Derrame en Catriel, el río negro que nadie quiere

La rotura del oleoducto en un campo de las cercanias de Catriel, en Río Negro, es el daño ambiental de la industria hidrocarburífera más grande de las últimas décadas y evidencia la magnitud de los impactos que genera la falta de una planificación integral energética nacional. El transporte de crudo como problema severo ante los récords de extracción en la Cuenca Neuquina.

Video Lucas Castillo/La Izquierda Diario

Por Leonora Jáuregui y Martín Álvarez Mullally.- Daniel Lezcano es parte de la comunidad Quiñe Trawun Peñi, vive a 23 km de la ciudad Catriel, en un paraje llamado Medanito. El viernes 10, cerca del mediodía, encontró el derrame del oleoducto durante su recorrida de rutina. Lo registró con el teléfono y esas primeras imágenes del río de petróleo cañadón abajo se viralizaron de inmediato por la dimensión del desastre. El ducto de 16 pulgadas que se dañó conecta la Estación de bombeo Puesto Hernández, en Neuquén, con la Estación de bombeo Medanito, en Río Negro. “En el lugar había una sola máquina de Petróleos Sudamericanos, la empresa que explota el área, tuvimos que esperar hasta las 15.30 para que lleguen los refuerzos de Oldelval”, relata. Daniel carga con un historial de denuncias contras las empresas que fueron desestimadas por la Justicia y los organismos gubernamentales.

 

Según la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de la provincia, Oldelval informó que el derrame supera los 3 millones de litros de petróleo sobre una superficie de 21.000 m². Por el tramo dañado circulaba crudo desde Río Negro con destino a Neuquén, ya que están saturadas las redes ubicadas más al sur, que hacen el transporte directo desde Vaca Muerta a Puerto Rosales para la exportación. Con la fuerte apuesta del gobierno nacional por las energías fósiles como centro de las políticas energéticas, la extracción de petróleo creció un 53% en 2021. Sin embargo, la inversión en infraestructura no acompañó esta realidad: las viejas cañerías construidas a partir de los años 80, durante el auge convencional en la región, están al límite y no reciben el mantenimiento debido. Un horizonte de crecimiento sin infraestructura, un cuello de botella en la capacidad de transporte que, previsiblemente, pone en riesgo al ambiente, a las poblaciones y a quienes trabajan en la industria. Entre tanto, los incentivos del Estado nacional a la extracción potencian el alza, evidenciando que detrás del consenso del fracking no existe una planificación energética estatal acorde a las intenciones exportadoras del megaproyecto.

Fotos Lucas Castillo/La Izquierda Diario

En este contexto, las responsabilidades del Estado nacional en el derrame son múltiples. Oleoductos del Valle (Oldelval) es un consorcio de compañías que tiene como principal accionista a la parcialmente estatal YPF, que controla el directorio en sociedad con Exxon, Chevron, PAE, Pluspetrol y Tecpetrol, todas con operaciones en la cuenca. Así como promueve la extracción de crudo, el Estado es parte, a través de YPF, de esta empresa concesionaria a cargo de los ductos por los que circula el 85 % del petróleo extraído en la Cuenca Neuquina, cerca del 45 % de la producción total del país. Y también es una red vital para Vaca Muerta, ya que transporta el 95 % del crudo que se extrae mediante fracking. Pero además, la Secretaría de Energía y el Ministerio de Ambiente de Nación son responsables del control y la fiscalización de los ductos. Es decir, el Estado está en ambos lados del escritorio y en toda la cadena. 

Un accidente anunciado

La contaminación en la zona de Catriel data de años, ya que es el corazón de la explotación convencional de hidrocarburos de Río Negro. El comportamiento del sector en la cuenca registra irregularidades evidentes. En 2016, una Comisión Técnica Fiscalizadora del Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (COIRCO) realizó un informe estadístico a partir de una serie de derrames de crudo que impactaron directamente en el río. Entre 2011 y 2015 contabilizó 1900 m³ de petróleo y 25.600 m³ de agua de producción e inyección derramadas en los alrededores del río. La corrosión de los caños es una de las principales causales, por eso quienes habitan históricamente los territorios son enfáticos al respecto: “Estamos hablando de un oleoducto de cinco décadas y yo calculo que acá el jefe de mantenimiento de la empresa Oldelval tendrá que dar muchas explicaciones, muchos informes con respecto al mantenimiento de este oleoducto troncal de 16 pulgadas tan importante, que viene desde Neuquén hacia la estación de bombeo el Medanito”, señala Daniel Lezcano, el dueño del campo en el que la empresa derramó al menos tres millones de litros de petróleo.

 

El 19 de octubre de 2020 la comunidad Quiñe Trawun Peñi realizó una presentación legal contra Petróleos Sudamericanos por la falta de un plan de saneamiento ambiental y de remediación de pasivos. En mayo de este año, la presentación se repitió, pero en ninguna de las instancias hubo respuestas. “He presentado denuncias penales por impactos ambientales que fueron desestimadas por los fiscales a los que les tocó atenderlas”, subraya Lezcano. “He llevado adelante medidas dentro del campo para poder demostrarle a la sociedad, a las autoridades y a la Justicia que lo que vengo planteando es como lo vengo diciendo. A tal punto que tomé una máquina, saqué tierra empetrolada y la tiré sobre un camino troncal para que pudieran verla. El resultado que obtuve fue una demanda por parte de Petróleos Sudamericanos, una demanda monetaria importante”, relata. 

 

Externalizar los daños ambientales o trabajar con riesgo de eventos como este, convierte los territorios en zonas de sacrificio. La gravedad de los impactos de la industria requieren, por lo menos, un cambio urgente en las políticas públicas. Al respecto, Lezcano sintetiza: “Este derrame se podría haber evitado si la Justicia me escuchaba, se podría haber evitado si las autoridades me escuchaban, pero bueno, eligieron otro camino. Hoy todos se ponen el saco de ambientalistas, los legisladores, intendentes y autoridades de aplicación se convierten en delegados de Greenpeace, pero no sirve, ya no sirve porque el problema estalló”. Y agregó: “Hoy tenemos campos afectados, hoy tenemos cuatro hectáreas prácticamente afectadas. Y por qué digo cuatro hectáreas, porque están hablando ahora de dos hectáreas. Sí, dos hectáreas donde el petróleo se estancó, donde el petróleo lo han contenido, de lo que no hablan es de los montes que han tenido que romper para poder llegar al lugar donde está el petróleo”. 

 

Permeable a la contaminación

A pocos metros de la zona cero del accidente se encuentra El Refugio de Vida Silvestre Laguna La Cesárea, hábitat de aves migratorias, patos, cisnes, gallaretas, entre otras especies animales, y de la flora autóctona. A su vez, a unos 4 km pasa el río Colorado, cuyas aguas son fundamentales para el sostenimiento de la vida regional. El suelo arenoso le dio el nombre Medanito al lugar, que con las napas freáticas altas, la laguna y el río hacen del entorno un ambiente especialmente sensible a los impactos de la actividad hidrocarburífera.

 

Juan Greco, delegado por la provincia de La Pampa en el COIRCO, aseguró que si hay contaminación la van a detectar inmediatamente y que preventivamente instalaron mallas en el cauce del río. “El río Colorado es el río más sistematizado y más controlado de la Argentina, justamente porque tiene una actividad hidrocarburífera muy intensa, con más de 15 mil instalaciones”, señaló el funcionario del ente encargado de velar por la cuenca. “Para Santa Rosa, que está fuera de la cuenca, el agua del río Colorado significa el 80% del consumo de la ciudad, para Catriel y 25 de Mayo es el 100%. La Adela, Casa de Piedra, Gobernador Duval, en La Pampa. Para la provincia de Buenos Aires, toda la zona de Hilario Ascasubi tiene acueductos que toman del río Colorado. Es un río que va incrementando el consumo de agua potable, por eso es un río muy monitoreado”, enumera Greco para figurar lo fundamental que es el río para las vidas y las economías regionales. “Menos para Buenos Aires, que no tiene actividad hidrocarburífera, y para Mendoza, que no tiene captación para consumo humano, tanto Neuquén como Río Negro y La Pampa lo usan para actividad hidrocarburífera, actividad minera, consumo humano y riego. El porcentaje mayor es para riego, quienes más usan es provincia de Buenos Aires en primer lugar, Río Negro y La Pampa en segundo lugar”.

En Catriel, la Asamblea Ambiental Coli Leuvú (Río Colorado en mapuzungun) emitió un duro comunicado que da cuenta de la falta de controles y la sistematicidad histórica de la contaminación: “La localidad de Catriel y sus inmediaciones sufre desde hace décadas derrames constantes de agua de producción y crudo en distintas magnitudes, desde muy pequeñas hasta muy grandes (pocas), pero son moneda corriente, es decir, sucede todos los días del año. Lo que vulnera de manera permanente la salud y la capacidad de resiliencia del ambiente, como de las personas que viven tanto en el campo como en la localidad. Catriel y sus inmediaciones desde el año 59 (en que se descubre el primer pozo petrolero), está lleno de pasivos ambientales, más lo que se suma año a año”. Además, en el texto manifiestan preocupación ante la dimensión del derrame y las características del suelo de la zona. “La napa freática en dicha área tiene una baja profundidad, oscilando en algunos casos los 2 y 3 metros, es la napa que aporta directamente a nuestro Río Colorado con el que nos bañamos, cocinamos nuestros alimentos, lavamos nuestra ropa, regamos nuestras plantas y cultivos, y bebemos nosotros como nuestros animales”, denuncian. En el mismo sentido, Silvina Sepúlveda, una de las referente de la asamblea, advirtió que las tareas de remediación tampoco son inocuas para el ambiente: “el pasivo que va a dejar el paso de tantas maquinarias que están poniendo para la remediación del suelo, los desmontes, el impacto en la vida allí. Todos estos impactos son los que nos preocupan”.

A días del derrame de petróleo más grande de los últimos tiempos, no hay datos oficiales acerca de las causas de la rotura de la cañería, ni de la dimensión de los daños ambientales, ni de cómo van a distribuirse las responsabilidades. En declaraciones al diario Río Negro, la secretaria de Ambiente y Cambio Climático de la provincia de Río Negro, Dina Migani afirmó: “Nosotros hacemos un seguimiento de la situación ambiental con fiscalización de nuestro equipo técnico, pero esto es un incidente que puede ocurrir, se determinarán las causas que pueden ser: intencional, puede ser por falta de mantenimiento y ahí nos cabe la responsabilidad del control a la estructura del caño”. En relación a los plazos que tiene la empresa para presentar los informes, la funcionaria señaló: “Tiene que presentar en esta semana un plan de remediación provisorio, porque deberemos ir siguiendo y controlando, y próximamente en el término de 10 días tiene que presentar el plan de remediación definitiva que nosotros tenemos que analizar, controlar y hacer el seguimiento de todos los análisis que se vayan realizando. Luego vendrá el análisis de causas y la determinación si corresponde infracción o no.” 

La rotura del oleoducto en Río Negro alerta sobre las consecuencias del avance acelerado de la frontera extractiva hidrocarburífera. Para evitar que estos episodios sigan ocurriendo, es necesario que los estados se ocupen de las responsabilidades que les corresponden y contemplen los impactos económicos, ambientales, sociales y territoriales. El “río de petróleo” desplazándose sobre el campo en Medanito es la imagen opuesta a la de los compromisos verdes que el gobierno nacional y el provincial declaran en los foros internacionales. Consolidar la matriz fósil profundiza el crecimiento de las zonas de sacrificio.