Consumir agua de red es casi una cuestión de fe en Caleta Olivia

La presunción de una alta prevalencia de diferentes tipos de cáncer en Caleta Olivia y su relación con el agua que se consume y la explotación de hidrocarburos es una incógnita planteada desde hace casi dos décadas y aún no ha sido despejada. La duda persiste en la población más allá de que organismos de la provincia de Santa Cruz y nacionales afirmen que en la localidad no se registra nada fuera de los parámetros esperables. Mientras tanto, beber el líquido que fluye de las canillas se torna casi una cuestión de fe en una ciudad donde el abastecimiento de agua a través de la red no está garantizado.

Por Hernán Scandizzo

“Caleta tiene más de 80 mil habitantes, necesitaríamos aproximadamente 1000 m3/h para poder tener una distribución del agua que nos permita una llegada de cuatro horas por día a cada domicilio. Eso no ocurre, estamos recibiendo cerca de 450 m3/h de la toma del lago Musters y aproximadamente 300 m3/h de los acuíferos de la zona, que en teoría es buena”, resume Facundo Prades, intendente de Caleta Olivia. La afirmación del funcionario es una invitación a la repregunta, ¿por qué el agua de los acuíferos ‘en teoría’ es buena? “Porque no tengo un estudio que pueda decirme que el agua es buena”, responde rápidamente y agrega: “entendemos que esto pasa por laboratorios de Servicios Públicos y ellos son los que hacen análisis de calidad y que obviamente está en condiciones de ser consumida.” En los dichos del jefe comunal asoma la duda que está instalada en la comunidad. Pasaron ocho meses desde que fue tomado el testimonio y la duda sigue ahí, en realidad hace ya varios años que vecinos y vecinas del norte de la provincia de Santa Cruz demandan que esa duda sea despejada. La desconfianza en torno a la calidad del agua que llega del acuífero patagoniano, captada desde los pozos ubicados en Meseta Espinosa y Cañadón Quinta, se origina en el hecho incontrastable de que en esa zona se inició la explotación petrolera en el norte santacruceño.

Foto: El Espejo Diario

“Un gran porcentaje de familias de Caleta Olivia no consumimos agua de la canilla, en otras localidades me dicen que es mayor todavía”, asegura Javier Rivarola, periodista de Radio 21 FM 90.1, emisora local que se destaca por mantener los micrófonos abiertos a la comunidad. “Servicios Públicos dice que el agua es potable, sin embargo en 2014 hubo reclamos de vecinos en relación a que en uno de los lugares que se capta agua [el acuífero patagoniano], los resultados no habían dado bien. Servicios Públicos hizo estudios y a ellos le dio bien.” Sin embargo el organismo provincial no resultó convincente, “muy poca gente consume agua de la canilla”, reitera el comunicador.

En 2014 S.O.S. Agua – ONG Viento Sur hizo analizar muestras de agua tomadas de once pozos de captación, en seis se determinó la presencia de hidrocarburos y de metales pesados. “Hicimos la denuncia en el Congreso Nacional, entregamos copias de las muestras de agua que daban contaminación, tanto arsénico como hidrocarburos en diferentes cisternas y pozos de Meseta Espinosa y Cañadón Quinta o Cañadón Quintar. Nos trataron, como mínimo, de irresponsables, cuando en realidad sabíamos que hay contaminación por la cantidad de gente que se está muriendo hace años”, relata Mary López, docente jubilada que lleva varios años caminando las calles, golpeando puertas, demandando soluciones para Caleta Olivia y el norte santacruceño. “El derecho básico al agua potable, al saneamiento lo tenemos que tener sí o sí”, recalca López. Enumera las denuncias realizadas en la Defensoría del Pueblo de la Nación y reclama que las autoridades publiciten los muestreos que verifican la contaminación del agua.

“Se han hecho incansables pedidos para poder hacer análisis del agua”, subraya el intendente Facundo Prades. El mandatario también señala que en 2003, cuando su padre, Carlos Prades, era senador nacional, impulsó un proyecto de resolución para que el Ministerio de Salud de la Nación realizara un estudio de prevalencia de distintos tipos de cáncer en Caleta Olivia. En esa iniciativa también se solicitaba que fueran investigados “para determinar si importan cierto grado de riesgo cancerígeno para la población”, el agua de red, las cenizas volcánicas, las líneas de alta y media tensión y los transformadores de energía, entre otros. “En ese momento se le contestó que la calidad del agua estaba dentro de los parámetros que establece el Código Alimentario Nacional y que las muertes por cáncer o tumores malignos también estaban dentro de los parámetros normales para una sociedad con la cantidad de habitantes que tenía nuestra provincia y, particularmente, Caleta Olivia y la zona norte de Santa Cruz”, sostiene el jefe comunal.

En aquel proyecto de resolución, el entonces senador nacional Carlos Prades advertía la escasez de información y la inexistencia de programas de prevención y de detección precoz. “La provincia no maneja cifras oficiales, ya que nunca se ha llevado a cabo un relevamiento que permita establecer datos certeros. Pero podría aseverarse que el cáncer es una de las principales causas de muerte en distintos puntos de la provincia. (…) También es nula la existencia de informes de índole técnica o científica que permitan establecerlas [las causas].”

Terminal marítima petrolera de Caleta Olivia, desde allí sale la producción de crudo del norte santacruceño. Foto: El Patagónico.

“Si no hay número [registro de pacientes y personas fallecidas por cáncer] no hay estadística, y si no hay estadística no hay política pública sanitaria posible. Yo creo que es abandono de persona”, sentencia Mary Lopez. “La gente se está muriendo, gente muy joven de 25, 30, 35 años, con cáncer, y están cayendo ahora chiquitos. Hay esclerosis múltiple, miastenia gravis, Guillain-Barre, patologías que son EPF, enfermedades poco frecuentes. En la parte norte de Santa Cruz hay esta clase de patologías y no desde hace mucho”, asegura, quien está convencida que todo ello tiene origen en la contaminación producida por la explotación de hidrocarburos. En el mismo sentido se manifiesta el intendente Prades, quien afirma que “en muchos barrios, por manzana, hay un montón de gente” que tiene esa “maldita enfermedad” o que le han tenido que sacar un tumor, o que tiene algún pariente en esa situación. “Por eso hay esa sensación, como que el nivel de enfermos de cáncer o el nivel de tumores malignos en la zona es muy amplio.”

En los fundamentos del proyecto el ex senador Prades se citaban dos resoluciones del Concejo Deliberante de Caleta Olivia, una de diciembre de 2000 y la otra de agosto de 2001, en las que ya se manifestaba la preocupación del legislativo municipal por el “récord de enfermedades cancerígenas”. Incluso a través de una de ellas se solicitaba al Ministerio de Salud santacruceño que elabore “un cuadro estadístico concerniente a la localización de casos de pacientes enfermos de cáncer, en cualquiera de sus variantes en la Ciudad de Caleta Olivia, confrontados con diversas localidades de la Provincia, la Región, el País y, si fuera factible, de distintas ciudades del mundo”.

La convicción de que en la localidad la incidencia de diferentes tipos de cáncer es superior a lo estadísticamente esperado, anida en muchos vecinos y vecinas de Caleta Olivia. Justamente una de las causas de esa extendida convicción es la falta de estadísticas que la confirmen o desmientan. Más de dieciséis años pasaron del pedido realizado por el Concejo Deliberante local al gobierno de Santa Cruz, y ese estudio sigue pendiente.

Foto: La Prensa de Santa Cruz

Sacrificios

En la zona las principales empresas petroleras son YPF, Pan American Energy y Sinopec, enumera Facundo Prades. “Aquí las operadoras son grandes responsables del daño ambiental, incluso en la renegociación de las áreas petroleras hay un canon por el pasivo ambiental que debían remediar o pagar. No lo han pagado ni han empezado a dar cumplimiento a esa normativa”, sostiene el intendente caletense. “Plantar un yuyito o pasar diez metros cúbicos de tierra empetrolada por un horno pirolítico no es remediar ambientalmente el daño que han hecho en estas comunidades. Repartir camisetas para los clubes de futbol, donar escritorios y equipos informáticos viejos a las escuelas, a las entidades intermedias o a los municipios, no es sanear el daño ambiental”, subraya, al tiempo que advierte que resulta problemático, por decirlo de algún modo, cobrarle impuestos municipales a las compañías del sector.

“Hoy por hoy Caleta Olivia es un municipio con casi seis mil quinientos, seis mil setecientos empleados públicos y una actividad hidrocarburífera que no deja prácticamente nada. Pegas una vuelta y vas a ver desbordes cloacales por todos lados, una infraestructura que no se ha modificado en los últimos veinte años, aproximadamente. Infraestructura escolar, para actividades deportivas o culturales, son muy pocas”, detalla Javier Rivarola. Su testimonio es fácilmente verificable con recorrer apenas unas cuadras por la ciudad, las aguas servidas bajan por las calles, buscan el nivel del mar, el mismo mar donde los buques tanques esperan su turno para ser conectados a la monoboya de la terminal marítima petrolera y luego llevarse el crudo que salió de las entrañas del norte santacruceño. “En los últimos quince años, más o menos, Caleta Olivia creció de tener veinte, treinta mil habitantes a tener setenta y cinco mil habitantes, y ese crecimiento no fue planificado”, asegura el periodista de la 90.1. Si bien en los testimonios varían las estimaciones de cuál es la población actual, coinciden en el crecimiento exponencial de ésta y en que la ciudad está desbordada.

“Algunos dicen que esta zona es zona de sacrificio… a veces hay palabras que uno no querría tener que aprender; que aquí lo importante no es la gente que vive, si no los recursos naturales, el petróleo o, medianamente cerca de aquí, la minería. Que no es un lugar para vivir, es un lugar donde se sacrifica la vida o se sacrifica la gente que vive para poder extraer lo que tiene la tierra y lo demás, como se pueda”, sostiene el sacerdote Néstor Zubeldía, que asegura que a partir de las conversaciones con los vecinos y vecinas se fue metiendo en el tema, hasta convertirse en un puntal para quienes luchan por el agua. “Un lugar donde hace tantos años que hay población y una población creciente y no se ha resuelto el tema del agua, da que pensar que realmente se haya declarado zona de sacrificio”, enfatiza.

“Me parece que algunos problemas, concretamente el del agua, aquí es un tema político, porque en los últimos años hubo acceso a muchos recursos, entonces no es un problema económico. Tampoco creo que sea un problema técnico, estamos en una zona donde hay, me animaría a decir, de la mejor tecnología del país, porque suele pasar en lugares donde hay petróleo y minería. Entonces, si el tema no es económico, si el tema no es técnico, porque los recursos de uno u otro modo están o se pueden conseguir. Eso me hace pensar que el problema es claramente político”, afirma el párroco. Al momento de la entrevista Zubeldía estaba al frente de la parroquia salesiana local, lo estuvo hasta fines de enero, momento en que fue trasladado a Bernal, en el conurbano bonaerense. Un hecho que algunos vecinos y vecinas de la localidad adjudican a la influencia de sectores de poder molestos con el compromiso del religioso con las demandas de la comunidad.

Vigilia en el Gorosito por el mes de prevención del cáncer de mama. Foto: El Patagónico

Ambiente y herencia

“En Santa Cruz no va a quedar nadie, en la zona norte tenemos serios problemas de agua por las petroleras, más al sur hay problemas de agua con las mineras. Tenemos problemas de salud, nadie se hace cargo, ni siquiera de una persona que va a atenderse a Comodoro Rivadavia (distante 70 km). Ninguna petrolera dice: ‘¿Hace falta dinero para mandar a tanta cantidad de enfermos a Comodoro a hacerle los estudios?’.” Mary López hace una pausa y deja fluir una palabra tras otra, que parecen chocarse porque están ávidas de salir, de comunicar, de denunciar una situación urgente. “El Estado está ausente, las petroleras se meten en las universidades, le lavan el cerebro a los jóvenes, basta con ver los diarios. Están haciendo lo mismo que [Pablo] Escobar, el narcotraficante [colombiano], hacía con el pueblo, dar dinero, hacer feliz a la gente. Acá la manera de hacer feliz es dándole becas a chicos jóvenes”, afirma. Sus palabras suenan descarnadas, por momentos apocalípticas, es el testimonio de quien sufre en el cuerpo las consecuencias de eso que a nivel institucional no tiene nombre, porque no hay estudios oficiales que lo certifiquen.

“No te van a hacer un helipuerto en Caleta para que la gente que está en estado crítico de salud vaya lo más rápido posible a Comodoro, al aeropuerto, para ir más rápido a la Capital Federal. Hay veces que no tenemos las hojas de placas para las radiografías. No se hacen ciertos estudios [en el Hospital Zonal de Caleta Olivia], hay que ir a Comodoro, y el que está enfermo y está mal, no está como para andar aguantando el traqueteo, encima, de las malas rutas. Estamos muy abandonados”, se lamenta Mary. Hay angustia e indignación en la voz, y da la impresión de que cada minuto que pasa sin respuestas, aumentan.

“Yo amo a Caleta Olivia, pero lamento profundamente esta situación de decadencia total que hemos tenido. Siguen sin reconocer las autoridades el tema de la contaminación”, afirma Graciela Reartes, también jubilada docente, quien como Mary López desde hace varios años lucha por cambiar el estado de las cosas. “Las Heras tiene el agua contaminada, hicieron análisis en laboratorios en Río Negro y les dio que tiene hidrocarburos. [Pico] Truncado también, Koluel Kayke tenía un altísimo porcentaje de cáncer en toda la comunidad. Esta situación en vez de generar una reacción en defensa de la vida y de la salud, genera depresión”, sostiene. La voz se le quiebra, hace una pausa, y agrega: “El hombre es un ser social, no es solo cuerpo, es cuerpo y ambiente, herencia y ambiente; no es herencia o ambiente, son los dos. Nuestro ambiente va eliminando las capacidades intelectuales y de vida de un montón de gente, porque es muy nocivo. Un tumor en la cabeza no se hace solo por algo orgánico, se forma porque hay una cuestión emocional más la cuestión orgánica, que se desata”.

Los testimonios de Mary López y Graciela Reartes transmiten la angustia de quienes tienen la certeza de que las cosas no están nada bien y que el paso del tiempo las agrava. Esa angustia es también urgencia. Mientras tanto, en una ciudad donde el abastecimiento de agua a través de la red no está garantizado, beber el líquido que fluye de las canillas se torna casi una cuestión de fe.

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