

Estonia, Letonia y Lituania dependen totalmete de Rusia y las obras para conectar a Polonia con Lituania podrían empezar en 2018. Hasta entonces, la abundante capacidad de almacenamiento de Letonia ofrece un pequeño seguro. Bulgaria recibe casi todo de un gasoducto ruso que cruza Ucrania, su almacenamiento da menos de dos meses de consumo. Se está apresurando a construir interconectores con Serbia y con una planeada terminal de gas natural licuado en Grecia.

Irónicamente, si el gas dejara de fluir a través de Ucrania y los depósitos se vacían, la opción sería  Rusia, que buscaría la forma de hacer llegar el gas a Europa por otros canales.

Uno de ellos, el gasoducto Nord Stream en el lecho del Báltico, en cierta medida fue construido con esto en mente. Fue diseñado para llevar gas directamente de Rusia a Alemania, y por tanto dar a Rusia la opción de suspender el suministro a sus vecinos cercanos mientras atiende todavía a su mercado más importante.

Sin embargo, encontrar mucho más gas de reemplazo sería difícil. Las acciones de la noruega Statoil han subido 7 por ciento desde la revolución en Ucrania, señala John Olaisen, analista en ABG Sundal Collier, un banco noruego.

No obstante, la UE no prevé producir más. En Holanda, la opinión pública quiere que el país extraiga menos gas debido a preocupaciones ambientales y una serie de sismos menores asociados con el vaciado del gigantesco campo Groningen.

Los campos gaseros de Gran Bretaña también se están vaciando. El norte de África ha resultado un proveedor poco confiable, asediado por amenazas terroristas y otros disturbios.

Las importaciones de Italia desde Libia, alguna vez un proveedor confiable, disminuyeron en 11.9 por ciento en 2013, mientras que los suministros procedentes de Argelia, donde la demanda local está en auge, bajaron 40 por ciento.

CARBÓN, GAS LICUADO… O PAGAR

Europa tiene la capacidad de importar mucho más gas natural licuado (GNL). Sus importaciones de GNL en 2013, 45,700 mmc, fueron mucho menores que el máximo alcanzado en 2011, de 86,500 mmc.

Pero los  exportadores de GNL no pueden simplemente producir más. Las plantas que licúan el gas cuestan miles de millones de dólares, así que ya tienden a ser operadas a toda capacidad. La mayoría de su producción ya está vendida a precios altos. Un buen cliente es  Japón,  tras el cierre de la planta de Fukushima en 2009, y China,  está tratando de quemar menos carbón.

También existe la opción de generar electricidad con base en el carbón en vez del gas. Sin embargo, un efecto colateral de la revolución del gas de esquisto de Estados Unidos es que ahora exporta carbón barato a la UE, lo cual en parte es la razón de que hayan declinado las importaciones de GNL.

Europa ya está operando la mayoría de sus estaciones alimentadas con carbón a alta capacidad. Quizá haya un poco de inactividad, y también podría haber algunas estaciones en desuso que quemen petróleo, pero no hay mucha capacidad de generación subutilizada.

En vez de enfrentar las penurias económicas que un déficit gasero de 30,000 mmc impondría, los líderes de Europa se enfocarán en ayudar a Ucrania a pagar sus cuentas. Esta es una razón de que los precios del gas comerciado apenas se hayan movido desde que inició la crisis.

Poner en orden al sector energético notoriamente turbio del país será una prioridad en la agenda de reforma para que el país queme menos gas a cambio de dinero del Fondo Monetario Internacional. Ucrania produce actualmente 20,000 mmc de gas, cantidad que le daría autosuficiencia si lo cuidara.

A largo plazo, Europa buscará reducir su dependencia de Rusia, pese a las previsiones de que la demanda de gas aumentará en la próxima década. Según la consultora A.T. Kearney,  las importaciones subirán de 327 mmc a 413 mmc en 2020.

En junio, la Comisión Europea debe dar a conocer un plan para reducir la dependencia energética y  analizará nuevos planes de gasoductos. Una víctima inmediata probablemente será el gasoducto South Stream de Rusia, que, como el Nord Stream, fue diseñado para reducir la dependencia de exportación de Gazprom con Ucrania.

Otra opción es el Gasoducto Trans-Adriático, que debe estar listo en 2018 y  llevará a Europa entre 10,000 y 20,000 mmc al año desde el Cáucaso vía Turquía. Una relajación de las sanciones sobre Irán pudiera atraer más gas desde ahí por la misma ruta.

GAS DE ESQUISTO, INSUFICIENTE

Europa también podría desarrollar sus reservas de gas de esquisto, aunque el Centro de Investigación Conjunta de la UE sitúa el recurso en 11,700 mmc, alrededor de una cuarta parte del de Estados Unidos.

Sin embargo, la ley, la opinión pública y una falta de equipo de perforación y exploración hacen que el gas de esquisto europeo sea más difícil de extraer. IHS, una consultora energética, espera que para 2020 la producción europea sea de sólo 4,000 mmc al año, comparado con más de 70,000 mmc en Estados Unidos actualmente.

El entusiasmo político con la idea de que el gas de esquisto de Estados Unidos ayudaría a Europa tiende a pasar por alto las dificultades prácticas.

Para empezar, aún no existe ninguna instalación de exportación. Sabine Pass, en la frontera de Texas con Luisiana, con una capacidad de hasta 2,000 mmc, empezará a bombear GNL apenas en 2015. Sin embargo, están pendientes dos docenas de solicitudes de exportación, e IHS estima que un estallido de proyectos, que se daría en 2018-2020, llevaría la capacidad de exportación de GNL total de Estados Unidos a 66,000 mmc para principios de la próxima década.

El cambio tecnológico quizá ayude. El costo de las terminales de importaciones que convierten en GNL en gas utilizable ha caído significativamente, y los clientes ahora pueden rentar instalaciones flotantes cuando las necesitan, en vez de construir instalaciones costosas en tierra. La nueva terminal de GNL flotante de 325 millones de dólares de Lituania, de construcción sudcoreana y atinadamente llamada Independencia, empezará a funcionar para fines de este año. A más largo plazo, las plantas de licuefacción que usan motores eléctricos, en vez de enormes turbinas, parecen destinadas a reducir el tamaño y costos de capital de las terminales de exportación. Eso pudiera llevar mucho más GNL al mercado desde campos marítimos y lugares remotos.

ENERGÍA VERDE CON FONDO NEGRO

Ya que Europa usa 31 por ciento de su gas para producir electricidad, también es posible que reduzca la dependencia de Rusia cambiando la tecnología de generación. En cierta medida, la campaña de Europa a favor de las energías renovables ya está haciéndolo, pero por el momento las energías renovables necesitan la capacidad alimentada por combustibles fósiles como respaldo, y el gas es el combustible preferido.

Mejores interconectores de electricidad pudieran reducir esa necesidad del gas facilitando exportar electricidad de mercados ricos en fuentes renovables como Alemania en días soleados y ventosos e importarla a oscuros y sin vientos.

Los interconectores también pueden ayudar a sustituir una energía renovable por otra. La hidrofuerza, como las estaciones de energía alimentadas con gas, puede ser puesta en operación fácilmente cuando el viento se debilita, pero no está extendida uniformemente: Suecia y, en particular, Noruega tienen mucha, Alemania y el Benelux no tanta. Actualmente hay planes para hasta cinco nuevos interconectores de Noruega hacia la UE que serán construidos para 2020, con una capacidad de hasta 5 GV. Proveer 5 GV a partir de plantas operadas con gas requeriría alrededor de 10,000 mmc al año. Noruega pudiera generar mucha más hidrofuerza, si hubiera mercado, y, con mejores interconectores, mucha más energía solar pudiera trasladarse desde el sur, quizá incluso el norte de África.

RUSIA NO ES INMUNE A UNA CRISIS

Las exportaciones de petróleo y gas conformaron 70 por ciento de las ventas foráneas anuales, de 515,000 millones de dólares de Rusia y 52 por ciento de su presupuesto federal en 2012, según la Agencia de Información Energética de EU.

Para vender su petróleo fácilmente, Rusia necesita acceso al sistema financiero mundial. Sus compañías necesitan pedir prestado en el mercado de bonos, y sus acciones cotizan en bolsas internacionales. También necesitan procesar los pagos en dólares, la moneda en la cual se fijan los precios en casi todas las transacciones energéticas internacionales.

Esto da a Europa y Estados Unidos una considerable influencia, si eligen ejercerla. Rosneft, la mayor compañía petrolera de Rusia, resultaría muy perjudicada si fuera retirada de las bolsas de valores de Londres y Nueva York. Las sanciones financieras también pudieran dificultar que Rusia vendiera su petróleo a terceras partes. Las sanciones han perjudicado a Irán no por impedirle hacer llegar el petróleo a sus clientes, sino al impedirle recibir los pagos, aunque Rusia sería más difícil de aislar.

En teoría, las exportaciones de gas de Rusia hacia Europa son un arma que apunta al revés. Si Rusia presionara más a Ucrania, o probara sus posibilidades en Moldavia, Georgia o los Estados bálticos, y si Europa emprendiera una acción firme en respuesta, podría suspender por completo las exportaciones, haciendo así un enorme daño a la UE. Sin embargo, salvo un triunfo inmediato, permanente y total, eso también condenaría a Rusia como exportador de gas. A China ya le preocupa la confiabilidad de Rusia como proveedor. Incluso con 475,000 millones de dólares en reservas cambiarias, el Kremlin no puede continuar dirigiendo la desvencijada y poco competitiva economía de Rusia sin sus ingresos de exportaciones más importantes.

La sacudida tras la anexión de Crimea terminará siendo casi un favor de Rusia a Europa, que ya no tiene otra opción que reducir su dependencia.

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