Crudo de Keystone XL no será para Estados Unidos

Por Carey L. Biron– Dos informes presentados por grupos ambientalistas y de interés público de Estados Unidos atacan los motivos centrales para construir el polémico oleoducto Keystone XL entre este país y Canadá.

El informe “Cooking the Books: How the State Department Analysis Ignores the True Climate Impact of the Keystone XL Pipeline”, divulgado el martes 16 por ocho prestigiosas organizaciones ambientalistas, sostiene que las autoridades reguladoras de Estados Unidos subestimaron groseramente el impacto ambiental del oleoducto.

La combustión del crudo pesado que transportará el Keystone XL, según el informe, generaría al menos 181 millones de toneladas de dióxido de carbono por año, equivalentes a las emisiones de casi 38 millones de automóviles o 51 centrales a carbón.

Entre 2015 y 2050, dice el estudio, se habrán generado 6.340 millones de toneladas de dióxido de carbono, por encima de todas las emisiones de Estados Unidos en 2011.

El oleoducto transportará bitumen diluido, una forma particularmente sucia y corrosiva de crudo de las arenas alquitranadas de Alberta, en el oeste de Canadá, hasta refinerías ubicadas en Estados Unidos, sobre la costa del Golfo de México.

Como atravesará fronteras internacionales, la obra requiere la aprobación del Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos y que el presidente Barack Obama la declare de interés nacional.

A comienzos de marzo, el Departamento de Estado divulgó una propuesta de evaluación complementaria de impacto ambiental (conocida como SEIS, por sus siglas en inglés), que supone una cauta aprobación del proyecto.

El documento indica que el oleoducto “probablemente no causará efectos ambientales adversos de significación” y que las arenas alquitranadas se extraerán de todos modos, se apruebe o no el oleoducto.

En realidad, se trata de un sistema de cuatro oleoductos, dos ya terminados (Keystone Pipeline), otro en construcción y el cuarto y más polémico (Keystone XL) pendiente de aprobación.

Mientras la SEIS sigue abierta a comentarios públicos, quienes se oponen al proyecto han podido profundizar en su estudio y en el de los argumentos a favor del oleoducto.

El jueves 18, el Departamento de Estado celebró la que podría ser la última audiencia pública, en Grand Island, Nebraska, uno de los varios estados por los que pasará el tendido. Cientos de personas desafiaron una tormenta de nieve para asistir. Por cada una que se manifestó a favor, había una docena en contra.

“A la cabeza de una larga lista de problemas (de la SEIS) está la simple afirmación de que Keystone XL no tendrá ningún impacto en el cambio climático… según la creencia de que esas emisiones serán liberadas independientemente de que se construya el oleoducto. Esto es incorrecto”, dijo el martes 16 a la prensa Steve Kretzmann, principal autor del nuevo informe y director ejecutivo de Oil Change International.

“Además, que se queme ese petróleo o no es otro asunto… El Departamento de Estado debe evaluar el impacto climático de este proyecto, observando si Keystone XL sobrevivirá a las políticas nacionales para limitar el calentamiento global a dos grados, que es el objetivo declarado de este país, y nosotros creemos que no lo hará”, agregó.

Desde que la empresa canadiense TransCanada presentó en 2008 la propuesta para construir Keystone XL, los científicos han perfeccionado su comprensión de lo que hoy se llama “presupuesto de carbono” del mundo: la cantidad de reservas de hidrocarburos que pueden quemarse sin comprometer un aumento de la temperatura global no mayor a dos grados para fines de este siglo.

Según el informe “Perspectivas de la energía en el mundo 2012”, presentado en noviembre por la Agencia Internacional de Energía (AIE), es necesario mantener bajo tierra dos tercios de las reservas probadas de hidrocarburos para evitar superar ese umbral de dos grados. Los climatólogos van más lejos y afirman que no se deben explotar hasta cuatro quintos de esos recursos.

El Departamento de Estado está usando proyecciones que prevén mantener como hasta ahora la demanda de petróleo en Estados Unidos, dijo Kretzmann.

“Ahora sabemos que esas proyecciones conducen a un cambio de entre cuatro y seis grados, y eso es un desastre climático. Lo que deberíamos estar midiendo son proyecciones que tengan en cuenta los intentos de mantener la demanda debajo de los dos grados. Pero eso no es lo que ha hecho el Departamento de Estado”, planteó.

La cancillería se muestra hermética mientras concluye la fase de socialización de la SEIS. Una de sus funcionarias, Kerri-Ann Jones, dijo en Nebraska que ya se habían recibido 800.000 comentarios públicos.

Nuevos análisis sugieren que el proyecto puede tener un efecto mayor que el esperado sobre una cuestión nacional delicada: el precio del gas y de la energía en general.

Los proponentes del oleoducto sostienen que fortalecerá la seguridad energética del país y ayudará a bajar los precios.

Pero el tendido del tramo Keystone XL muestra “claramente que se trata de transportar ese petróleo al mercado mundial, no al estadounidense”, dijo a Tierramérica el director del Programa de Energía de la organización Public Citizen, Tyson Slocum.

La propia TransCanada admite que la capacidad actual del tendido ya es adecuada para abastecer de petróleo al mercado de Estados Unidos, agregó.

“Hemos visto que los precios del (petróleo) en el oeste de Canadá se han mantenido bajos a causa de la naturaleza mediterránea de la zona. No hay duda de que cualquier inversión para llevar ese crudo u otro producto refinado a un mercado internacional presionará los precios al alza. Es obvio que tal cosa no reduce el costo para los consumidores”, sostuvo.

El lunes 15, Slocum divulgó el reporte “America Can’t Afford the Keystone Pipeline” (Estados Unidos no puede pagar el oleoducto Keystone), donde se señalan las inversiones significativas que están haciendo en las arenas de Alberta empresas estatales chinas, sobre las cuales casi no se ha informado en este país.

“China es el mayor inversor extranjero en las arenas alquitranadas de Canadá, con 52 por ciento de todas las inversiones internacionales realizadas allí desde 2003”, señala el informe, citando al banco HSBC.

“Las últimas inversiones de seis entidades controladas por el gobierno de China generarán derechos sobre casi 1,1 millones de barriles diarios de las arenas para 2020”, añade el texto.

China tiene todo el derecho de llevar a cabo esas inversiones, pero ellas no implican ningún avance para la seguridad energética de Estados Unidos, agregó Slocum.

Cuando finalice el período de 45 días para presentar comentarios públicos a la SEIS, el Departamento de Estado presentará su informe final, y quedará en manos de Obama la decisión de emitir o no la declaración de interés nacional. Aunque no hay plazos, algunos estiman que el presidente podría pronunciarse en agosto.

IPS