¿El fin de la Argentina Saudita?

El sueño (o pesadilla) de una Argentina Saudita o petrolera se evapora. El Observatorio Petrolero Sur –OPSur– preparó este trabajo para lavaca.org en el que Martín Álvarez Mullally y Hernán Scandizzo analizan la vida de Vaca Muerta (que venía agonizando antes de la pandemia), el fracking, su incidencia política y las contradicciones que genera en el mundo y en el gobierno, en medio de una crisis sin precedentes.

Por Martín Álvarez Mullally y Hernán Scandizzo / OPSur – El mundo fósil languidece en su vertiginosa lógica de llevar todo a límites de altos riesgos. Estas energías extremas tienen su correlato local en Vaca Muerta, la joya que iba a poner a la Argentina en el mapa energético mundial con el fracking. El sueño del polo exportador prácticamente ha muerto. Las provincias petroleras están ante una crisis sin precedentes en un mundo donde las oportunidades se desvanecen en el aire por más sólidas que hayan sido publicitadas.

Alberto Fernández se ríe, se lo nota cómodo, lleva un mes como presidente y tiene enfrente al periodista Horacio Verbitsky, ese mismo al que su antecesor deseó enviarlo en un cohete a la luna. “La Argentina en un momento se enamoró de Vaca Muerta, puso todos los incentivos y los esfuerzos allí y desincentivó el resto de la producción convencional”, declaró Fernández ante una interpelación que puso en duda la marketinera explotación de hidrocarburos no convencionales que se realiza en el norte de la Patagonia. Rápidamente las casillas de los jerarcas del sector se llenaron de clipping con alertas y el teléfono rojo de la gobernación de Neuquén no paró de sonar. Cuatro días después el mandatario tuvo que recibir a los principales empresarios y CEOs petroleros en Casa Rosada. En la delegación estaba todo el dream team del fracking, Exxon, Vista, Pluspetrol, Chevron, Compañía General de Combustibles, Wintershall, Pan American Energy, Shell, Total, Tecpetrol e YPF. Las empresas buscaban, por un lado, una salida al congelamiento de precio en los combustibles impuesta por el ex presidente Mauricio Macri, y por otro, garantías de incentivos. Ambas quedaron en agenda.

El megaproyecto Vaca Muerta como vía para transformar a Argentina en un polo exportador de hidrocarburos agonizaba antes de la pandemia: paralización de las inversiones en infraestructuras destinadas a reducir costos y agilizar la comercialización, dependencia de transferencias y subsidios estatales, empresas con rojos financieros, cientos de trabajadores suspendidos o al borde de ser despedidos, y un conjunto de conflictos sociales, ambientales, culturales en provincias endeudadas y también dependientes de la renta petrolera y de la inyección de recursos desde Nación. La irrupción de la pandemia tensó más los límites, a la alta dependencia de los combustibles fósiles -el gas representa el 53.1% de la matriz y un 31% de crudo según el Balance Energético nacional de 2018- se sumó que el los últimos seis años los no convencionales fueron la apuesta única. Con el precio del barril de crudo que se mantiene bajo y la economía en cuarentena, la posibilidad de implementar un barril criollo, una cotización interna superior a la internacional, aparece como un salvataje no solo a las empresas del sector, para que no dejen de perforar y bombear hidrocarburos, sino también para las provincias petroleras, que si no se incendiaron ya, como Chubut, están al borde del incendio.

La situación internacional también parece atentar contra los sueños de los fracturadores argentinos, la combinación de la crisis de sobreproducción y la financiera en el mundo frackers norteamericano, más la caída brusca de la demanda -consecuencia de las políticas implementadas en la mayoría de los Estados frente a la pandemia-, dió por tierra los proyectos exportadores de energía. En Estados Unidos preparan un salvataje cinco veces más grande que el implementado durante la crisis de las subprime de 2008 y en buena medida será destinado al sector petrolero.

La vaca polisémica

Vaca Muerta es un megaproyecto de extracción de hidrocarburos no convencionales que comenzó explorarse a fines de 2011 en Argentina. Justamente por ser un megaproyecto, es multidimensional y polisémico. Desde lo estríctamente geológico, es una formación de roca madre (lutitas o shale) de 30.000 km² que se extiende por el subsuelo de las provincias de Neuquén, Mendoza, Río Negro y La Pampa. Sin embargo, no siempre cuando se habla de Vaca Muerta se hace referencia a esa formación, si no que con ese nombre se alude también a un conjunto de formaciones no convencionales, tanto de tight sand -arenas compactas- como de shale de la cuenca neuquina que alojan hidrocarburos extraíbles con el paquete tecnológico del fracking.

La polisemia llega a la superficie, Vaca Muerta requiere insumos que provienen de distintas provincias y países, como las arenas de sílice que se extraen de Entre Ríos y Chubut; algo similar sucede con los químicos, los tubos de acero, etc. Para el transporte ocupa trazados ferroviarios, rutas nacionales y provinciales, también puertos y barcos que llegan desde otros países. Y otra trama de infraestructuras y actores necesita para colocar la producción en el mercado: rutas, refinerías, ductos, petroquímicas, plantas de licuefacción y gasoductos de exportación; también de empresas operadoras y servicios nacionales e multinacionales, bancos y paraísos fiscales; y de mano de obra calificada que proviene de distintos países (EEUU, Canadá, Venezuela, entre otros). En síntesis, Vaca Muerta es un megaproyecto extractivo que demanda complejos entramados territoriales, económicos, sociales, con impactos ambientales y culturales, que se articulan con la llegada del paquete tecnológico del fracking. Vaca Muerta es entonces más que una formación que se extiende en el subsuelo de cuatro provincias.

La puesta en marcha del primer desarrollo masivo fue en 2013, tras el acuerdo YPF-Chevron, en el área Loma Campana, en territorio de la comunidad mapuche Campo Maripe. Antes de la caída del precio del crudo y del parate pandémico, de allí, a través de 470 pozos perforados, se extrajo el 57% del petróleo producido hasta el momento de la formación Vaca Muerta, una marca que fue posible alcanzar por la inyección de subsidios del Estado. Tan solo en el período 2014-2015 ese proyecto captó el 42% de los recursos que se destinaron al sector, según el informe “Vaca Muerta y el desarrollo argentino”, elaborado por el equipo de economistas del Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental (EJES).

En la actualidad Vaca Muerta tiene más de una treintena de áreas concesionadas en las que están presentes compañías que integran el big oil, Shell, Exxon, Chevron, Total, Wintershall y Equinor. Sin embargo, los principales desarrollos fueron traccionados por empresas que tienen en Argentina sus principal foco de negocios: YPF, Tecpetrol, Pampa Energía, Pluspetrol, Pan American Energy y Vista Oil & Gas.

La llegada del gobierno de Mauricio Macri significó el desembarco de las empresas al Ministerio de Energía, ex ceos de distintas empresas fueron los nuevos encargados del devenir vacamuerteano. Llegaron los tarifazos con un aumento de más del 3000% en la energía eléctrica, más del 1800% en gas y un combustible dolarizado que se disparó. El crecimiento de la pobreza energética fue combinada con una pérdida del salario real, mientras en Vaca Muerta YPF perdió protagonismo como actor, en la medida en que los subsidios fueron reorientados hacia el sector privado. Tecpetrol, la empresa de Paolo Rocca, recibió entre 2016 y 2018, el 50% de los subsidios otorgados para estimular la producción de gas de yacimientos no convencionales. Un monto de muchos ceros, equivalente al 51% de las inversiones realizadas por esa firma y al 30% de sus ingresos, según destaca el informe anual del 2019 la Fundación Ambiente y Recursos Naturales realizado por María Marta Di Paola. Con las presiones del FMI sobre el ajuste fiscal, el gobierno de Macri ajustó los subsidios, por ésto y por diferencias en el monto que debían liquidar en ese concepto, Tecpetrol demandó al Estado por $2500 millones.

Recortes a la ilusión

En medio de la pandemia los medios de la norpatagonia destacaron que en marzo tanto YPF como otras operadoras habían incrementado su producción de crudo. Una noticia tras la cual parecía que se intentaba esconder la situación de ralentización que arrastra el sector por el no cobro de subsidios y el congelamiento de los combustibles, que se tradujo en la baja de equipos de perforación y suspensiones masivas. El 2019 terminó con la amenaza de 600 telegramas de despido listos a ser enviados y la negociación de un nuevo marco regulatorio, una nueva ley de Hidrocarburos. Las cartas del 2020 no son mejores, más trabajadores suspendidos por la paralización del sector en el marco de la pandemia que cobrarán entre el 40% y el 60% de sus salarios por el acuerdo arribado entre los sindicatos y las empresas del sector con el remanido argumento de preservar las fuentes de trabajo.

Tampoco son buenas las cartas de la provincia, Neuquén proyectó recaudar, según el presupuesto 2020, 50.478,5 millones de pesos en concepto de regalías, de un total de ingresos 158.802,9 millones de pesos, tomando como precio de referencia un barril de petróleo en 50 dólares. Casi un cuento fantástico leyéndolo con el diario del lunes. Las regalías, en ese presupuesto, representan el 32% de los ingresos de la provincia. En Neuquén el pago de salarios de la Administración Pública tiene un peso relevante en las finanzas, el Estado es el principal generador de empleos. En el presupuesto de este año el monto asignado a Personal es de 87.764,1 millones de pesos, lo que representa un 62% de los gastos corrientes y el 56% de los gastos totales. En otras coyunturas de caída de la recaudación por la merma en las regalías, la respuesta fue el endeudamiento, principalmente para pagar sueldos y reducir los riesgos de un incremento de la conflictividad social. El Estado neuquino tiene la mayor deuda per cápita de las provincias argentinas: 108.869 $/hab al 30 de setiembre de 2019, cuando el promedio entre las 24 jurisdicciones era de 33.934 $/hab.

Ante un escenario como el actual, en el que además las operadoras petroleras recortarán un 65% las inversiones proyectadas para este año, en la agenda política neuquina reaparece la palabra clave: diversificación de la matriz productiva. Un mantra ideal para coyunturas como esta. En la década de 1990, en que la provincia se consolidó como productora de hidrocarburos, el gobierno neuquino, entonces encabezado por el patriarca Felipe Sapag, presentó el plan Neuquén 2020. Eran tiempos de bolsillos flacos por baja en la producción, que se combinaban con despidos en el marco de la privatización de YPF, Gas del Estado y Agua y Energía y el recorte salarial a los empleados provinciales por el ajuste fiscal. La provincia ya se había incendiado en las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul cuando el plan Neuquén 2020 fue presentado como una alternativa, la renta petrolera sería invertida en la promoción de la agroindustria, el turismo y el desarrollo forestal, así, en 2020 la provincia tendría una economía diversificada.

Sin embargo la propuesta nació muerta. Don Felipe poco después terminó su último mandato, lo sucedió Jorge Sobisch, del mismo partido pero de otra corriente interna. La situación económica de la provincia se revirtió por el aumento del precio del crudo y años más tarde la irrupción de los no convencionales y el comienzo de la era Vaca Muerta confirmaron el rumbo: I love crude.

La diversificación de la matriz productiva volvió al ruedo 2014, en el marco de la brusca caída del precio del barril, pero apenas las aguas se calmaron, la guardaron en la caja de conceptos en desuso. Neuquén en 2020 es una provincia que, como antes, depende de la renta petrolera, la coparticipación federal y los impuestos que recauda. Incluso en las dos décadas que transcurrieron desde la presentación de aquel plan, el sector ceramista, que representaba un atisbo de industrialización, fue desmantelado y hoy sobrevive por el esfuerzo titánico de los trabajadores y trabajadoras que recuperaron las tres fábricas existentes. El único avance hacia la diversificación son un puñado de bodegas, algunas creadas a fin de cobrar créditos otorgados por la provincia que no fueron devueltos y devinieron subsidios.

En 2020 la empresa petrolera de la provincia, Gas y Petróleo del Neuquén, que en 2013 anunció que se asociaba a la alemana Wintershall para explotar el área Aguada Federal y así captar más renta de Vaca Muerta, vende su participación, embolsa diecisiete millones de dólares, de los cuales se le descuentan unos doce por deudas no muy claras, cobra cinco y deja planteado el interrogante de si esa será la salida elegida, una privatización sui generis, para los tiempos de crisis y fuerte endeudamiento en dólares. La versión oficial sostiene que la operación estaba en carpeta desde antes de la pandemia.

En tanto Río Negro, provincia que tiene la matriz productiva más diversificada, también siente la caída de los ingresos, dado que en los últimos años el gobierno apostó la explotación de hidrocarburos no convencionales en el Alto Valle, lo que se tradujo en un incremento de la incidencia del sector en el presupuesto y, por ende, de la dependencia. Según una reciente nota publicada en el diario Río Negro, en el presupuesto 2020 la provincia estimó que recuadaría 9.000 millones de pesos en concepto de regalías, un promedio de 750 millones de pesos por mes. Sin embargo, durante el primer trimestre, es decir, antes de la pandemia, el promedio mensual fue de 534 millones de pesos, y el futuro no parece muy promisorio.

En un contexto mundial de sobrestock de hidrocarburos y paralización de buena parte de la economía mundial y un incierto futuro de crisis pospandemia, el sueño exportador de Vaca Muerta se desvanece y en el horizonte solo asoma un barril criollo para rescatar del naufragio a las economías regionales.

Fuentes:

Contexto (07/01/2019) Los aumentos de tarifas llegarán al 3.600% desde 2015 y a un 20% del salario

El Cohete a la Luna (12/01/2020) El despegue de Alberto. Entrevista con el Presidente Alberto Fernández, al mes de gobierno.

Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental. Megaproyecto Vaca Muerta. Informe de externalidades. Marzo 2017.

(En)clave Comahue. Revista Patagónica de Estudios Sociales. Abordajes socio-territoriales de la extracción de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta. 2019.

Fundación Ambiente y Recursos Naturales.Los subsidios a los combustibles fósiles en el proyecto de presupuesto 2019

Observatorio Petrolero Sur. Infraestructuras del fracking en el Cono Sur. 2017. 

Mesa de transición productiva y energética de Río Negro. Más allá de la renta petrolera: Una propuesta para la diversificación productiva y la democratización energética. 2019.

Observatorio Petrolero Sur (13/05/2020) Neuquén 2020: el futuro ya llegó, la diversificación no

Río Negro (Fabricio Alvarez), 9/05/2020. La caída en la renta petrolera se siente en Río Negro

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