Quién gana y quién pierde en el sector petrolero con la devaluación

Cómo impacta la apreciación del dólar en la economía de los productores de hidrocarburos

La brusca desvalorización de la moneda impactó de forma distinta entre los jugadores del upstream. Los productores de crudo aspiran a reducir costos en pesos con la ventaja de que el barril se sigue valorizando en dólares. Las empresas gasíferas están más complicadas, porque los usuarios residenciales pagan tarifas en pesos.

A contramano del ritmo inercial y hasta bucólico que suele tener la industria petrolera en el mes de enero, época de vacaciones para los altos ejecutivos, este año el sector se vio inmerso –no por su propia voluntad, claro– en un tobogán de marchas y contramarchas que se dispararon tras la brusca devaluación de la moneda durante el primer mes de 2014. Cuando las productoras se ilusionaban con poder licuar parte sus costos operativos a partir de la desvalorización del peso –uno de los aspectos sobre los que deberán trabajar las empresas para viabilizar la explotación rentable de los campos no convencionales–, el Gobierno amagó con establecer un tipo de cambio diferencial para la comercialización interna del crudo. La creación de un dólar “petrolero” –que en los hechos implicaba pesificar el mercado hidrocarburífero, una pésima señal para los inversores internacionales– desembocó en una ardua ronda de negociaciones entre todos los actores de la cadena de valor del crudo con funcionarios nacionales para desactivar la idea pergeñada por el ministro de Economía, Axel Kicillof; algo que finalmente ocurrió.
En reemplazo del dólar “petrolero”, productoras y refinadoras consensuaron con la Casa Rosada –con el aval de las provincias productoras y los sindicatos– un sendero de precios interno para el hidrocarburo, que para febrero prevé una baja del 14% con relación a los números de diciembre, pero que en los próximos tres meses promete recuperar los valores de fines de 2013. “El dólar ‘petrolero’ (la idea de Kicillof era fijar un tipo de cambio de $ 6,88 para las operaciones de febrero) atentaba contra lo que necesita el país, que es la llegada de inversiones”, advirtió Guillermo Pereyra, líder del poderoso Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Neuquén, el más populoso de la Argentina.
En la misma línea se pronunció Guillermo Coco, ministro de Energía de la provincia patagónica y mano derecha de Jorge Sapag, que frente a esta coyuntura dejó de lado sus diferencias con el sindicalista en el seno del Movimiento Popular Neuquino (MPN). “Era una decisión profundamente equivocada que nos alejaba del autoabastecimiento y deterioraba el clima de negocios”, indicó el funcionario a Revista Petroquímica, Petróleo, Gas & Química.
La baja temporal del precio del crudo –que seguirá cotizando al tipo de cambio oficial– busca evitar un salto violento de los precios de las naftas y gasoil en surtidores. Fue una solución avalada por la industria, que la interpretó como el mal menor. Ahora bien, el escenario resultante genera efectos diversos sobre los distintos actores de la industria. ¿Quiénes son los beneficiados? ¿Y cuáles los que sufrirán un impacto negativo?


Las petroleras, a resguardo

Si bien durante el primer cuatrimestre del año los productores de crudo accedieron a reducir temporalmente el precio interno del petróleo, lo que en la práctica las obligará a absorber parte de la devaluación de la moneda y a negociar con sus proveedores las tarifas de los servicios en pos de preservar su renta, quedaron mejor paradas para lo que viene.
Si se cumple lo acordado con el Gobierno, en mayo los productores volverán a cobrar el precio pleno de crudo que recibían a fines de diciembre. A saber: u$s 83 para el Medanito y u$s 73 para el Escalante y Cañadón Seco, los dos principales tipos de crudo que se extraen en el país. Es decir, antes de mitad de año podrán reducir sus costos medidos en pesos –siempre y cuando cierren una negociación razonable en paritarias con los sindicatos–, como resultado de la devaluación de la moneda.
Es uno de los objetivos de las empresas después del fuerte encarecimiento del costo laboral en los últimos cinco años. “El salario petrolero –medido en dólares– se duplicó desde 2006 hasta la fecha, ya que los sueldos crecieron mucho más que lo que se apreció el dólar desde 2007 hasta 2012”, explicó un alto ejecutivo del sector. “Este reacomodamiento quizás permita recuperar parte de la competitividad perdida en los últimos años”, agregó.

Gasíferas, complicadas

Si los grandes productores de petróleo –entre los que figuran Pan American Energy (PAE), Sinopec, Chevron y Tecpetrol– disponen de mayor margen de maniobra frente a la devaluación, las empresas que inyectan una oferta eminentemente gasífera están más complicadas. Su realidad es otra: a diferencia de las compañías petrolíferas, su renta no está completamente dolarizada. Al contrario: buena parte de sus clientes gozan de tarifas en pesos, por lo que sus ingresos medidos en moneda extranjera se verán reducidos.
De los tradicionales clientes de los productores gasíferos, los usuarios residenciales –que en el invierno consumen hasta un 40% de la oferta del fluido– pagan una tarifa en pesos, que al tipo de cambio promedio de 2013 ($ 5,40) equivalía a una media de u$s 0,60 por millón de BTU, pero que a partir de la devaluación de enero pasó a rondar los u$s 0,40. Lo mismo sucede con el monto que las estaciones de servicio abonan por el gas que se utiliza como combustible vehicular. Cada productor recibe $ 0,50 por cada metro cúbico de GNC. En el primer semestre del año pasado –cuando el entonces viceministro de Economía, Axel Kicillof, acordó ese precio con las petroleras– equivalía a recibir u$s 3 por millón de BTU. Con la devaluación de este mes, el precio actual no supera los u$s 1,70.
El resto de los actores de la demanda gasífera –industria, usinas eléctricas y programas de incentivos– están dolarizados, aunque con algunas salvedades de peso. En la industria afirman que el precio medio –ponderado en función de todos los segmentos– oscila entre los u$s 2,70 y u$s 3,40, muy lejos del precio de importación de LNG (u$s 16/18) y de gas desde Bolivia (u$s 12).
La tarifa de los grandes usuarios –por lo general expresada en la divisa norteamericana– oscila entre los u$s 3 y los u$s 6. Sin embargo, los productores temen que, a partir de la devaluación del tipo de cambio, las industrias busquen acordar una baja del precio que figura en los contratos. Por lo pronto, la desvalorización del peso ya provocó que se truncara la intención de las petroleras de remarcar el importe del gas que pagan los grandes usuarios. “En noviembre y diciembre, la idea era negociar un suba del 15% ó 20% del precio, pero frente a este escenario las tratativas quedaron en stand by”, reconoció a este medio el gerente comercial del sector.

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