Las noticias no transmiten la dimensión de la catástrofe. Durante el último mes, fallecieron al menos tres trabajadores petroleros. Dos en Mendoza y otro en Neuquén. Desde el inicio de Vaca Muerta hubo tantas muertes que los registros no pueden precisar cuántas.Y mientras el saldo fatal sigue creciendo, la justicia mira para otro lado o termina responsabilizando a los propios trabajadores.
–Por Fernando Cabrera Christiansen y Leonora Jáuregui Nicolet / Fotos: Martín Álvarez Mullally
Los accidentes constantes y las muertes de trabajadores de la explotación de hidrocarburos no convencionales fueron advertidos por el compendio de afectaciones del fracking que el Concerned Health Professionals of New York realiza hace más de una década en Estados Unidos. En Vaca Muerta, los promotores de la técnica desestimaron los antecedentes y el vaticinio se cumplió. Con la adenda al convenio colectivo de trabajo de 2017, se aceleraron los ritmos de trabajo y los fallecimientos en accidentes aumentaron.
Pero las muertes son las consecuencias más visibles de una estructura de riesgos y daños muy amplia. El compendio sistematiza una accidentalidad permanente vinculada a jornadas extensas, fatiga, privación del sueño, exposición a sustancias tóxicas, explosiones y accidentes vehiculares. También advierte sobre el subregistro de incidentes graves y sobre las dificultades para acceder a datos precisos de mortalidad y lesiones en la industria. En Estados Unidos, el sector petrolero y gasífero aparece sistemáticamente entre las actividades con mayores tasas de mortalidad laboral y con niveles elevados de afectaciones físicas y psíquicas para quienes trabajan en él.
Pese a que en el campo petrolero la cartelería sobre seguridad abunda y las empresas se asumen oficialmente exigentes al respecto, los accidentes son cotidianos. Esa forma corporativa implica, en última instancia, una individualización de la responsabilidad. “Si pasa algo será tu culpa”, se lee, aunque el cartel diga “¿Qué hiciste hoy por la seguridad?”. Y la justicia cuando actúa cumple con esa promesa: culpa a los trabajadores.
Como si eso fuera poco, las rutas son cada vez más peligrosas. La creciente cantidad de vehículos con conductores apurados y cansados, y el mal estado de las vías de circulación, convierten los traslados de toda la población, pero particularmente de los obreros petroleros, en una ruleta rusa.
Explosión en Mendoza
Sergio Samchuk de 47 años y Gastón Andrada de 40, ambos mendocinos, trabajaban en la base de operaciones de la empresa TSB ubicada en el yacimiento Chachahuen Sur, en Mendoza al límite con Neuquén. Al atardecer del 20 de mayo arreglaban una válvula de un camión de líquidos inflamables con un soplete cuando el vehículo explotó. Según reportaron sus compañeros, Samchuk murió al instante, mientras que Andrada fue trasladado gravemente herido a la localidad de Rincón de los Sauces, en Neuquén, pero falleció poco tiempo después de ingresar a la clínica.
Chachahuen Sur es un área que YPF busca vender en el marco del Plan Andes y el año pasado era presentada como un éxito productivo, resultado de la baja de regalías que Mendoza definió para incentivar la inversión. TSB es propiedad de la familia Urcera y, como se verá, lejos está de ser este el primer siniestro de la compañía.
Samchuk y Andrada forman parte de una larga lista de muertes evitables de las que no se habla en las crónicas sobre el crecimiento de Vaca Muerta.
Aplastamiento en Mari Menuco
Cinco días antes del trágico suceso en Mendoza, el 15 de mayo, fue encontrado sin vida Dario Ruiz, un soldador de 43 años oriundo de Zárate, provincia de Buenos Aires. El episodio ocurrió durante la construcción de una planta de YPF en La Angostura Sur, área que se destaca por los niveles de extracción, incluída en un proyecto de 25.000 millones de dólares que YPF pretende incorporar al RIGI.

Los compañeros de Ruiz descubrieron su cuerpo a primera hora de la mañana. El fallecimiento había ocurrido la tarde anterior tras ser aplastado por un caño. La causa del deceso fue un shock hipovolémico: se desangró luego de ser aplastado y recién al día siguiente sus compañeros encontraron sus restos.
Ruiz trabajaba para AESA, subsidiaria de YPF bajo el convenio de UOCRA, como la mayoría de los trabajadores que hoy integran el mundo laboral de Vaca Muerta.
Las rutas de Vaca Muerta y el desgaste laboral
Más allá de los accidentes ocurridos en los espacios de trabajo, los corredores petroleros se consolidaron como otro escenario de riesgo durante las jornadas y los traslados laborales. Las rutas saturadas y deterioradas, sumadas al desgaste laboral y la falta de descanso, configuran un escenario de riesgo permanente en los circuitos petroleros.
El 30 de abril, 20 días antes de la muerte de los dos operarios mendocinos, Fabián Montero, trabajador de ENSI, murió en un choque frontal sobre la Ruta 17 mientras viajaba hacia Rincón de los Sauces para participar del acto del Sindicato Petrolero por el Día del Trabajador. El caso volvió a poner en evidencia las condiciones de circulación en los circuitos de Vaca Muerta, una región donde los accidentes viales graves son recurrentes y los mortales cada vez más frecuentes.
Estos sucesos ocurren mientras aumenta la cantidad de barriles que se producen por trabajador: 14 % entre 2024 y 2025, 50 % en la última década.
La seguidilla de muertes vinculadas a TSB
La muerte de Samchuk y Andrada no fue un suceso aislado. En julio de 2025, otro trabajador de la empresa TSB murió en Mata Mora, en Neuquén, área operada por la empresa Phoenix. Su nombre era Damián Lobos y tenía 39 años. Estaba arreglando el camión cuando el terreno cedió y el vehículo lo aplastó. El cuerpo fue encontrado horas después por sus compañeros de trabajo.
En febrero de 2024, José Quiles había perdido la vida en el área La Amarga Chica que opera YPF. Quiles tenía 44 años cuando quedó atrapado entre un camión de TSB y un volquete. El conductor del vehículo fue imputado como responsable y quedó liberado del proceso mediante una probation.
Pese a las evidencias, señalar al overol resulta más oportuno que desconfiar de los trajes de los CEOs, más sencillo que investigar las condiciones estructurales en las que se organiza el trabajo en Vaca Muerta. ¿Cosas que pasan o un crimen social?
NAO: La peor tragedia petrolera sin justicia
Este mes la justicia neuquina absolvió a las cinco personas acusadas por la explosión ocurrida en la refinería New American Oil de Plaza Huincul, Neuquén, en la que murieron tres operarios: Víctor Herrera, Gonzalo Molina y Fernando Jara. El presidente de la empresa, Eduardo Mónaco, no fue imputado y el gerente general, Jorge Rodrigo Arias, accedió al beneficio de la suspensión del juicio a prueba tras comprometerse a donar una suma irrisoria de cuatro millones de pesos (unos 2800 dólares) en cuatro cuotas.
La explosión ocurrida el 22 de septiembre de 2022 es el incidente con más víctimas fatales de la historia de Vaca Muerta y la causa judicial terminó sin ningún responsable porque, según argumentó el Tribunal, no se logró probar la responsabilidad penal. En su alegato final, el fiscal había señalado que la refinería operaba en condiciones deficientes desde el punto de vista de la seguridad. En ese sentido, describió un escenario con múltiples irregularidades: ausencia de procedimientos formales, falta de mediciones clave como temperatura y presión, y la utilización de equipamiento no apto para las tareas que se realizaban.

La planta era una “bomba de tiempo”. Así la describió, a un mes de los hechos, un informe periodístico de La Izquierda Diario en el que reconstruyen el pésimo estado de la planta y cómo había ocultado información sobre incidentes previos a este fatal hecho.
Ahora, la refinería volvió a funcionar y amenaza con despedir a los laburantes que declararon por las partes acusadoras en el juicio. Una demostración más de la impunidad petrolera que se maneja en Neuquén y que expone a trágicos desenlaces a un sector muy importante de sus laburantes.
Detrás de los récords de producción, la expansión de la infraestructura y las promesas de inversiones, Vaca Muerta consolida otra estadística oculta: la de los trabajadores muertos, lesionados, discapacitados o expuestos cotidianamente a múltiples condiciones de riesgo. La reiteración de explosiones, aplastamientos, choques y fallas de seguridad impugnan la posibilidad de interpretarlos como episodios aislados o errores humanos. La justicia, a su turno, mira para otro lado o señala a los mismos trabajadores como responsables.
El despliegue acelerado de la actividad hidrocarburífera no convencional convive con una estructura laboral y territorial atravesada por la sobrecarga, la fatiga, la precarización, el deterioro de la infraestructura, la insuficiencia de controles y el desborde general. Los accidentes se presentan como fatalidades inevitables, como responsabilidades individuales o como males menores. Sin embargo, la recurrencia de estos episodios revela otra cosa: un modelo de desarrollo que desplaza sistemáticamente los costos del negocio hacia quienes trabajan y naturaliza el daño obrero como parte del funcionamiento cotidiano de la industria petrolera.


